{"id":1287,"date":"2019-03-31T12:16:48","date_gmt":"2019-03-31T12:16:48","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost\/spanishclassicbooks\/?p=1287"},"modified":"2019-11-28T19:47:49","modified_gmt":"2019-11-28T19:47:49","slug":"final-don-quijote-espejo-de-la-nacion-espanola","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/final-don-quijote-espejo-de-la-nacion-espanola\/","title":{"rendered":"Final &#8211; Don Quijote, espejo de la Naci\u00f3n Espa\u00f1ola"},"content":{"rendered":"\n<p>Dado el indudable inter\u00e9s de este libro del profesor&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.fgbueno.es\/ing\/gbm.htm\">Gustavo Bueno<\/a>&nbsp;(<em>Espa\u00f1a no es un mito<\/em>. Madrid: Temas de Hoy, 2005) que se encuentra actualmente descatalogado, proseguimos la edici\u00f3n digital de esta obra, con el \u00faltimo cap\u00edtulo que lleva por t\u00edtulo:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DON QUIJOTE, ESPEJO DE LA NACI\u00d3N ESPA\u00d1OLA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Contra la interpretaci\u00f3n de Don Quijote como s\u00edmbolo&nbsp;de la solidaridad universal, de la tolerancia y de la paz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1o 2005. Se celebra en toda Espa\u00f1a el cuarto centenario de la publicaci\u00f3n de&nbsp;<em>Don Quijote<\/em> (cuya impresi\u00f3n ya estaba terminada en diciembre de 1604). Y esto corrobora, evidentemente, la tesis que hemos mantenido en el cuerpo de este libro, acerca del car\u00e1cter transparente, a la cultura espa\u00f1ola, de todas las regiones y \u00abculturas\u00bb de Espa\u00f1a. Centenares de conferencias, pronunciadas en todas las ciudades y capitales de las autonom\u00edas, \u00abhist\u00f3ricas\u00bb o \u00absin historia\u00bb, concursos, nuevas ediciones, lecturas p\u00fablicas (colectivas o individuales), exposiciones, talleres e interpretaciones de toda \u00edndole: psiqui\u00e1tricas (Cervantes habr\u00eda descrito admirablemente el \u00abs\u00edndrome de Capgras\u00bb), \u00e9ticas (Don Quijote es la fortaleza y la generosidad), morales (Don Quijote simboliza, en la \u00e9poca moderna, las virtudes del estamento caballeresco de la \u00e9poca feudal), o bien s\u00edmbolo de valores estrictamente literarios (la novela moderna), o de valores con implicaciones pol\u00edticas (\u00bfvalores europeos?) o, m\u00e1s a\u00fan, valores universales, que convierten a Don Quijote en un s\u00edmbolo del Hombre, de los Derechos Humanos, de la Tolerancia y de la Paz: \u00abDon Quijote es patrimonio de la Humanidad.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>A las interpretaciones pol\u00edticas de Don Quijote pacifista y tolerante se han adherido especialmente las autoridades, a la saz\u00f3n socialistas, del \u00ablugar\u00bb en el que vivi\u00f3 Alonso Quijano, el \u00abCaballero de la Mancha\u00bb, como se le llama. A saber, un lugar transformado en Comunidad aut\u00f3noma, denominada Castilla-La Mancha, con capacidad legal para promulgar una Ley 16\/2002 \u00abdel IV centenario de la publicaci\u00f3n de&nbsp;<em>El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha<\/em>\u00bb, en la que, considerando que \u00abDon Quijote es un s\u00edmbolo de la humanidad y un mito cultural que la Mancha siente honrosamente como suyo\u00bb, busca crear una \u00abRed de Solidaridad que, apoy\u00e1ndose en el valor de una lengua com\u00fan, trabaje en la consecuci\u00f3n de la igualdad y el desarrollo de todos los pueblos, fundamentalmente a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n y la cultura\u00bb, para contribuir al \u00abdesarrollo social, cultural y econ\u00f3mico de Castilla-La Mancha (&#8230;) a fin de fomentar y difundir los valores universales de justicia, libertad y solidaridad que el Quijote simboliza\u00bb (art\u00edculo 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Bono, presidente de la comunidad aut\u00f3noma de Castilla-La Mancha al promulgarse esta Ley, fue nombrado, despu\u00e9s del 11-M, Ministro de Defensa. Un r\u00f3tulo que traduce, en las democracias de ideolog\u00eda pacifista, los r\u00f3tulos de los antiguos Ministerios de la Guerra, aunque el Ministro de Defensa actual y los Ministros de la Guerra no democr\u00e1ticos, entendieran de las mismas cosas: ca\u00f1ones, misiles, acorazados, helic\u00f3pteros y, en general, en la sociedad industrial, armas de fuego (en modo alguno, lanzas, espadas y yelmos de Mambrino). Su pacifismo, tan poco quijotesco, le ha llevado a pedir en este 2005 que se retire la palabra \u00abguerra\u00bb de la Constituci\u00f3n espa\u00f1ola de 1978: no ha llegado a pedir la disoluci\u00f3n del Ej\u00e9rcito, si bien, acaso para justificar la intervenci\u00f3n del Ej\u00e9rcito espa\u00f1ol en Afganist\u00e1n, parece que el gobierno socialista pretende, despu\u00e9s de la retirada de las tropas del Irak, transformarlo en una especie de Cuerpo de Bomberos sin Fronteras dispuesto a ir a Afganist\u00e1n para vigilar los incendios que puedan producirse casualmente en el periodo electoral de esa nueva proyectada democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, no tenemos por qu\u00e9 entrar aqu\u00ed en el debate sobre el alcance pol\u00edtico que puedan tener los proyectos de justicia, paz perpetua, di\u00e1logo, tolerancia y solidaridad de los gobiernos democr\u00e1ticos fundamentalistas que conmemoran a Don Quijote y lo representan a su imagen y semejanza. Pero s\u00ed nos parece necesario concluir que si pretenden seguir manteniendo su pacifismo y solidaridad universal, tendr\u00e1n que retirar la \u00abdevoci\u00f3n\u00bb a Don Quijote. Porque Don Quijote no puede en modo alguno tomarse como s\u00edmbolo de solidaridad, paz y tolerancia. Que sigan con su pol\u00edtica pacifista y antimilitarista, pero que no utilicen el nombre de Don Quijote en vano y en falso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si Don Quijote es s\u00edmbolo de algo, no lo es de la \u00absolidaridad universal\u00bb, ni de la \u00abtolerancia\u00bb. \u00bfQu\u00e9 solidaridad mantuvo Don Quijote con los guardias que llevaban encadenados a los galeotes? Su solidaridad con los galeotes no puede ser llamada universal, por cuanto implicaba la insolidaridad con los guardias. Si Don Quijote es s\u00edmbolo de algo, lo es de las armas y de la intolerancia. Ni siquiera tolera Don Quijote que, en su presencia, Maese Pedro represente con sus t\u00edteres una historia, la de Melisendra, que est\u00e1 a punto de ser capturada por un rey moro: como esto es inadmisible, Don Quijote saca su espada, la emprende a mandobles con el teatrillo y destruye \u00abtoda la hacienda\u00bb del titiritero. \u00bfY qui\u00e9n concibe a Don Quijote desarmado? En el \u00faltimo cap\u00edtulo, es cierto, Don Quijote \u00abcuelga sus armas\u00bb, a la manera como el fraile \u00abcuelga sus h\u00e1bitos\u00bb; pero mientras que para el cura o el fraile colgar los h\u00e1bitos suele significar el renacimiento hacia una nueva vida, en la que su barragana quedar\u00e1 elevada a la condici\u00f3n de esposa, para Don Quijote, colgar las armas significa el paso que le conduce inmediatamente a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Don Quijote no es s\u00edmbolo autog\u00f3rico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Don Quijote es un s\u00edmbolo o, por lo menos, puede ser interpretado como s\u00edmbolo, al menos si admitimos la discutible distinci\u00f3n (procedente de Schelling) entre s\u00edmbolos autog\u00f3ricos y s\u00edmbolos aleg\u00f3ricos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los s\u00edmbolos autog\u00f3ricos son los que \u00abse representan a s\u00ed mismos\u00bb y Don Quijote ha sido representado, y a\u00fan sigue si\u00e9ndolo muchas veces, a\u00fan sin llamarlo as\u00ed, como un s\u00edmbolo autog\u00f3rico de su propia figura imaginaria. Como s\u00edmbolo autog\u00f3rico, o conjunto de s\u00edmbolos autog\u00f3ricos, interpretan el Quijote quienes lo ven como una obra estrictamente literaria, \u00abinmanente\u00bb, sin m\u00e1s referencias que sus propias figuras imaginarias. Figuras imaginarias que se agotar\u00edan poblando un \u00abimaginario\u00bb social. Pero ese \u00abimaginario\u00bb no est\u00e1 constituido por representaciones e \u00abim\u00e1genes mentales\u00bb (que son los contenidos de esas \u00abmentalidades\u00bb estudiadas por los \u00abhistoriadores marxistas\u00bb que se acogieron hace unos a\u00f1os a la llamada&nbsp;<em>Historia de las mentalidades<\/em>) sino por \u00abim\u00e1genes reales\u00bb, f\u00edsicas, por ejemplo las que dibujaron ya en los siglos XVII y XVIII, Antonio Carnicero, Jos\u00e9 del Castillo, Bernardo Barranco, Jos\u00e9 Brunete, Ger\u00f3nimo Gil, Gregorio Ferro; o en el XIX, Jos\u00e9 Moreno Carbonero, Ram\u00f3n Puiggar\u00ed, Gustavo Dor\u00e9, Ricardo Balaca o Luis Pellicer; y en el XX Daniel Urrabieta Vierge, Joaqu\u00edn Vaquero, Dal\u00ed o Saura, por no contar tambi\u00e9n a los innumerables dibujos de los Quijotes para adultos o para ni\u00f1os, comics, pel\u00edculas, representaciones teatrales.<\/p>\n\n\n\n<p>Ampliando discretamente el campo de la \u00abinmanencia literaria autog\u00f3rica\u00bb, cabr\u00eda citar tambi\u00e9n, dentro de este campo de los s\u00edmbolos autog\u00f3ricos, a las habituales interpretaciones del Quijote como obra literaria dirigida contra otras obras literarias, los libros de caballer\u00edas. Es decir, contra los caballeros andantes de papel, y no contra los caballeros reales, como pudieron serlo Hern\u00e1n Cort\u00e9s, o Don Juan de Austria, bajo cuyas banderas milit\u00f3 el propio Cervantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Interpretaciones \u00abautog\u00f3ricas\u00bb que podr\u00edan apoyarse en las palabras que el ventero dirige contra el cura (I, 32), cuando arremete contra esos libros mentirosos, llenos de disparates y devaneos, que matan el inter\u00e9s por los relatos de h\u00e9roes hist\u00f3ricos reales, tales como Gonzalo Hern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba o como Diego Garc\u00eda de Paredes: \u00ab\u00a1Dos higas para el Gran Capit\u00e1n y para ese Diego Garc\u00eda que dice!\u00bb, exclama el ventero, por cuya boca creen algunos que est\u00e1 hablando el propio Cervantes.<\/p>\n\n\n\n<p>No negamos sentido a estas interpretaciones literarias (inmanentes) del&nbsp;<em>Quijote<\/em>; lo que s\u00ed ponemos en tela de juicio es la legitimidad de considerar como s\u00edmbolos a los s\u00edmbolos autog\u00f3ricos que, a lo sumo, constituyen un caso l\u00edmite de la Idea de s\u00edmbolo, l\u00edmite en el que el s\u00edmbolo cesa de serlo, como cesa de ser causa la&nbsp;<em>causa sui.<\/em> Porque un s\u00edmbolo, en cuanto figura alot\u00e9tica, dice precisamente relaci\u00f3n a&nbsp;<em>referencias<\/em> distintas del propio cuerpo del s\u00edmbolo. Y ello porque las referencias del s\u00edmbolo han de ser tambi\u00e9n corp\u00f3reas: cada parte del anillo fragmentado que se entrega a cada part\u00edcipe principal de la ceremonia, es s\u00edmbolo de la otra parte; el&nbsp;<em>Credo<\/em> es \u00abS\u00edmbolo de la Fe\u00bb porque cada grupo de fieles que recitan vers\u00edculos suyos, remite a los fieles que recitan los sucesivos, y de este modo la comunidad de los fieles configura una comunidad viviente, que es una parte real de la Iglesia militante.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde luego Don Quijote no es un s\u00edmbolo autog\u00f3rico, en el sentido m\u00e1s literal en el que, seg\u00fan Clar\u00edn, era, para el Magistral de Pas el vers\u00edculo \u00aby el verbo se hizo carne\u00bb. \u00ab\u00bfCre\u00eda don Ferm\u00edn en este vers\u00edculo?\u00bb En rigor, en lo que don Ferm\u00edn cre\u00eda (dec\u00eda Clar\u00edn) era en las letras rojas que estaban escritas en un tablero dispuesto en el altar y que dec\u00edan: \u00abEt verbum caro factum est.\u00bb Las figuras, interpretadas como s\u00edmbolos estrictos, aleg\u00f3ricos, nos remiten a referencias extraliterarias, a figuras reales, a figuras de la historia civil, pol\u00edtica o social.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Don Quijote, \u00bfes una historia cl\u00ednica?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En esta l\u00ednea, suponen algunos int\u00e9rpretes que en la figura de Alonso Quijano, Cervantes querr\u00eda haber representado alg\u00fan individuo real, que \u00e9l pudo conocer directamente, o a trav\u00e9s de alg\u00fan amigo o escritor.<\/p>\n\n\n\n<p>La referencia real de Don Quijote, seg\u00fan esto, ser\u00eda Alonso Quijano, es decir, alg\u00fan individuo de carne y hueso, pero afectado de un tipo espec\u00edfico de locura que Cervantes pudo conocer e \u00abidentificar\u00bb intuitivamente, sin ser m\u00e9dico o psiquiatra. Men\u00e9ndez Pidal descubri\u00f3, en 1943, la figura de Bartolo, del sainete de&nbsp;<em>Entremeses de los Romances<\/em>; Bartolo era un pobre labrador que enloqueci\u00f3 de tanto leer el Romancero, y en quien Cervantes pudo haberse inspirado. Se cita tambi\u00e9n a don Rodrigo Pacheco, un marqu\u00e9s de Argamasilla de Alba, que enloqueci\u00f3 leyendo libros de caballer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Los psiquiatras han tendido, como es natural, a interpretar a Don Quijote desde las categor\u00edas propias de su oficio. Desde el doctor Esquirol, en el siglo XIX, que interpret\u00f3 a Don Quijote como un modelo de \u00abmonoman\u00eda\u00bb \u2013\u00e9l fue el inventor de este t\u00e9rmino\u2013 hasta el doctor Francisco Alonso-Fern\u00e1ndez, que acaba de publicar una interpretaci\u00f3n de&nbsp;<em>Don Quijote<\/em> seg\u00fan la cual \u00e9sta obra podr\u00eda considerarse como una suerte de \u00abhistoria cl\u00ednica\u00bb de un sujeto afectado de un s\u00edndrome que Cervantes habr\u00eda logrado establecer, ajust\u00e1ndose asombrosamente al s\u00edndrome que hoy es identificado como \u00abautometamorfosis delirante\u00bb. Un s\u00edndrome emparentado con los s\u00edndromes delirantes de Capgras, Fr\u00e9goli y otros. En consecuencia, propone se considere como aut\u00e9ntico protagonista de la novela, no tanto a Don Quijote, sino a Alonso Quijano. En efecto (argumenta), fue Alonso Quijano quien padeci\u00f3 el s\u00edndrome delirante de identificaci\u00f3n con un imaginario Don Quijote, que s\u00f3lo existi\u00f3 en su mente; es Alonso Quijano quien logra curarse de su locura, gracias a las atenciones del bachiller Carrasco, del cura y del barbero, y a \u00abuna calentura que le tuvo seis d\u00edas en la cama\u00bb (II, 74). Alonso-Fern\u00e1ndez subraya c\u00f3mo este incidente no pas\u00f3 desapercibido \u00abal perspicaz ojo cl\u00ednico del eximio doctor Miguel de Cervantes Saavedra\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que agradecer al doctor Alonso, gran amigo m\u00edo, su demostraci\u00f3n de que Alonso Quijano padeci\u00f3 un s\u00edndrome que Cervantes logr\u00f3 describir con asombrosa puntualidad; lo que s\u00f3lo se explicar\u00eda si admitimos que Cervantes hab\u00eda conocido y diferenciado casos espec\u00edficos de locura (como tambi\u00e9n habr\u00eda conocido y descrito la locura del licenciado Vidriera). Y en todo caso, ni Don Quijote ni Vidriera son puras \u00abcreaciones literarias\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, \u00bfquiere esto decir que Cervantes se propuso como objetivo literario la \u00abdescripci\u00f3n cl\u00ednica\u00bb de un tipo de delirio espec\u00edfico?<\/p>\n\n\n\n<p>No necesariamente, si es que Cervantes estaba utilizando o aprovechando su descripci\u00f3n de un tipo de locura real como s\u00edmbolo de otra referencia, a saber, acaso, la realidad de unas gentes de Espa\u00f1a (no de Espa\u00f1a misma, como muchos dicen) en la que los hombres, seg\u00fan muchos, hab\u00edan enloquecido, porque iban a Am\u00e9rica, dicen algunos, o porque dejaban de ir (decimos otros). Porque iban a Am\u00e9rica en busca de El Dorado, o porque all\u00ed, evocando un libro de caballer\u00edas (<em>Las Sergas de Esplandi\u00e1n<\/em>) daban el nombre de California a un imaginario reino de las amazonas; o, en su momento, daban el nombre de Patagonia a las tierras en las que viv\u00edan hombres que les recordaban las tribus de salvajes monstruosos descritas en la novela de caballer\u00edas,&nbsp;<em>El Primale\u00f3n.<\/em> M\u00e1s a\u00fan: cabr\u00eda extender el simbolismo de la locura de Don Quijote a lugares que habr\u00eda que buscar en Espa\u00f1a, y no en Am\u00e9rica, en Italia o en Flandes, en cualquiera de los lugares de la Mancha o de cualquier otra parte de Espa\u00f1a o Portugal en la que los fieles cristianos, en las iglesias, en las transformaciones del pan y del vino eucar\u00edstico, ve\u00edan la carne y la sangre de Jesucristo. Cuando Don Quijote, al acuchillar los cueros de la venta, cree ver sangre derramada donde s\u00f3lo hay vino, \u00bfno est\u00e1 intentando describir un g\u00e9nero de delirio similar al de quien, tras las palabras de la consagraci\u00f3n, se dispone a beber del c\u00e1liz un vino que se ha transformado en sangre?<\/p>\n\n\n\n<p>Una cosa es que Don Quijote despliegue una serie de delirios que, lejos de ser meramente literarios, tengan una consistencia cl\u00ednica (lo que ya nos obligar\u00eda a considerar a Don Quijote como una figura no autog\u00f3rica, sino alot\u00e9tica) y otra cosa es que Cervantes se hubiera propuesto hacer (<em>finis operantis<\/em>) y, sobre todo, hubiera hecho (<em>finis operis<\/em>) la descripci\u00f3n anticipada de un s\u00edndrome delirante, padecido por un tal Alonso Quijano. Porque, \u00bfacaso Alonso Quijano no es \u00e9l mismo una figura literaria? Sobre todo, \u00bfacaso no es el propio delirio sistematizado de Don Quijote aquello que es utilizado por Cervantes como s\u00edmbolo de otras figuras reales, que precisamente no se consideraron v\u00edctimas de s\u00edndromes de Capgras o de Fr\u00e9goli? \u00bfY acaso las propias calenturas de los \u00faltimos d\u00edas de Don Quijote, sin perjuicio de haber sido recogidas por el ojo cl\u00ednico de Cervantes, no pueden simbolizar tambi\u00e9n las calenturas de Espa\u00f1a en unos a\u00f1os de profunda crisis?<\/p>\n\n\n\n<p>Los delirios de Don Quijote, interpretados como s\u00edmbolos aleg\u00f3ricos, tendr\u00e1n como referencia, no a \u00ablocos de atar\u00bb, que el psiquiatra ve en el hospital o en su consulta, sino precisamente a figuras hist\u00f3ricas reales, que acaso pasan por ser figuras extraordinarias y a\u00fan heroicas. Otra cosa es identificar esas figuras y determinar el alcance que pueda tener la utilizaci\u00f3n, por Cervantes, de s\u00edntomas delirantes, como s\u00edmbolos de ellos mismos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El individuo y la pareja de individuos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, una figura humana, como sin duda lo es la figura de Don Quijote, nunca existe en solitario: una persona implica siempre a otras personas que se involucran las unas a las otras en coexistencia pac\u00edfica o b\u00e9lica. De otro modo: el individuo, en cuanto existente, es un sinsentido, es una entidad metaf\u00edsica y, por tanto, es ya simple metaf\u00edsica el intento de interpretar a Don Quijote como s\u00edmbolo de alg\u00fan individuo aislado, ya est\u00e9 cuerdo, ya est\u00e9 loco. Un individuo, por s\u00ed mismo, no puede existir, porque existir es co-existir.<\/p>\n\n\n\n<p>El individuo ni siquiera existe como tal cuando alcanza la condici\u00f3n de Rey o de Emperador. Por ello, la c\u00e9lebre clasificaci\u00f3n de las sociedades pol\u00edticas, de Arist\u00f3teles, en los tres g\u00e9neros consabidos: monarqu\u00edas, aristocracias y rep\u00fablicas, ha de considerarse como una clasificaci\u00f3n propia de una ciencia pol\u00edtica-ficci\u00f3n, sin perjuicio de que siga siendo nuestra referencia actual. No pueden distinguirse las monarqu\u00edas de las aristocracias o de las rep\u00fablicas seg\u00fan el criterio aristot\u00e9lico: o bien manda uno, o varios, o todos (o la \u00abmayor\u00eda\u00bb). Y esto por la sencilla raz\u00f3n de que \u00abuno\u00bb no puede mandar, porque no puede existir en cuanto tal \u00abuno\u00bb: el Rey m\u00e1s absoluto no manda solo, sino como cabeza de un grupo.<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00ednimo num\u00e9rico de las personas coexistentes es el de dos; y acaso por ello alcanza un grado casi m\u00e1ximo de consenso universal la interpretaci\u00f3n de las relaciones humanas desde el esquema dualista de las parejas (en especial de las parejas constituidas por individuos opuestos, ya sea seg\u00fan el g\u00e9nero gramatical \u2013masculino o femenino\u2013 ya sea seg\u00fan otros criterios de oposici\u00f3n: alto\/bajo, tonto\/listo, viejo\/joven, gordo\/flaco). Las personas, seg\u00fan esto, jam\u00e1s estar\u00e1n solas, sino emparejadas, y seg\u00fan pares de individuos que habr\u00e1n de oponerse entre s\u00ed por diferentes y opuestos tipos de atributos. Y si los elementos de una pareja se consideran \u00abiguales\u00bb, la oposici\u00f3n entre ellos surgir\u00eda de su propia coexistencia, como ocurre por ejemplo con las situaciones enantiomorfas, en las que aparecen opuestas figuras iguales pero incongruentes, como ocurre con la incongruencia entre dos manos iguales pero de sentido opuesto (derecha e izquierda). Ad\u00e1n y Eva es el prototipo de una primera pareja, con oposici\u00f3n de g\u00e9nero, pero acompa\u00f1ada de un cortejo variado de otros pares de oposiciones. Los di\u00f3scuros (Castor y Polux) fueron vistos, en la batalla del lago Regilo, montando en sus caballos blancos y luchando entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el esquema dualista de la coexistencia, Don Quijote se ha considerado desde siempre asociado o involucrado con Sancho. El par \u00abDon Quijote y Sancho\u00bb, y las oposiciones m\u00e1s peculiares de atributos que entre ellos se establecen (se\u00f1or\/vasallo, caballero\/escudero, alto\/bajo, delgado\/gordo, idealista\/realista&#8230;) se considerar\u00e1 muchas veces reproducida en otras famosas parejas literarias, desde el par Sherlock Holmes\/Watson, hasta el par Asterix\/Obelix (que rompe alguna de las oposiciones de atributos consideradas como caracter\u00edsticas, como la oposici\u00f3n leptosom\u00e1tico \u2013alto, delgado\u2013 \/ p\u00edcnico \u2013bajo, grueso\u2013).<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, hay razones muy serias para concluir que los esquemas dualistas son s\u00f3lo un fragmento de estructuras m\u00e1s complejas. Ad\u00e1n y Eva, por ejemplo, es s\u00f3lo un fragmento de la sociedad formada por ambos con sus hijos, Abel, Ca\u00edn y Set. Don Quijote y Sancho suelen ser concebidos en funci\u00f3n de oposiciones abstractas, tales como idealismo\/realismo, o ut\u00f3pico\/pragm\u00e1tico. Pero estas oposiciones fracasan en seguida: pues suponen que el \u00abidealismo\u00bb es una suerte de disposici\u00f3n personal orientada a trascender el horizonte inmediato de la prosa de la vida, impulsando a las personas hacia el altruismo o la gloria, entonces Sancho no se opone a Don Quijote, porque tambi\u00e9n Sancho, desde el principio (y no en la Segunda parte, como se dice) est\u00e1 quijotizado, y acompa\u00f1a a Don Quijote aventur\u00e1ndose en toda clase de peligros, y no s\u00f3lo para adquirir riquezas (lo que ya ser\u00eda suficiente, puesto que quien quiere adquirir riquezas poniendo su vida en peligro ya no es un idealista pragm\u00e1tico, en el sentido convencional), sino para elevar a un rango social superior a su mujer Teresa Cascajo. Sancho no es el tipo de villano que han concebido tantos historiadores villanos que ponen, como \u00fanica motivaci\u00f3n de los espa\u00f1oles que se alistaban a los tercios o a los galeones, la satisfacci\u00f3n del hambre (recordemos la pel\u00edcula de Antonio Landa,&nbsp;<em>La marrana<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene para nosotros la mayor importancia advertir la incompatibilidad de los esquemas dualistas con los principios del materialismo filos\u00f3fico, en la medida en que estos implican el principio plat\u00f3nico de&nbsp;<em>symplok\u00e9.<\/em> Plat\u00f3n, en efecto, en el&nbsp;<em>Sofista,<\/em> establece las dos premisas que han de considerarse presupuestas en todo proceso racional: 1) Un principio de conexi\u00f3n entre unas cosas y otras: \u00absi todo estuviese desconectado de las dem\u00e1s cosas, el discurso racional ser\u00eda imposible\u00bb; 2) un principio de desconexi\u00f3n entre las cosas: \u00absi todo estuviese conectado con todo, el discurso racional ser\u00eda imposible.\u00bb Es preciso, por tanto, si queremos aproximarnos racionalmente a la realidad, presuponer que cada cosa no est\u00e1 conectada (por ejemplo, causalmente) con todas las dem\u00e1s, ni tampoco que est\u00e1 desconectada de todas las dem\u00e1s: es decir, es preciso presuponer que las cosas se encuentran entretejidas (en&nbsp;<em>symplok\u00e9<\/em>) con algunas cosas, pero no con todas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero cuando aplicamos a un grupo social dado (por ejemplo, el c\u00edrculo de los individuos humanos) el esquema dualista de conexi\u00f3n, entonces la realidad se nos presentar\u00e1 como una pluralidad de parejas desconectadas entre s\u00ed (pues suponemos que los t\u00e9rminos de cada par se refieren \u00edntegramente el uno al otro). La conexi\u00f3n de los t\u00e9rminos de cada pareja, en efecto, ser\u00e1 completa internamente, tanto si cada individuo se considera correlativo al otro, como si se considera conjugado con \u00e9l. Cada \u00abpar aislado\u00bb introduce una tal dependencia rec\u00edproca entre sus t\u00e9rminos, que permite sea tratado como una unidad \u00abmonista\u00bb, como un dipolo, tanto si sus relaciones son arm\u00f3nicas como si son diosc\u00faricas. Por tanto, la realidad global se nos ofrecer\u00eda como una multiplicidad compuesta por infinitas parejas entre las cuales s\u00f3lo cabr\u00eda reconocer interacciones aleatorias. Y en el supuesto en el cual el esquema dual se aplicase a un \u00fanico par, coextensivo con la \u00abrealidad misma\u00bb (Ormuz y Arihman, entre los maniqueos; la diada Byzos\/Aletheia entre los gn\u00f3sticos; o el Yin\/Yan entre los chinos), entonces ese \u00abdualismo c\u00f3smico\u00bb equivaldr\u00eda pr\u00e1cticamente a un monismo, y ello sin necesidad de que se contemplase la posibilidad de que uno de los t\u00e9rminos del dualismo acabase venciendo o reabsorbiendo al otro. Ser\u00eda suficiente que permaneciesen eternamente diferentes, aunque complement\u00e1ndose el uno al otro, o separ\u00e1ndose el uno del otro, hasta la muerte (\u00abuna de las dos Espa\u00f1as ha de helarte el coraz\u00f3n\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las tr\u00edadas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La estructura m\u00e1s elemental, compatible con el principio de symplok\u00e9 del materialismo filos\u00f3fico, es la estructura ternaria. En una triada (A, B, C) los miembros estar\u00e1n involucrados los unos con los otros, pero, al mismo tiempo, ser\u00e1 posible reconocer coaliciones binarias [(A, B) (A, C) (B, C)] en cada una de las cuales queda segregado el tercer miembro, que, sin embargo, tendr\u00e1 que mantenerse asociado al otro. La estructuraci\u00f3n en triadas de cualquier campo constituido por individuos encierra adem\u00e1s la posibilidad de que cada triada est\u00e9 a su vez involucrada, a trav\u00e9s de alguna unidad com\u00fan, a otras triadas, dando lugar a eneadas (3&#215;3) o a docenas (3&#215;4), &amp;c. El principio de&nbsp;<em>symplok\u00e9,<\/em> en resoluci\u00f3n, se cumple muy bien en pluralidades estructuradas en triadas, eneadas, docenas, &amp;c. De esta pluralidad podr\u00e1 ya afirmarse tanto la conexi\u00f3n (no total) de unas cosas con otras, como la desconexi\u00f3n (o discontinuidad) de unas cosas con otras, que seguir\u00e1n su propio ritmo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, la concepci\u00f3n de la realidad o de sus regiones en cuanto organizadas seg\u00fan esquemas ternarios, son tan antiguas como las concepciones organizadas seg\u00fan los esquemas binarios o dualistas. Baste recordar las c\u00e9lebres trinidades de los dioses indoeuropeos que Dum\u00e8zil puso de manifiesto hace a\u00f1os (Zeus, Heracles, Plut\u00f3n), (J\u00fapiter, Marte, Quirino), la \u00abtr\u00edada capitolina\u00bb (J\u00fapiter, Minerva, Juno) o sus transformaciones germ\u00e1nicas (Od\u00edn, Thor, Freya).<\/p>\n\n\n\n<p>En la tradici\u00f3n cristiana, y m\u00e1s concretamente cat\u00f3lica, a la que pertenece sin duda Don Quijote, la triada fundamental est\u00e1 representada por el dogma de la Trinidad, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, \u00abque del Padre y del Hijo procede\u00bb (en esto se diferencian los cat\u00f3licos romanos de los ortodoxos griegos, para quienes el Esp\u00edritu Santo viene a ser como una emanaci\u00f3n del Padre, sin el concurso del Hijo). No es evidente que la trinidad cat\u00f3lica sea un mero caso particular de las trinidades indoeuropeas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cristianismo romano el dogma de la Trinidad fue constituy\u00e9ndose paulatinamente, y probablemente la apelaci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo tuvo que ver con la misma constituci\u00f3n de una Iglesia universal, que no ten\u00eda parang\u00f3n, seg\u00fan su estructura social, con las estructuras sociales conocidas por los griegos (como pudieran serlo la familia o el Estado). Sabelio sostuvo, bien que her\u00e9ticamente, que el Esp\u00edritu Santo representaba a la Iglesia, como entidad femenina (la \u00abSanta Madre Iglesia\u00bb); tambi\u00e9n es verdad que en algunas trinidades germ\u00e1nicas, uno de los miembros es femenino (Od\u00edn, Thor, Freya), aunque acaso por contaminaci\u00f3n con el cristianismo, como lo probar\u00eda la f\u00f3rmula lit\u00fargica, calco de la cristiana: \u00abEn el nombre de Od\u00edn, de Thor y de Freya.\u00bb Pero s\u00ed es cierto que la trinidad de Gaeta, o la trinidad de la Pe\u00f1a de Francia (en Salamanca), a las que encomendaba Sancho a Don Quijote en el momento de descender a la cueva de Montesinos (II, 22) son manifestaciones de la Trinidad genuina del catolicismo (Padre, Hijo, Esp\u00edritu Santo).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las tr\u00edadas del Quijote<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si nos decidimos a dejar de lado el esquema dualista de estructuraci\u00f3n, que nos impone la asociaci\u00f3n en pareja entre Don Quijote y Sancho, por fundamental que esta asociaci\u00f3n sea (unas veces explicada por su complementariedad, otras veces por su conjugaci\u00f3n: Don Quijote mantiene la unidad entre los distintos episodios de su carrera a trav\u00e9s de Sancho; y Sancho mantiene la unidad entre los episodios de la suya a trav\u00e9s de Don Quijote) entonces, la reestructuraci\u00f3n trinitaria de las figuras del&nbsp;<em>Quijote<\/em> se nos manifiesta con fuerza, y esto independientemente de que Cervantes hubiera sido consciente de esta estructura: tanto m\u00e1s interesante ser\u00eda el caso de una estructura objetiva que se impone \u00abpor encima\u00bb o independientemente de la voluntad del autor.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que Don Quijote aparece siempre como un miembro de la trinidad (Don Quijote, Sancho, Dulcinea); lo que no quiere decir que los miembros de esta trinidad no est\u00e9n a su vez involucrados en otras trinidades diferentes. Don Quijote, por ejemplo, forma tambi\u00e9n tri\u00e1ngulo con su ama y su sobrina (II, 6). Sancho aparece siempre involucrado con su mujer, Teresa Cascajo, y con su hija; as\u00ed tambi\u00e9n con el cura y el barbero (I, 26). Dulcinea, seg\u00fan su figura m\u00e1s real de labradora, se le aparece a Sancho montada en un asno junto con otras dos mujeres tambi\u00e9n labradoras. \u00abY sucedi\u00f3le todo tan bien [a Sancho], que cuando se levant\u00f3 para subir en el rucio vio que del Toboso hacia donde \u00e9l estaba ven\u00edan tres labradoras sobre tres pollinos, o pollinas, que el autor no lo declara&#8230;\u00bb, y poco despu\u00e9s, cuando Sancho anuncia a su se\u00f1or que ha visto a Dulcinea, \u00absalieron de la selva y descubrieron cerca a las tres aldeanas. Tendi\u00f3 Don Quijote los ojos por todo el camino de El Toboso, y como no vio sino a las tres labradoras, turbose todo, y pregunt\u00f3 a Sancho si les hab\u00eda dejado fuera de la ciudad\u00bb (II, 10).<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, la \u00abtrinidad b\u00e1sica\u00bb en torno a la cual Cervantes parece moverse a lo largo de toda su obra es la constituida por Don Quijote, Sancho y Dulcinea. Si confrontamos, como desde nuestras hip\u00f3tesis estamos obligados a hacerlo, esta trinidad con la Trinidad cat\u00f3lica, se conceder\u00e1 que a Don Quijote le corresponde el papel del Padre; Sancho es el Hijo (al menos, as\u00ed le llama una y otra vez su se\u00f1or); en cuanto a Dulcinea habr\u00eda que ponerla en correspondencia con el Esp\u00edritu Santo, que Sabelio interpretaba como entidad femenina, como la Madre Iglesia. En efecto, \u00bfc\u00f3mo no reconocer que Dulcinea, como figura ideal, procede a la vez del Padre (Don Quijote) y de su Hijo (Sancho)?<\/p>\n\n\n\n<p>Don Quijote&nbsp;<em>concibe,<\/em> desde luego, a la figura de Dulcinea, porque aunque su nombre real fue el de Aldonza Lorenzo, una moza labradora, hija de Lorenzo Corchuelo y de Aldonza Nogales, y de muy buen parecer (I, 25), y de quien \u00e9l un tiempo anduvo enamorado, sin embargo naci\u00f3, en cuanto Dulcinea, \u00abpor decreto\u00bb de Don Quijote, cuando a este le pareci\u00f3 bien darle el t\u00edtulo de \u00abse\u00f1ora de sus pensamientos\u00bb. Pero fue Sancho quien tambi\u00e9n contribuy\u00f3 al nacimiento y fortificaci\u00f3n de la figura de Dulcinea, un moza de chapa, hecha y derecha, nada melindrosa, y teniendo mucho de cortesana: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 rejo que tiene, y qu\u00e9 voz!\u00bb, dice Sancho a Don Quijote. \u00abAhora digo, se\u00f1or Caballero de la Triste Figura, que no solamente puede y debe vuestra merced hacer locuras por ella, sino que con justo t\u00edtulo puede desesperarse y ahorcarse, que nadie habr\u00e1 que lo sepa que no diga que hizo demasiado de bien, puesto que le lleve el diablo.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Y esta figura as\u00ed concebida hubiera permanecido como una sombra de recuerdo meramente imaginario, si no hubiera sido por la industria que Sancho tuvo para encontrar a la se\u00f1ora Dulcinea, es decir, para establecer el v\u00ednculo entre la figura del recuerdo y alg\u00fan correlato real, el que necesita re-anudarse, aunque no sea con la gallarda Aldonza, sino con una labradora carirredonda y chata (II, 10). De este modo resulta ser Sancho (y no ya la mente enferma y delirante de Don Quijote) quien, arrodillado, finge saludar a Dulcinea en la figura de la labradora chata y carirredonda, que Don Quijote, puesto de hinojos junto a Sancho, miraba tambi\u00e9n con \u00abojos desencajados y vista turbada\u00bb, es decir, miraba a la labradora, a la que Sancho llamaba reina y se\u00f1ora. Y entonces la labradora, que hab\u00eda hecho la figura de Dulcinea, pica a su borrica con un aguij\u00f3n, que en un palo tra\u00eda; la pollina dio en correr prado adelante, de forma que Dulcinea dio en el suelo; \u00ablo cual visto por Don Quijote, acudi\u00f3 a levantarla, y Sancho a componer y cinchar el albarda, (&#8230;) y queriendo Don Quijote levantar a su encantada se\u00f1ora en los brazos sobre la jumenta, (&#8230;) le quit\u00f3 de aquel trabajo, porque, haci\u00e9ndose alg\u00fan tanto atr\u00e1s, tom\u00f3 una corridica y, puestas ambas manos sobre las ancas de la pollina, dio con su cuerpo, m\u00e1s ligero que un halc\u00f3n\u00bb. Y dijo Sancho (a Don Quijote): \u00ab&#8230;es la se\u00f1ora nuestra ama m\u00e1s ligera que un alcot\u00e1n y que puede ense\u00f1ar a subir a la jineta al m\u00e1s diestro cordob\u00e9s o mexicano!, (&#8230;) Y no le van en zaga sus doncellas, que todas corren como el viento.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo es evidente que Cervantes, que ha querido demorarse en la descripci\u00f3n de la visi\u00f3n po\u00e9tica de la labradora que Sancho ofrece a Don Quijote, poniendo en primer lugar la agilidad de esta labradora que su se\u00f1or estaba viendo, como para ocultar tras ella su cara carirredonda y chata que tambi\u00e9n Don Quijote hab\u00eda visto? En cualquier caso, la transfiguraci\u00f3n de la figura de la labradora en Dulcinea no puede atribuirse a un proceso end\u00f3geno psicol\u00f3gico propio de un demente en pleno delirio alucinatorio. Don Quijote ve, no a Dulcinea, sino, reforzado por Sancho, a una labradora \u00e1gil (tambi\u00e9n chata y carirredonda). No padece, por tanto, en absoluto, alucinaci\u00f3n alguna: ni siquiera esta labradora podr\u00eda evocarle la Aldonza de su juventud. Y \u00abte hago saber, Sancho, que cuando llegu\u00e9 a subir a Dulcinea sobre su hacanea, seg\u00fan t\u00fa dices, que a m\u00ed me pareci\u00f3 borrica, me dio un olor de ajos crudos, que me encalabrin\u00f3 y atosig\u00f3 el alma\u00bb. Cervantes parece tener aqu\u00ed buen cuidado en subrayar que si Don Quijote relaciona a esta labradora con Dulcinea es por culpa de Sancho. Dulcinea se nos muestra aqu\u00ed como asunto de fe, no de alucinaci\u00f3n; de fe en la \u00abautoridad revelante\u00bb, que en este caso es Sancho, en cuya palabra Don Quijote conf\u00eda y cree, cuando al salir de la selva las tres aldeanas, anunciadas como Dulcinea y sus doncellas, el caballero de la Triste Figura dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo no veo, Sancho \u2013dijo Don Quijote\u2013, sino a tres labradoras sobre tres borricos.<br>Y Sancho replic\u00f3:<br>\u2014\u00a1Agora me libre Dios del diablo! \u2013respondi\u00f3 Sancho\u2013. \u00bfY es posible que tres hacaneas, o como se llaman, blancas como el ampo de la nieve, le parezcan a vuesa merced borricos? \u00a1Vive el Se\u00f1or que me pele estas barbas si tal fuese verdad!<br>\u2014Pues yo te digo, Sancho amigo \u2013dijo don Quijote\u2013, que es tan verdad que son borricos, o borricas, como yo soy don Quijote y t\u00fa Sancho Panza; a lo menos, a m\u00ed tales me parecen.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dem\u00e1s, la resistencia a ver el milagro de la transfiguraci\u00f3n de la labradora en Dulcinea, milagro en el que Don Quijote ha de creer por la fe que le merece la autoridad de Sancho (en otras ocasiones tan cr\u00edtico de las alucinaciones de su se\u00f1or, ante los molinos de viento, ante los reba\u00f1os de ovejas&#8230;) no deja de recibir una \u00abexplicaci\u00f3n teol\u00f3gica\u00bb: \u00abSi yo no veo a Dulcinea en la figura de esta labradora, no es porque no lo sea, sino porque el maligno encantador me persigue, y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos, y para s\u00f3lo ellos, y no para otros, ha mudado y transformado tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre.\u00bb Si los psiquiatras se empecinan en ver aqu\u00ed delirio, habr\u00edan de agregar que no se trata de un delirio alucinatorio (la percepci\u00f3n de un labradora como Dulcinea) sino de un delirio de \u00abracionalizaci\u00f3n teol\u00f3gica\u00bb, orientado a explicar por qu\u00e9 esta labradora que veo no es la Dulcinea que Sancho dice ver; un delirio de racionalizaci\u00f3n teol\u00f3gica que los psiquiatras deber\u00edan tambi\u00e9n reconocer en la operaci\u00f3n de Santo Tom\u00e1s cuando pretende explicar por qu\u00e9 el trozo de pan, y el trago de vino que el consagrante est\u00e1 manipulando en el altar, son en realidad la transmutaci\u00f3n milagrosa del cuerpo de Cristo invisible e intangible. \u00bfY qu\u00e9 psiquiatra se atrever\u00eda a diagnosticar de loco a Santo Tom\u00e1s de Aquino?<\/p>\n\n\n\n<p>La locura de Don Quijote, como se demuestra por su comportamiento ante Aldonza Lorenzo, y ante la labradora an\u00f3nima; pero tambi\u00e9n sobre todo, por su comportamiento ante los duques, que son los responsables de todos los \u00abdelirios\u00bb (en realidad enga\u00f1os) que Don Quijote y Sancho experimentan en su compa\u00f1\u00eda \u2013incluyendo aqu\u00ed a las escenas de Clavile\u00f1o o a las de la \u00ednsula Barataria\u2013 no son solo un proceso psicol\u00f3gico que hubiera afectado Alonso Quijano; es tambi\u00e9n, y muy principalmente, un proceso social, inducido por otras personas que rodean a Don Quijote, y que act\u00faan como \u00abgenios malignos\u00bb enga\u00f1adores cartesianos, a\u00fan teniendo al parecer voluntad de ayudarle, o simplemente de entretenerle. Genios malignos que act\u00faan sobre Don Quijote, pero como contrafiguras de aquellos que act\u00faan a trav\u00e9s de Mefist\u00f3feles cuando va a presentarse ante Fausto: \u00abYo soy el esp\u00edritu que buscando siempre el mal hace siempre el bien.\u00bb Y en todo caso es gratuito atribuir la locura y el delirio a Don Quijote, reservando para Sancho la prudencia y el sentido com\u00fan. Si Don Quijote se dice loco, porque emprende aventuras descabelladas, tan loco est\u00e1 Sancho que lo acompa\u00f1a, y no en la primera ni en la segunda salida, sino tambi\u00e9n en la tercera. \u00abMirad, Teresa, \u2013respondi\u00f3 Sancho\u2013, yo estoy alegre porque tengo determinado de volver a servir a mi amo don Quijote, el cual quiere la vez tercera salir a buscar las aventuras; y yo vuelvo a salir con \u00e9l, porque lo quiere as\u00ed mi necesidad.\u00bb (II, 5.)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El escenario del&nbsp;<em>Quijote<\/em> contiene tres tipos de referencias: unas \u00abcirculares\u00bb, otras \u00abradiales\u00bb y unas terceras \u00abangulares\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desde el presupuesto general de que la persona implica siempre pluralidad de personas, hemos tratado de delimitar la estructura de esta pluralidad de personas en la que se mueven los personajes del Quijote.<\/p>\n\n\n\n<p>Y descartando, como metaf\u00edsicas, las estructuras monistas (que atribuyen a la persona la situaci\u00f3n originaria propia de una persona absoluta, solitaria, \u00absublime soledad\u00bb, propia del Dios neoplat\u00f3nico: \u00abS\u00f3lo con el Solo\u00bb), as\u00ed como tambi\u00e9n las estructuras binarias (dualistas, diosc\u00faricas o maniqueas), hemos encontrado la conveniencia de operar, en el momento de interpretar a Don Quijote, con estructuras trinitarias entretejidas, de las cuales, en cualquier caso, podemos obtener estructuras m\u00e1s complejas, como puedan serlo, seg\u00fan hemos dicho, las eneadas o las docenas, tambi\u00e9n presentes en la novela, bajo la forma del recuerdo de los doce signos del Zodiaco, de los doce ap\u00f3stoles o de los doce caballeros de la tabla redonda.<\/p>\n\n\n\n<p>La disciplina hermen\u00e9utica que impone este postulado estructural es bien clara: evitar sistem\u00e1ticamente el tratamiento de Don Quijote (o de cualquier otro personaje), incluso en su soliloquios, como si se tratase de un personaje ab-soluto, o incluso como si se tratase de un personaje ligado a su complementario, aunque fuera al modo maniqueo (el que inspir\u00f3 los famosos versos de Antonio Machado \u2013su caletre no daba para m\u00e1s\u2013 que \u00abla izquierda espa\u00f1ola\u00bb tom\u00f3 como divisa durante d\u00e9cadas: \u00abEspa\u00f1olito que vienes al mundo, salveos Dios: una de las dos Espa\u00f1as ha de helarte el coraz\u00f3n\u00bb); estimular sistem\u00e1ticamente la investigaci\u00f3n de las conexiones de los personajes del&nbsp;<em>Quijote<\/em> con otros personajes de los que aparecen en el escenario de la novela, es decir, sin necesidad de salirnos fuera de su inmanencia, buscando referencias extraliterarias o extraesc\u00e9nicas (que, sin embargo, habr\u00e1 que encontrar en el momento oportuno).<\/p>\n\n\n\n<p>El&nbsp;<em>Quijote,<\/em> se ha dicho muchas veces, es una novela escrita desde una \u00f3ptica teatral (D\u00edaz Plaja observ\u00f3 que el&nbsp;<em>Quijote<\/em> es la \u00fanica novela cuyo personaje central va siempre disfrazado). Y aqu\u00ed radicar\u00eda su virtualidad para hacer de ella representaciones pict\u00f3ricas o escult\u00f3ricas, y despu\u00e9s cinematogr\u00e1ficas o televisivas. Cervantes nos ofrece ante todo a sus personajes en escenarios bien definidos. En los escenarios se mueven, en principio, varias personas (s\u00f3lo excepcionalmente un \u00fanico actor, en mon\u00f3logos, o en di\u00e1logos). Tambi\u00e9n el tri\u00e1ngulo es la estructura elemental del teatro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, un escenario teatral, como pueda serlo la gran novela de Cervantes, no puede circunscribirse a los l\u00edmites de su estricto recinto. Un escenario teatral en el que los actores individuales, al ponerse la m\u00e1scara (<em>per-sonare, pros-opon<\/em>) comienzan a actuar como personas, es siempre una parte de un c\u00edrculo de personas humanas, una parte del espacio antropol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, al escenario, adem\u00e1s de las dimensiones \u00abcirculares\u00bb (las relaciones de las personas humanas con otras personas humanas) en las que se mueven las personas humanas, que en \u00e9l desarrollan el drama, la comedia o la tragedia, le corresponde tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n c\u00f3smica, en la que quedan englobadas, desde luego, las referencias geogr\u00e1ficas e hist\u00f3ricas externas a la inmanencia del escenario, pero involucradas internamente en \u00e9l (llamamos \u00abradiales\u00bb a esta red de relaciones e interacciones que las personas humanas mantienen con las&nbsp;<em>cosas<\/em> impersonales que las rodean); y al margen de estas referencias ser\u00eda imposible, como trataremos de demostrar en lo sucesivo, entender la filosof\u00eda de Don Quijote, que permanece oculta, o sepultada, en las im\u00e1genes literarias o cinematogr\u00e1ficas. Por \u00faltimo, el escenario, adem\u00e1s de referencias y de figuras contenidas en el&nbsp;<em>c\u00edrculo<\/em> de las personas humanas, o en la regi\u00f3n&nbsp;<em>radial<\/em> del espacio, contiene tambi\u00e9n figuras y referencias que desbordan aquel c\u00edrculo y esta regi\u00f3n, porque a\u00fan siendo personales (de condici\u00f3n muy semejante a la de las personas humanas, por tener o pretender tener apetitos, conocimientos y sentimientos), no son de naturaleza humana (llamamos a estas referencias \u00abangulares\u00bb, y entre ellas pondremos a ciertos animales numinosos, a demonios, \u00e1ngeles, diablos&#8230;).<\/p>\n\n\n\n<p>En el&nbsp;<em>Quijote<\/em> aparecen varias menciones \u00abangulares\u00bb a diablos, a aves de mal ag\u00fcero (como la infinidad de grand\u00edsimos cuervos y grajos que salieron de la maleza que cubr\u00eda a la boca de la cueva de Montesinos) y alg\u00fan mono que \u00abhabla con el estilo del diablo\u00bb (II, 25). Tambi\u00e9n se hace referencia a gigantes, como el gigante Morgante (que era afable y bien criado), que en Amad\u00eds es uno de los tres con los que se enfrenta Rold\u00e1n, o bien el gigante Caraculiambro, se\u00f1or de la \u00ednsula de Malindrania, a quien Don Quijote espera vencer en singular batalla a fin de enviarle presentado ante su dulce se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, por supuesto, entre estas personas no humanas, hemos de contar tambi\u00e9n a las personas de la Trinidad de Gaeta antes citada, o a las de la Pe\u00f1a de Francia, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, a las que Sancho encomienda a Don Quijote en el momento de ponerse a descender a la cueva de Montesinos. En cualquier caso, conviene siempre recordar que Cervantes insiste una y otra vez en que \u00e9l no quiere entrometerse en los asuntos reservados a la fe de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Traduciendo estas reservas a nuestro lenguaje: Cervantes afirma rotundamente que \u00e9l desea mantenerse siempre en torno al escenario humano (circular) y c\u00f3smico (radial), y tambi\u00e9n religioso (angular), al que parece atribuir un ritmo propio, aunque finito e inmanente (que contrasta con el ritmo indefinido y trascendente que conviene a los asuntos de la fe cat\u00f3lica).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El escenario del&nbsp;<em>Quijote<\/em> no se&nbsp;<em>refiere<\/em> al \u00abespacio antropol\u00f3gico\u00bb en general, sino al Imperio espa\u00f1ol<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, \u00bfc\u00f3mo determinar las&nbsp;<em>referencias<\/em> personajes humanos, de los contenidos&nbsp;<em>radiales,<\/em> o de las entidades&nbsp;<em>angulares<\/em> que figuran en la \u00abinmanencia\u00bb de este escenario?<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda decirse que tales referencias no est\u00e1n definidas en el&nbsp;<em>Quijote,<\/em> lo que es un modo de afirmar que no existen, al menos como referenciales determinados. Seg\u00fan esto, las figuras de Don Quijote, Sancho o Dulcinea, por ejemplo, habr\u00eda que \u00abreferirlas\u00bb a la Humanidad, en general (a figuras de la Humanidad que podr\u00edamos encontrar en cualquier lugar y tiempo). Y en ello cifrar\u00edan algunos la \u00abuniversalidad\u00bb atribuida com\u00fanmente a la obra de Cervantes. Asimismo, como referenciales \u00abradiales\u00bb podr\u00edan tomarse cualquiera de los contenidos del mundo c\u00f3smico, geogr\u00e1fico o hist\u00f3rico. Y, por supuesto, como referencias angulares, valdr\u00edan todas aquellas que, en todo lugar y tiempo, reunieran las caracter\u00edsticas adecuadas. Dicho de otro modo: las referencias de Don Quijote ser\u00edan universales o, lo que es lo mismo, los personajes y el escenario de Don Quijote, tendr\u00eda referencias, dicho de forma positiva,&nbsp;<em>pancr\u00f3nicas<\/em>y&nbsp;<em>pant\u00f3picas,<\/em> lo que equivaldr\u00eda a decir, en forma negativa, que es ucr\u00f3nico y ut\u00f3pico, y que ah\u00ed reside la ra\u00edz de su universalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, y sin perjuicio de reconocer la posibilidad de estas interpretaciones \u00abuniversalistas\u00bb (posibilidad a la que se orientan las interpretaciones \u00e9ticas o psicol\u00f3gicas de los personajes del&nbsp;<em>Quijote,<\/em> de su idealismo o de su realismo, de su fortaleza o de su avaricia, y otras tantas caracter\u00edsticas de la \u00abcondici\u00f3n humana\u00bb) preferimos atenernos a las interpretaciones, y no son escasas, hist\u00f3ricas y geogr\u00e1ficas muy precisas de Don Quijote, como condici\u00f3n suficiente, por no decir necesaria, para penetrar en su significado.<\/p>\n\n\n\n<p>En una palabra, nos parece (como tambi\u00e9n les parece a otros muchos int\u00e9rpretes) que el escenario del&nbsp;<em>Quijote,<\/em> en cuanto s\u00edmbolo, nos remite a referencias hist\u00f3ricas y geogr\u00e1ficas muy precisas. Referencias que podr\u00e1n ser puestas entre par\u00e9ntesis, sin duda, si se pretenden mantener las interpretaciones humanistas, \u00e9ticas o psicol\u00f3gicas. Pero cuando reinterpretamos las referencias hist\u00f3ricas y geogr\u00e1ficas, entonces se nos imponen, en primer lugar, las interpretaciones pol\u00edticas del Quijote, que han de girar, de un modo a otro, en torno al significado del Imperio espa\u00f1ol, del \u00abfecho del Imperio\u00bb, si utilizamos la f\u00f3rmula de la que se sirvi\u00f3 cuatro siglos antes Alfonso X&nbsp;<em>el Sabio.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan estas interpretaciones pol\u00edticas, Cervantes ofrece en su escenario una interpretaci\u00f3n del Imperio espa\u00f1ol, como primer \u00abImperio generador\u00bb que alcanza su culmen a lo largo de los siglos XV y XVI (el Imperio ingl\u00e9s o el Imperio holand\u00e9s se habr\u00edan levantado a partir del Imperio espa\u00f1ol, e inicialmente como sus depredadores). El Imperio espa\u00f1ol habr\u00eda alcanzado sus cimas m\u00e1s altas a partir de 1521, con la conquista de M\u00e9xico, y despu\u00e9s, del Per\u00fa, o de Flandes; y sobre todo a partir de 1571, en Lepanto. En Lepanto fue detenido el Imperio otomano, que amenazaba seriamente a Europa. Cervantes intervino en la batalla de Lepanto a las \u00f3rdenes de Don Juan de Austria, y all\u00ed perdi\u00f3 su brazo izquierdo, recuerdo permanente, durante toda su vida, de la realidad de la ofensiva musulmana; adem\u00e1s fue hecho prisionero por los moros, permaneciendo preso cinco a\u00f1os en Argel, hasta que fue liberado mediante rescate econ\u00f3mico.<\/p>\n\n\n\n<p>(Una \u00abministra de cupo\u00bb del gobierno de Rodr\u00edguez Zapatero, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero cuya connatural ignorancia est\u00e1 empapada del irenismo p\u00e1nfilo de su grupo, declara en&nbsp;<em>El Pa\u00eds<\/em> de 19 de mayo de 2004 que: \u00abTambi\u00e9n creo que es importante nuestra proyecci\u00f3n en el Mediterr\u00e1neo. Si muchos nos hemos negado a la barbaridad de esta guerra [la del Iraq], es porque todav\u00eda sigue viva una vieja relaci\u00f3n con el mundo \u00e1rabe. Cervantes, sin ir m\u00e1s lejos, estuvo en Argel, en Or\u00e1n&#8230; Tenemos que estar atentos a nuestra historia para saber qui\u00e9nes somos.\u00bb)<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en 1588, fecha del gran desastre de la Invencible (aunque no de su destrucci\u00f3n, ni menos a\u00fan de la potencia, a\u00fan temible, que Espa\u00f1a representaba para Inglaterra, Holanda y Francia), tiene lugar una inflexi\u00f3n en el curso de su historia. No puede decirse que haya entrado en situaci\u00f3n decr\u00e9pita, todav\u00eda se mantiene como gran Potencia dos siglos m\u00e1s, los siglos XVII y XVIII. Pero su curso ascendente ha sido frenado, principalmente por los otros Imperios que han surgido a su sombra. Este es el momento en el cual Cervantes habr\u00eda comenzado su meditaci\u00f3n sobre el Imperio cat\u00f3lico, una meditaci\u00f3n que le conducir\u00e1 a escribir su gran obra,&nbsp;<em>Don Quijote de la Mancha.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La meditaci\u00f3n acerca del Imperio espa\u00f1ol la entendemos como una tarea cuya importancia filos\u00f3fica tiene un alcance mucho mayor, desde luego, que la meditaci\u00f3n human\u00edstica sobre \u00abla condici\u00f3n humana\u00bb, aparentemente m\u00e1s profunda, pero que en realidad es una uniforme monoton\u00eda abstracta y vac\u00eda. En efecto, la meditaci\u00f3n sobre \u00abel Hombre\u00bb (o sobre la \u00abcondici\u00f3n humana\u00bb) se presenta como una meditaci\u00f3n metaf\u00edsica a todo aquel que sepa que \u00abel Hombre\u00bb (el G\u00e9nero humano, la Humanidad, la Condici\u00f3n humana) no existe, al margen de los Imperios universales; y que s\u00f3lo desde los Imperios universales (que son una parte de la humanidad, pero no el todo) es posible tomar contacto con esa \u00abcondici\u00f3n humana\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque el hombre, en general, es una mera formalidad cuya materia s\u00f3lo puede adquirirla a partir de sus determinaciones, no ya hist\u00f3ricas, cuanto hist\u00f3rico-universales, es decir, a partir de las determinaciones o \u00abmodos de hombre\u00bb que han ido conform\u00e1ndose en la sucesi\u00f3n de los grandes Imperios, desde el Imperio persa hasta el Imperio de Alejandro, desde el Imperio romano de Augusto hasta el Imperio romano de Constantino y de sus sucesores, entre ellos, principalmente, el Imperio Hisp\u00e1nico, el Imperio Ingl\u00e9s y el Imperio Sovi\u00e9tico. S\u00f3lo desde la plataforma de estos Imperios universales cabe aproximarse al fondo de eso que llamamos \u00abcondici\u00f3n humana\u00bb, en tanto que ella no es algo invariante (salvo en sus estructuras gen\u00e9ricas, comunes con los primates), sino cambiante y dada en el curso de la Historia. La plataforma de los Imperios universales es, desde nuestras coordenadas, el m\u00e1s preciso&nbsp;<em>criterio positivo<\/em> disponible para diferenciar los&nbsp;<em>an\u00e1lisis antropol\u00f3gicos<\/em> (etol\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos) de la \u00abcondici\u00f3n humana\u00bb de los&nbsp;<em> an\u00e1lisis filos\u00f3fico hist\u00f3ricos<\/em> de esta misma condici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho de otro modo, la interpretaci\u00f3n de Don Quijote, como figura universal, en el sentido del G\u00e9nero humano (\u00bfqu\u00e9 tienen que ver los llamados valores del&nbsp;<em>Quijote<\/em> con los valores de los hombres musulmanes, en cuanto tales?), es una meditaci\u00f3n vac\u00eda que recae, de un modo u otro, en puro psicologismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando nos decidimos a cultivar, una vez m\u00e1s, el g\u00e9nero de interpretaciones pol\u00edticas hist\u00f3rico-filos\u00f3ficas del&nbsp;<em>Quijote,<\/em> en el sentido expuesto, lo primero que tenemos que despejar es la cuesti\u00f3n de las referencias extraliterarias que nos ofrece el escenario de Don Quijote, por el cual transita constantemente la trinidad Don Quijote, Sancho y Dulcinea.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las referencias de las personas de la trinidad fundamental quijotesca<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ante todo, \u00bfc\u00f3mo determinar las referencias extraesc\u00e9nicas de las figuras que aparecen en el escenario del&nbsp;<em>Quijote<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Tomaremos como criterio las palabras que pronuncia, desde la propia inmanencia literaria de la novela, uno de los personajes m\u00e1s significativos que rodearon al Caballero de la Triste Figura, a saber, el bachiller Sans\u00f3n Carrasco, \u00absocarr\u00f3n famoso\u00bb que, abrazando a Don Quijote, y con voz levantada, le dijo (en el cap\u00edtulo 7 de la segunda parte):<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Oh flor de la andante caballer\u00eda! \u00a1Oh luz resplandeciente de las armas! \u00a1Oh honor y espejo de la naci\u00f3n espa\u00f1ola!<\/p>\n\n\n\n<p>Don Quijote, seg\u00fan palabras del bachiller (a trav\u00e9s de quien muy bien podr\u00eda estar hablando Cervantes), tiene como referencia inequ\u00edvoca a la \u00abnaci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb. Lo que tiene para nosotros un significado pol\u00edtico del mayor alcance, no s\u00f3lo porque demuestra que la naci\u00f3n espa\u00f1ola est\u00e1 ya reconocida en el siglo XVI, mucho antes de que fuera reconocida la naci\u00f3n inglesa o la naci\u00f3n francesa \u2013o, por supuesto, la naci\u00f3n catalana o la naci\u00f3n vasca\u2013 sino porque nos ofrece expl\u00edcitamente la referencia extraliteraria que Cervantes atribu\u00eda a la figura de Don Quijote.<\/p>\n\n\n\n<p>Cierto que la \u00abnaci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb que, seg\u00fan el bachiller Carrasco, se refleja en Don Quijote, no es una Naci\u00f3n pol\u00edtica en el sentido en el que \u00e9sta puede ser constatada en la batalla de Valmy, que ya hemos citado. La naci\u00f3n espa\u00f1ola a la que se refiere el bachiller Carrasco no es la naci\u00f3n pol\u00edtica que surgir\u00e1 a partir de las ruinas del Antiguo R\u00e9gimen; pero tampoco es una naci\u00f3n meramente \u00e9tnica, que viviera en los m\u00e1rgenes de alg\u00fan Imperio, o acaso integrada, junto con otras, en el Imperio espa\u00f1ol. La \u00abnaci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb del bachiller Carrasco es una naci\u00f3n hist\u00f3rica, cuya extensi\u00f3n se superpone con la extensi\u00f3n misma de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica (cuando el bachiller Carrasco pronuncia su imprecaci\u00f3n, Portugal est\u00e1 integrado en esa naci\u00f3n espa\u00f1ola: el propio Cervantes intervino el 26 de julio de 1582 en el combate naval de la Isla de San Miguel de Azores, contra mercenarios franceses que apoyaban las pretensiones de Don Antonio por convertirse en Rey de Portugal). La unidad y consistencia de esta naci\u00f3n espa\u00f1ola hab\u00eda podido ser captada desde fuera del Imperio entonces hegem\u00f3nico y visible, hab\u00eda podido ser captada desde Francia, desde Italia, desde Inglaterra, desde Am\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY cual es la&nbsp;<em>referencia<\/em> de Sancho? Tambi\u00e9n nos es dada, acaso, desde el mismo \u00abescenario\u00bb: Sancho es un labrador de la Mancha, cabeza de una familia compuesta por su mujer y dos hijos. Sancho representa as\u00ed a cualquier labrador de los que viven en la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, y cuya vida est\u00e1 destinada, junto con su mujer, a sacar adelante a su familia; porque Sancho, dotado de gran inteligencia (y no s\u00f3lo labradora, sino tambi\u00e9n verbal y a\u00fan literaria), se entiende a la perfecci\u00f3n con los otros labradores y gentes de su rango. Y, como ellos (o como muchos de ellos), Sancho, que est\u00e1 bien alimentado (no es un paria de la India, condenado a mantener miserablemente su vida en su propio lugar, aunque sea en presencia \u00abdel Todo\u00bb), est\u00e1 dispuesto a salir de su lugar, sirviendo a un caballero que puede llevarle a descubrir horizontes m\u00e1s amplios, sin perjuicio de los riesgos que su aventura le ha de deparar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY Dulcinea? Seg\u00fan dec\u00eda, ya va para el siglo, Ludwig Pfandl (<em>Cultura y costumbres del pueblo espa\u00f1ol de los siglos XVI y XVII,<\/em> Barcelona 1929), \u00abDulcinea no es otra cosa que la encarnaci\u00f3n de la monarqu\u00eda, de la nacionalidad, de la fe. Por ella se esfuerza el manco, luchando contra los molinos de viento.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, si acept\u00e1semos la interpretaci\u00f3n de Pfandl, la referencia de Dulcinea, \u00bfno se confundir\u00eda con la referencia que el bachiller Carrasco se\u00f1ala para Don Quijote, es decir, la \u00abnaci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p>De alg\u00fan modo s\u00ed, de un modo general, como tambi\u00e9n Sancho (tal como lo hemos presentado) hay que referirlo a esa misma naci\u00f3n espa\u00f1ola que parece ya consolidada o existente como tal naci\u00f3n hist\u00f3rica, sin perjuicio de la profunda crisis que est\u00e1 padeciendo tras el desastre de la Invencible. Pero la circunstancia de que la referencia de Don Quijote, de Sancho y de Dulcinea sea, en t\u00e9rminos generales, la misma, es decir, Espa\u00f1a, no significa que las perspectivas desde las cuales cada uno de estos personajes de la trinidad se refiere a Espa\u00f1a no sean distintas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Despliegue hist\u00f3rico de la trinidad quijotesca:&nbsp;<em>pasado, presente <\/em>y&nbsp;<em>futuro<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Acaso Don Quijote va referido a Espa\u00f1a desde la perspectiva del pret\u00e9rito, Sancho va referido a Espa\u00f1a desde la perspectiva del presente, y Dulcinea desde la perspectiva del futuro (y, por ello, Dulcinea es asunto de fe, no de evidencia sensible).<\/p>\n\n\n\n<p>Son tres perspectivas involucradas necesariamente entre s\u00ed, como involucradas est\u00e1n las personas de la trinidad quijotesca. Dicho de otro modo, si cada persona de esta trinidad esc\u00e9nica, Don Quijote, Sancho, Dulcinea, va referida a una Espa\u00f1a que ha entrado en una crisis profunda, es porque cada persona se refiere a ella a trav\u00e9s o por mediaci\u00f3n de las otras. Don Quijote, desde un pret\u00e9rito que, a\u00fan en el tiempo esc\u00e9nico, est\u00e1 cercano (el tiempo en el cual los caballeros espa\u00f1oles usaban lanzas y espadas, en lugar de utilizar arcabuces y ca\u00f1ones); Sancho, desde el presente de un pueblo que vive gracias a los frutos que la tierra da tras el duro trabajo, y que ha se seguir produciendo en cada momento. Y Dulcinea representa el futuro, como s\u00edmbolo de la madre-Espa\u00f1a, pero tomando esta referencia en sentido literal, que tiene poco que ver (la referencia) con el sentido de una \u00abfigura ideal\u00bb del \u00abeterno femenino\u00bb, si es que representa a la madre que puede parir a los hijos que, como labradores o soldados, podr\u00e1n hacer posible el futuro de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, presente, pasado y futuro no son, en un tiempo hist\u00f3rico como el que corresponde a Espa\u00f1a, meros puntos de la l\u00ednea que representa el tiempo astron\u00f3mico. El tiempo hist\u00f3rico, el tiempo de Espa\u00f1a como Imperio emergente generador, que comienza a acusar las profundas heridas que le est\u00e1n infligiendo sus enemigos, los imperios depredadores europeos, es un conjunto fluyente de millones de personas en agitaci\u00f3n e interacci\u00f3n constante, y que tienen la costumbre de \u00abtener que comer todos los d\u00edas\u00bb. Este conjunto fluyente, este oce\u00e1nico r\u00edo de personas que hacen la historia y son arrastrados por ella, puede clasificarse en tres clases o c\u00edrculos de personas te\u00f3ricamente bien definidos:<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, el c\u00edrculo constituido por las personas que se influyen mutuamente, apoy\u00e1ndose o destruy\u00e9ndose, durante los a\u00f1os de su vida; un c\u00edrculo cuyo di\u00e1metro puede estimarse en cien a\u00f1os, los que corresponden a lo que llamamos el&nbsp;<em>presente hist\u00f3rico<\/em> (que no es, por supuesto, el presente instant\u00e1neo, adimensional, que corresponde al punto fluyente de la l\u00ednea del tiempo).<\/p>\n\n\n\n<p>En segundo lugar, el c\u00edrculo (de di\u00e1metro finito, pero indeterminado) constituido por las personas que influyen, para bien o para mal, sobre las personas del presente, que tomamos como referencia, molde\u00e1ndolas casi por completo; pero sin que quienes viven en el presente puedan influir en modo alguno, profunda o superficialmente, sobre aquellas, porque ya han muerto. Este es el c\u00edrculo constitutivo de un&nbsp;<em>pret\u00e9rito hist\u00f3rico,<\/em> el c\u00edrculo de las personas muertas, aquellas que \u00abcada vez mandan m\u00e1s sobre las vivas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en tercer lugar el c\u00edrculo (de di\u00e1metro indefinido) constituido por las personas en las cuales quienes viven en el presente influyen profundamente, hasta el punto de moldearlas casi por entero, marcando adem\u00e1s sus caminos, pero sin que ellas puedan a su vez influir sobre aquellos que viven en el presente, porque todav\u00eda no existen. Es el c\u00edrculo del&nbsp;<em>futuro hist\u00f3rico.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Venimos suponiendo \u2013si se prefiere, partimos de la suposici\u00f3n\u2013 que Espa\u00f1a es el lugar en el que hay que poner las referencias de los personajes simb\u00f3licos (aleg\u00f3ricos) que Cervantes nos ofrece en el escenario de su obra capital. Pero Espa\u00f1a es un proceso hist\u00f3rico. Afirmar que Espa\u00f1a es el lugar en el que hay que poner las referencias de los personajes esc\u00e9nicos \u2013ante todo, Don Quijote, Sancho y Dulcinea\u2013 no es decir todav\u00eda mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que comenzar determinando los par\u00e1metros del presente, en el cual nuestro escenario est\u00e1 situado, como plataforma desde la cual podemos mirar tambi\u00e9n hacia su pret\u00e9rito y hacia su futuro. Estos par\u00e1metros hay que obtenerlos, sin duda, siguiendo el m\u00e9todo de an\u00e1lisis del propio escenario inmanente en el que act\u00faan los personajes, es decir, de su inmanencia literaria. Y son varias, y concordantes, las que nos llevan a fijar las fechas en las que act\u00faan los personajes en la \u00e9poca \u00abdel gran Filipo III\u00bb. M\u00e1s precisamente, la carta que Sancho, como gobernador de la Insula Barataria, escribe a su mujer Teresa Panza, est\u00e1 fechada el 20 de julio de 1614. Ha de concluirse, por tanto, que Don Quijote, cuando marchaba en busca de Dulcinea, tambi\u00e9n lo hac\u00eda en aquellos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esto no significa que Cervantes haya querido ofrecer un escenario referido a la Espa\u00f1a de&nbsp;<em>su<\/em> presente, un presente que estar\u00e1 comprendido (si mantenemos nuestras hip\u00f3tesis) en un c\u00edrculo de cien a\u00f1os de di\u00e1metro que podr\u00edan ir desde 1616, a\u00f1o de su muerte a 1516, a\u00f1o en el que muri\u00f3 Fernando el Cat\u00f3lico. El punto central de este di\u00e1metro se encuentra muy pr\u00f3ximo a 1571, la fecha de la batalla de Lepanto, en la que Cervantes, con veinticuatro a\u00f1os de edad, estuvo gloriosamente presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Cervantes no se propon\u00eda hacer una cr\u00f3nica del presente, en el que suponemos ha situado su escenario.&nbsp;<em>Desde su presente,<\/em> por supuesto, Cervantes emplaza un escenario cuya referencia es Espa\u00f1a, pero no propiamente la Espa\u00f1a de la Edad Media (como pens\u00f3 Hegel, cuando interpretaba a Don Quijote como s\u00edmbolo de la transici\u00f3n de la \u00e9poca feudal a la \u00e9poca moderna). Don Quijote recorre una pen\u00ednsula ya unificada, sin fronteras interiores entre los reinos cristianos y, m\u00e1s a\u00fan, sin fronteras interiores con los reinos moros: la Espa\u00f1a que Don Quijote recorre es posterior a la toma de Granada en 1492, por los Reyes Cat\u00f3licos. Este es el \u00abescenario literario\u00bb (no un escenario hist\u00f3rico) del&nbsp;<em>Quijote.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo Don Quijote no camina todav\u00eda a trav\u00e9s de una Espa\u00f1a moderna (la del propio Cervantes, que ya sabe lo que es el olor y el ruido de la p\u00f3lvora, los galeones que van y vienen a Am\u00e9rica, de la que no hay pr\u00e1cticamente referencia en su obra). Cervantes tiene buen cuidado de decirnos, en el primer cap\u00edtulo de su obra, que lo primero que hizo Don Quijote, antes de salir de su casa, \u00abfue limpiar unas armas que hab\u00edan sido de sus bisabuelos, que, tomadas de or\u00edn y llenas de moho, luengos siglos hab\u00eda que estaban puestas y olvidadas en un rinc\u00f3n\u00bb. Alonso Quijano (que vive en el presente) se disfraza por tanto de Don Quijote, un caballero del pret\u00e9rito, pero de un pret\u00e9rito que sigue influyendo, como es propio de todo pret\u00e9rito hist\u00f3rico, de modo determinante en el presente, porque \u00ablos muertos cada vez mandan m\u00e1s que los vivos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, como hemos dicho, Don Quijote y los suyos no se mueven en una \u00e9poca medieval, sino moderna. Ya no hay en Espa\u00f1a reyes moros. Incluso algunos de los moriscos que fueron expulsados vuelven a Espa\u00f1a, y se encuentran con Sancho:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo y es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar? (II, 54.)<\/p>\n\n\n\n<p>Parece evidente que Cervantes ha querido&nbsp;<em>referirse,<\/em> desde su escenario de 1614 (fecha de la carta de Sancho a su mujer) a la Espa\u00f1a de un siglo anterior, de 1514; una Espa\u00f1a que, aunque no es medieval, sigue siendo inmediatamente anterior a la llegada de Carlos I a Espa\u00f1a, y sobre todo a la entrada de Hern\u00e1n Cortes en Nueva Espa\u00f1a, en M\u00e9xico. Ocurre como si Cervantes hubiera deliberadamente querido regresar a una Espa\u00f1a ib\u00e9rica anterior, si no al momento del descubrimiento de Am\u00e9rica, s\u00ed al momento de la \u00abentrada\u00bb masiva de los espa\u00f1oles en el Nuevo Mundo (M\u00e9xico, Per\u00fa, &amp;c.) y a las repercusiones que de tal entrada hubieron de seguirse en la Espa\u00f1a de partida.<\/p>\n\n\n\n<p>La Espa\u00f1a que Cervantes ve desde su escenario es una Espa\u00f1a que no aparece involucrada con el Nuevo Mundo, pero tampoco con el viejo continente (con Flandes, con Italia, con Constantinopla, ni con \u00c1frica). No es, por tanto, una Espa\u00f1a contemplada a escala de sociedad pol\u00edtica coet\u00e1nea, aunque el escenario est\u00e9 emplazado en esa sociedad pol\u00edtica que es su plataforma. Como si Cervantes hubiera querido iluminar las referencias que ve desde su escenario, que no es anacr\u00f3nico pol\u00edticamente hablando, sino sencillamente abstracto, como si estuviera siendo iluminado por una luz ultravioleta, capaz de desvelar una sociedad civil que segu\u00eda existiendo y movi\u00e9ndose a su propio ritmo en el trasfondo de la sociedad pol\u00edtica. Una sociedad civil con curas y barberos, duques y titiriteros, caballeros andantes arcaicos pero a\u00fan reconocibles, pero que aparecen, mediante los artificios de la iluminaci\u00f3n, con un cierto aire intemporal.<\/p>\n\n\n\n<p>El aire intemporal de una sociedad que, como la espa\u00f1ola, ya ha madurado, la primera, como naci\u00f3n hist\u00f3rica, pero que, a\u00fan abstra\u00edda de sus responsabilidades pol\u00edticas perentorias (que obligan a movilizar ej\u00e9rcitos dotados de armas de fuego, hoy dir\u00edamos: de misiles con cabezas nucleares) necesita el cuidado de los caballeros armados con lanzas y espadas, porque la paz interior \u00abintemporal\u00bb en la que se vive, la paz que los caballeros creen poder encontrar si se disfrazan de pastores, no tiene mucho que ver con la paz celestial, por cuanto siguen actuando los bandidos, los asesinos, los ladrones, los mentirosos, los enga\u00f1adores, los desalmados, los canallas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo no tomar en serio, cuando queremos alcanzar alguna interpretaci\u00f3n pol\u00edtica del&nbsp;<em>Quijote,<\/em> esta \u00abEspa\u00f1a intemporal\u00bb que artificiosamente habr\u00eda iluminado Cervantes con esa luz ultravioleta de la que hablamos? \u00bfNo parece imprescindible ver en esa \u00abnaci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb, reconocida por Cervantes, y dispuesta para comenzar a flotar en esa atm\u00f3sfera intemporal \u00abultravioleta\u00bb el artificio aleg\u00f3rico m\u00e1s significativo de la gran obra cervantina, cuando tratamos de interpretarla desde categor\u00edas pol\u00edticas?<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed puestas las cosas, nos parece que cualquier intento de interpretaci\u00f3n directa del escenario quijotesco mediante la referencia inmediata a las figuras hist\u00f3ricas de su presente (como pudieran serlo Carlos I, Hern\u00e1n Cort\u00e9s, el Gran Capit\u00e1n o Diego Garc\u00eda de Paredes) habr\u00eda que considerarla como primaria o ingenua (\u00ab\u00a1Dos higas para el Gran Capit\u00e1n y para ese Diego Garc\u00eda que dice!\u00bb, replic\u00f3 el ventero al cura).<\/p>\n\n\n\n<p>El escenario del&nbsp;<em>Quijote<\/em> va referido a Espa\u00f1a, y a la Espa\u00f1a hist\u00f3rica, a su Imperio pol\u00edtico; pero no de modo inmediato, sino por la mediaci\u00f3n de una Espa\u00f1a intemporal, pero no irreal, sino simplemente vista a una luz ultravioleta, en la que una sociedad civil, dada en un tiempo hist\u00f3rico que habita la pen\u00ednsula ib\u00e9rica, vive seg\u00fan su propio ritmo. Desde esta \u00abmediaci\u00f3n ultravioleta\u00bb tendremos que intentar interpretar los s\u00edmbolos aleg\u00f3ricos de Don Quijote, que s\u00f3lo a los lectores m\u00e1s bastos o primarios (aunque se hayan hecho eruditos) pueden parecer transparentes y sencillos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dos tipos de interpretaciones filos\u00f3fico pol\u00edticas del&nbsp;<em>Quijote<\/em>:<\/strong><br><strong>catastrofistas y revulsivas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las dificultades aparecen ahora en el momento de la interpretaci\u00f3n de las figuras del&nbsp;<em>Quijote,<\/em> a\u00fan en el supuesto de que se admita su condici\u00f3n de s\u00edmbolos aleg\u00f3ricos con referencias ambiguas, tal como las hemos sugerido (referencias que juegan en el doble plano de la sociedad pol\u00edtica y de la sociedad civil).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay muchas interpretaciones, formuladas a escalas muy diversas. Y lo primero que nos importa, desde la perspectiva hist\u00f3rico filos\u00f3fica y pol\u00edtica que mantenemos, es clasificar estas diversas interpretaciones en dos grandes grupos, el de las interpretaciones&nbsp;<em>catastrofistas<\/em>(o&nbsp;<em>derrotistas,<\/em>como pudi\u00e9ramos llamarlas) y el de las interpretaciones&nbsp;<em>no catastrofistas<\/em> (o simplemente cr\u00edticas, o&nbsp;<em>revulsivas,<\/em> en la medida en que interpretan al Quijote no tanto como la expresi\u00f3n de un derrotismo pol\u00edtico irreversible, que s\u00f3lo podr\u00eda refugiarse en un pacifismo evang\u00e9lico \u2013propio de la izquierda extravagante\u2013 cuanto como ofrecimiento de un revulsivo que termina poniendo en las armas la condici\u00f3n necesaria \u2013no suficiente\u2013 para remontar la decadencia o la derrota).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Interpretaciones catastrofistas del Quijote<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Examinemos, aunque sea muy brevemente, algunas interpretaciones del significado de Don Quijote pertenecientes al grupo que hemos rotulado como \u00abcatastrofista\u00bb, y en cuya reserva se encuentra el \u00abpanfilismo pacifista\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan estas interpretaciones, Cervantes habr\u00eda ofrecido en su obra fundamental la visi\u00f3n m\u00e1s despiadada y derrotista que de la Espa\u00f1a imperial podr\u00eda haberse ofrecido jam\u00e1s. Cervantes (dir\u00e1n los agudos int\u00e9rpretes psicologistas), resentido y decepcionado (esc\u00e9ptico, al borde del nihilismo) por los innumerables fracasos que su vida le depar\u00f3 (mutilaci\u00f3n, cautiverio, c\u00e1rcel, fracasos, desaires, especialmente la denegaci\u00f3n de su petici\u00f3n para trasladarse a Am\u00e9rica, a la que cre\u00eda tener derecho como h\u00e9roe de Lepanto), habr\u00eda eliminado de su genial novela cualquier referencia a las Indias, as\u00ed como tambi\u00e9n a Europa. Y las locuras de los caballeros reales espa\u00f1oles (Carlos I, Hern\u00e1n Cort\u00e9s, don Juan de Austria), que habr\u00edan acabado arruinando a su patria, estar\u00edan siendo aludidas aleg\u00f3ricamente por los h\u00e9roes de los libros de caballer\u00edas que inspiraron a los conquistadores a ir a las Indias en busca de El Dorado, de California, o de Patagonia: \u00aba las gentes de Hern\u00e1n Cort\u00e9s \u2013dice Am\u00e9rico Castro\u2013 su entrada triunfal en M\u00e9xico les pareci\u00f3 un episodio del Amad\u00eds o cosas de encantamiento\u00bb, o ir a Inglaterra o a Flandes con una escuadra tan arcaica e \u00abinvencible\u00bb como pudiera serlo la propia lanza de Don Quijote, que se hizo a\u00f1icos en el primer asalto.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si el bachiller Sans\u00f3n Carrasco dijo a Don Quijote que era \u00abel honor y espejo de la naci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb, es f\u00e1cil entender lo que quer\u00eda decir. Pues, \u00bfqu\u00e9 es lo que reflejaba este espejo? Un caballero de esperpento, que acomete empresas delirantes y rid\u00edculas de las cuales sale continuamente derrotado. \u00bfNo es este el reflejo de la naci\u00f3n espa\u00f1ola?<\/p>\n\n\n\n<p>Y seg\u00fan esto, a Cervantes habr\u00eda que ponerlo en la serie de aquellos hombres que, no ya desde el exterior, sino desde el interior de la naci\u00f3n espa\u00f1ola, m\u00e1s han colaborado (aunque de un modo m\u00e1s sutil y m\u00e1s cobarde) al entramado de la Leyenda Negra. En los lugares de salida de esta serie legendaria figuran Bartolom\u00e9 de las Casa y Antonio P\u00e9rez; en los lugares terminales figura el \u00faltimo Premio Cervantes, Rafael S\u00e1nchez Ferlosio, que escribi\u00f3, en 1992, un libro titulado&nbsp;<em>Esas Yndias equivocadas y malditas<\/em> (que mereci\u00f3, en \u00e9poca de gobierno socialista, el Premio Nacional de Literatura). Pero como figura central de la serie habr\u00eda que poner, si fueran coherentes los que mantienen esta interpretaci\u00f3n catastrofista, al propio Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). Cervantes, con su&nbsp;<em>Don Quijote,<\/em> habr\u00eda ofrecido el marco genial y oculto de la Leyenda Negra contra Espa\u00f1a, y habr\u00eda contribuido a difundirla por Europa. Montesquieu ya lo habr\u00eda advertido: \u00abEl m\u00e1s importante libro que tienen los espa\u00f1oles no es otra cosa sino una cr\u00edtica a los dem\u00e1s libros espa\u00f1oles.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>En resoluci\u00f3n, ning\u00fan espa\u00f1ol que mantenga un \u00e1tomo de orgullo nacional podr\u00eda sentirse reflejado en el espejo de Don Quijote. S\u00f3lo un pueblo como el espa\u00f1ol \u00abinflado de orgullo\u00bb y \u00abcargado de derechos\u00bb \u2013dec\u00eda un catal\u00e1n, ya en 1898, Prat de la Riba\u2013 podr\u00eda identificarse con algunas cualidades abstractas del Caballero de la Triste Figura. Folch y Torres, otro separatista que se regodeaba con los fracasos de Don Quijote (sin duda en la medida en que ellos representaban los fracasos de Espa\u00f1a) llegar\u00e1 a decir, tambi\u00e9n en ese a\u00f1o, en el que los \u00abquijotes castellanos cometieron la locura de declarar la guerra a Estados Unidos\u00bb (en el curso de los conflictos con Cuba y Filipinas): \u00abQu\u00e9dense los castellanos con Don Quijote, y buen provecho les haga.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s a\u00fan: esta interpretaci\u00f3n derrotista a partir de Don Quijote, por tanto, desde dentro del Imperio espa\u00f1ol, como obra de un delirio megal\u00f3mano y cruel, no s\u00f3lo habr\u00eda dado el marco, sino que habr\u00eda alimentado la Leyenda Negra promovida desde el exterior de las Potencias enemigas (Inglaterra, Francia, Holanda), Imperios depredadores y piratas carro\u00f1eros que se alimentaban, en su infancia y durante su juventud, de los despojos que iban arrancando a Espa\u00f1a. Y no falta quien sugiere (\u00faltimamente Javier Neira) que el mismo \u00e9xito extraordinario que el&nbsp;<em>Quijote<\/em> alcanz\u00f3 muy pronto en Europa pudo ser debido, en gran medida, precisamente a su capacidad de servir de alimento para el odio y el desprecio que sus enemigos quer\u00edan dirigir contra Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfHabr\u00eda que avanzar, a partir de esta interpretaci\u00f3n derrotista de Don Quijote, en la senda que ya inici\u00f3 el propio Ramiro de Maeztu, cuando aconsejaba atemperar el culto a Don Quijote, no s\u00f3lo en la escuela, sino tambi\u00e9n en el ideario nacional espa\u00f1ol?<\/p>\n\n\n\n<p>Si Don Quijote es un antih\u00e9roe espa\u00f1ol, loco y rid\u00edculo, mera parodia y contrafigura del verdadero hombre y caballero moderno, \u00bfpor qu\u00e9 empe\u00f1arse en mantenerlo como emblema nacional, celebrando con pompa inusitada sus aniversarios y centenarios? Tan solo los enemigos de Espa\u00f1a \u2013y sobre todo, los enemigos internos, los separatistas catalanes, vascos o gallegos\u2013 podr\u00e1n regocijarse con las aventuras de Don Quijote de la Mancha.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, cabr\u00eda intentar reivindicar un simbolismo de Don Quijote menos deprimente, a\u00fan reconociendo sus incesantes derrotas, si nos situ\u00e1semos en las posiciones del pacifismo m\u00e1s extremado, ya fuera el pacifismo defendido por esa izquierda extravagante, tan pr\u00f3xima al pacifismo evang\u00e9lico de los actuales Papas (cuyo \u00abReino \u2013de ah\u00ed su extravagancia\u2013 no es de este Mundo\u00bb) ya fuera el pacifismo defendido por la izquierda divagante, que proclama en la Tierra la Paz perpetua y la Alianza de las Civilizaciones. Para estos pacifistas radicales las aventuras de Don Quijote podr\u00e1n servir como ilustraci\u00f3n, por v\u00eda apag\u00f3gica de hecho o de contraejemplo, de la inutilidad de la guerra, y de la estupidez de la violencia y del uso de las armas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los int\u00e9rpretes m\u00e1s audaces de esta ralea, deseando salvar a Cervantes, acaso se atrevan a decir: la \u00ablecci\u00f3n \u00e9tica\u00bb que Cervantes ha dado a Espa\u00f1a y al mundo en general con su Don Quijote nos ense\u00f1a la inutilidad de las armas y de la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo los p\u00e1nfilos ver\u00e1n en Cervantes a un pacifista convencido, que intenta demostrar la importancia de la paz evang\u00e9lica, de la tolerancia y del di\u00e1logo, por la v\u00eda apag\u00f3gica de los contraejemplos, de las armas que resultan ser in\u00fatiles por esforzado que sea el \u00e1nimo de quien las empu\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, quienes creen poder extraer semejantes conclusiones \u2013\u00abmoralejas\u00bb\u2013 de los fracasos de Don Quijote con sus armas, cometen una imperdonable confusi\u00f3n entre las armas de Don Quijote y las armas en general. Una conclusi\u00f3n o moraleja sacada desde la petici\u00f3n de principio de que las armas de Don Quijote representan a las armas en general. Pero, \u00bfy si Don Quijote estuviera insistiendo, mediante su peculiar modo cr\u00edptico de hablar, en la diferencia esencial entre las armas de fuego (con las cuales se obtuvo la victoria de Lepanto) y las armas blancas de los caballeros antiguos? En este supuesto, los fracasos de Don Quijote, con sus armas blancas, herrumbrosas, se convertir\u00edan inmediatamente en la apolog\u00eda de las armas de fuego con las que se abre la guerra moderna, a cuyas primeras batallas asisti\u00f3 Cervantes en varias ocasiones (Lepanto, Navarino, T\u00fanez, La Goleta, San Miguel de las Azores).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, es preciso constatar que, en todo caso, las interpretaciones catastrofistas del&nbsp;<em>Quijote,<\/em> afectar\u00edan antes a Cervantes que a Don Quijote. Seg\u00fan la tesis de Unamuno, Cervantes, hombre resentido y esc\u00e9ptico, se habr\u00eda comportado como un miserable con Don Quijote, intentando ponerle una y otra vez en rid\u00edculo. Pero no lo habr\u00eda conseguido, y la mejor prueba ser\u00eda la admiraci\u00f3n universal que Don Quijote suscita, y no precisamente (salvo en los psiquiatras) como un loco paranoico. Porque, por m\u00e1s que Don Quijote cae y se descalabra, tambi\u00e9n se levanta y se recupera: representa de este modo la fortaleza, la firmeza y la generosidad del caballero, que vive, no en un mundo de fantas\u00eda, sino en el mundo real y miserable, pero sin rendirse ante las miserias.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, no es nada claro que Cervantes mantuviera ante el Imperio espa\u00f1ol la actitud nihilista del resentido que Unamuno le atribuye. Cervantes conserv\u00f3 siempre el orgullo de soldado combatiente en Lepanto, en donde la Liga impulsada por el Imperio espa\u00f1ol, detuvo las oleadas del Imperio otomano, \u00abla mejor ocasi\u00f3n que vieron los siglos\u00bb, dijo Cervantes. Tambi\u00e9n nos consta, por el propio&nbsp;<em>Quijote,<\/em> que Cervantes aprob\u00f3 la pol\u00edtica espa\u00f1ola de expulsi\u00f3n de los moriscos, y que siempre se manifest\u00f3 convencido s\u00fabdito de la Cat\u00f3lica Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica.<\/p>\n\n\n\n<p>No dibuj\u00f3 Cervantes la figura de un h\u00e9roe con los trazos groseros y primarios seg\u00fan los cuales fue dibujada a lo largo de los siglos la figura del rey Arturo, o la de Amad\u00eds de Gaula. El procedimiento de Cervantes fue m\u00e1s sutil y, sin duda por ello, sus resultados m\u00e1s ambiguos. Tanto como para dar pie a que los enemigos de Espa\u00f1a lo transformasen en motivo de escarnio para su historia y para sus hombres.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El&nbsp;<em>Quijote <\/em> como revulsivo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Examinemos ahora algunas interpretaciones cr\u00edticas susceptibles de ser incluidas en el grupo de las interpretaciones&nbsp;<em>revulsivas,<\/em> pero no catastr\u00f3ficas, de Don Quijote.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, en el&nbsp;<em>Quijote,<\/em> podr\u00edamos ver, ante todo, la demoledora cr\u00edtica dirigida contra todos aquellos espa\u00f1oles que, tras haber participado en las batallas m\u00e1s gloriosas, en aquellos hechos de armas a partir de los cuales se forj\u00f3 el Imperio espa\u00f1ol, hab\u00edan vuelto a sus lugares o a la corte, como hidalgos o caballeros satisfechos, dispuestos a vivir de sus rentas en un mundo intemporal, y de sus recuerdos de los tiempos gloriosos. Y olvid\u00e1ndose de que el Imperio, que proteg\u00eda su bienestar \u2013su felicidad\u2013, es decir, su pac\u00edfica vida, m\u00e1s o menos apacible, estaba, despu\u00e9s de la Invencible, siendo atacado por los cuatro costados, y comenzaba a presentar v\u00edas de agua alarmantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta masa de gentes satisfechas, tras el primer gran esfuerzo del Imperio, que est\u00e1 comenzando a desmoronarse, tiene el peligro de ser un lugar de cuyo seno podr\u00e1 surgir el \u00abquiero y no puedo\u00bb de alg\u00fan caballero esforzado, a quien solo le queda esperar el rid\u00edculo, si intenta valerse de las armas herrumbrosas de sus bisabuelos, es decir, por ejemplo, de los barcos paral\u00edticos de la Armada Invencible.<\/p>\n\n\n\n<p>Las lanzas y espadas de los bisabuelos, o el baciyelmo que el propio Don Quijote se fabrica, podr\u00e1n comenzar a ser vistos como alegor\u00edas a trav\u00e9s de las cuales Cervantes, sin necesidad siquiera de ser muy consciente de ello, estaba intentando representar aquella Espa\u00f1a que \u00e9l iluminaba con la luz ultravioleta de la que hemos hablado. Cervantes, seg\u00fan esto, con su Don Quijote, podr\u00eda haber intentado, o al menos (si lo que hab\u00eda intentado hubiera sido dar suelta a su escepticismo casi lindante con el nihilismo) podr\u00eda haber logrado ejercer el papel de agente de un revulsivo ante los gobiernos de los reyes sucesores de sus majestades cat\u00f3licas, de Carlos I y a\u00fan de Felipe II, de los tiempos de Lepanto.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que Cervantes les estar\u00eda diciendo a sus compatriotas es que, con lanzas y espadas oxidadas, con barcos paral\u00edticos, o con aventuras solitarias, menos a\u00fan, disfrazados de pastores buc\u00f3licos y pac\u00edficos, los espa\u00f1oles estar\u00edan destinados al fracaso, porque su Imperio, que les proteg\u00eda y en el que viv\u00edan, estaba seriamente amenazado por los Imperios vecinos. Cervantes estar\u00eda viendo tambi\u00e9n, sin embargo, aunque con escepticismo, que ser\u00eda posible remontar la depresi\u00f3n, que afloraba sin duda en algunos de sus personajes, y entre ellos Alonso Quijano transformado en Don Quijote. Y por eso Cervantes parece querer subrayar en todo momento que sus personajes tienen efectivamente esa energ\u00eda, aunque ella tuviera que expresarse en forma de locura.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan esto, el mensaje de Don Quijote no ser\u00eda un mensaje derrotista, sino un revulsivo destinado a remover de su ensue\u00f1o a quienes, despu\u00e9s de la batalla victoriosa, pensaban poder vivir satisfechos, paladeando la paz de la victoria, o simplemente disfrutando de su \u00abestado de bienestar\u00bb (como los espa\u00f1oles dir\u00e1n siglos m\u00e1s tarde).<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, el nuevo orden que hab\u00eda logrado imponer a sus antiguos enemigos, olvid\u00e1ndose de que ese bienestar proced\u00eda del exterior de las fronteras, de esa Am\u00e9rica que el propio Cervantes elimina del Quijote. Estar\u00eda explicando el por qu\u00e9 en el Quijote no se dice nada de todo lo que rodea al recinto peninsular, con sus islas y territorios adyacentes, por qu\u00e9 no se dice nada de Am\u00e9rica, de Europa, de Asia o de \u00c1frica.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso Don Quijote, al mismo tiempo que sus locuras, estar\u00eda ofreciendo algunos indicios de los caminos que ser\u00eda preciso seguir. Ante todo recorrer y explorar todo el solar de la naci\u00f3n espa\u00f1ola: Cervantes se ha preocupado que Don Quijote de la Mancha salga de su lugar de los campos de Montiel, traspase Sierra Morena; incluso se ha preocupado de hacerle llegar hasta la playa de Barcelona (aquella misma, al parecer, en la que Cervantes vio c\u00f3mo se hac\u00eda a la mar, sin que \u00e9l, en una \u00faltima oportunidad, pudiera ya alcanzarlo, el barco que llevaba a Italia a su protector, el Conde de Lemos).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero recorrer Espa\u00f1a peninsular no simplemente para solazarse en un \u00abmerecido descanso\u00bb, o acaso para insultar en privado a sus gentes, sino para esforzarse, sin descanso (\u00abmis arreos son las armas, mi descanso el pelear\u00bb), interviniendo en sus vidas, en actitud de intolerancia ante lo intolerable (por ejemplo, el retablo de Maese Pedro). O induciendo a estas vidas a la fabricaci\u00f3n de armas que no fueran baciyelmos, sino armas nuevas, armas de fuego (hoy dir\u00edamos, bombas de hidr\u00f3geno), necesarias para mantener la guerra que sin duda van a desatar las naciones que acosan a la naci\u00f3n espa\u00f1ola, si \u00e9sta no se les somete.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque Don Quijote no cree en la Armon\u00eda universal, ni en la Paz perpetua, ni en la Alianza de las civilizaciones. Don Quijote vive en un cosmos cuyo orden no es otra cosa sino la apariencia que cubre las convulsiones profundas que experimentan sus partes, que jamas ajustan las una a las otra: \u00abDios lo remedie [dice en el cap\u00edtulo del barco encantado, II, 29], que todo este mundo es m\u00e1quinas y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo m\u00e1s.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello el Quijote ofrecer\u00e1 no ya a los hombres (al \u00abHombre\u00bb, en general), sino a los hombres espa\u00f1oles, un mensaje preciso: la apolog\u00eda de las armas, \u00abque lo mismo es decir armas que guerra\u00bb. Bien est\u00e1 que quienes se dirigen al Hombre en general, o bien al G\u00e9nero humano, o a la Humanidad, dirijan mensajes de esperanza en una paz perpetua; porque estos mensajes ser\u00e1n inofensivos si tenemos en cuenta que su destinatario (el G\u00e9nero humano, la Humanidad) no existe. Pero un mensaje de paz perpetua y de desarme dirigido a la \u00abnaci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb ser\u00eda letal; s\u00f3lo podr\u00eda entenderse como un mensaje enviado a Espa\u00f1a por sus enemigos, esperando, una vez que Espa\u00f1a se hubiera desarmado, entrar en ella para repart\u00edrsela.<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso no es&nbsp;<em>necesario<\/em> suponer que Cervantes se propuso deliberadamente, como&nbsp;<em>finis operantis<\/em> de su obra maestra, ofrecer una parodia que sirviera de revulsivo a aquellos validos de la monarqu\u00eda, caballeros de Corte, duques, curas o barberos, a fin de hacerles ver, a trav\u00e9s de las aventuras de un esperp\u00e9ntico caballero, adonde pod\u00eda conducir su complacencia, su bienestar, incluso sus aficiones literarias por la caballer\u00eda andante o por la vida pastoril.<\/p>\n\n\n\n<p>Es&nbsp;<em>suficiente<\/em> admitir la posibilidad de que Cervantes pudiera haber percibido de inmediato en ese hidalgo, loco por sus lecturas de libros de caballer\u00eda, un hidalgo, al que llam\u00f3 Alonso Quijano, y de quien tuvo sin duda noticias precisas,&nbsp;<em>que le interesaron, tanto por su condici\u00f3n de loco como, sobre todo, por la naturaleza de su locura<\/em> (poco tiene que ver la locura del licenciado Vidriera con la locura de Don Quijote, aunque las diferencias entre ambos quedan borradas groseramente cuando s\u00f3lo se atiende a su com\u00fan denominaci\u00f3n de \u00ablocos\u00bb). Una locura que lo aproximaba en seguida a los caballeros de corte, caballeros entusiasmados, no ya s\u00f3lo acaso por Amad\u00eds o por Palmer\u00edn, sino tambi\u00e9n por Hern\u00e1n Cort\u00e9s o por el Gran Capit\u00e1n, aunque Cervantes habr\u00eda querido separarlos, desviando la atenci\u00f3n hacia aquellos, para no levantar sospechas inc\u00f3modas o peligrosas, o desviar la direcci\u00f3n de su argumentaci\u00f3n apag\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, en el hidalgo loco por las caballer\u00edas, convertido en caballero, y \u00abarmado caballero por escarnio\u00bb, podr\u00eda Cervantes haber intuido la ridiculez de aquellos caballeros felices y complacientes que se alimentaban de aquellas historias. M\u00e1s a\u00fan: puede concederse que esta alegor\u00eda, intuida desde el principio, pero en claroscuro, habr\u00eda asumido como est\u00edmulo constante, que tomaba fuerzas al andar, sobre el autor, impulsado para entregarse, cada vez con mayor dedicaci\u00f3n, al desarrollo de un personaje tan ambiguo y, por ello, inagotable; un personaje que tanto promet\u00eda, ya desde su simple definici\u00f3n inicial.<\/p>\n\n\n\n<p>El febril desarrollo de su genial invenci\u00f3n, es decir, el descubrimiento del \u00abhidalgo loco de la Mancha por su af\u00e1n de transformarse en caballero andante\u00bb pudo ser, desde luego, el cauce que recogiera la poderosa corriente que en Cervantes manaba, sin duda, desde hac\u00eda algunos a\u00f1os, y en la que iban disueltos tantos resentimientos, desencantos y desprecios hacia los caballeros, validos o duques satisfechos. Hacia esos pr\u00f3ceres, que en pleno Estado de bienestar, se complac\u00edan con las memorias heroicas, propias o ajenas, que les acompa\u00f1aban en las cacer\u00edas o en los salones, ya fueran los de Madrid, ya los de Valladolid, ya fueran los de Villanueva de los Infantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda haber sido en el curso de estos desarrollos de la ambig\u00fcedad de la figura inicial \u2013ambig\u00fcedad que suponemos constitutiva de la figura de Don Quijote\u2013, en la medida en que debe ir siendo desplegada tanto en funci\u00f3n de las aventuras interesantes en el terreno psicol\u00f3gico psiqui\u00e1trico, como en funci\u00f3n de los contenidos de tales aventuras, de inter\u00e9s \u00e9tico o pol\u00edtico. Ser\u00eda a partir del desarrollo de esta figura ambigua, en su principio, como Cervantes habr\u00eda ido advirtiendo, por el peso mismo de los contenidos espec\u00edficos caballerescos de esta espec\u00edfica locura, el alcance aleg\u00f3rico, filos\u00f3fico pol\u00edtico de su ficci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Alonso Quijano es un loco, pero Don Quijote canaliza su locura por cauces que generalmente son violentos, pero al mismo tiempo llenos de firmeza y generosidad. Adem\u00e1s el h\u00e9roe, un loco por sus hechos o haza\u00f1as, es h\u00e9roe discreto e ingenioso en sus discursos, impropios de un loco; pero puesto que Cervantes piensa que los&nbsp;<em>discursos<\/em> son los que conforman y dan sentido a los&nbsp;<em>hechos<\/em> (hasta el punto de que estos puedan ser borrados o transformados por aquellos), Cervantes se habr\u00eda visto obligado, por la fuerza objetiva del personaje con quien se enfrenta, Don Quijote, as\u00ed como de las personas individuales involucradas en \u00e9l, a ir atribuyendo los constantes fracasos de Don Quijote, m\u00e1s que a su locura a los instrumentos de los cuales esta locura se val\u00eda, tales como armas arcaicas, caballos fam\u00e9licos, rid\u00edculos baciyelmos.<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo, el&nbsp;<em>Quijote<\/em> se habr\u00eda ido transformando poco a poco en una obra que objetivamente (seg\u00fan su&nbsp;<em>finis operis<\/em>) iba asumiendo, simplemente por el filtro esc\u00e9ptico de Cervantes, la funci\u00f3n de un revulsivo dirigido a los mismos caballeros cortesanos o villanos, a los duques y a los bachilleres que Cervantes conoc\u00eda, y que eran aquellos que en la segunda parte ridiculizaban ellos mismos los trabajos de Don Quijote. Es como si Cervantes, desarrollando las virtualidades de su personaje, hubiera llegado a alcanzar una disposici\u00f3n de \u00e1nimo tal que le hubiera hecho capaz de decir a sus compatriotas: \u00abVed c\u00f3mo del magma complaciente y satisfecho de los pr\u00f3ceres, ociosos, caballeros, villanos, escribas y legistas, curas y barberos, han emergido las figuras de Don Quijote, Sancho y Dulcinea, cuyo rango los eleva inmediatamente por encima de la vulgar muchedumbre ambiente.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 entonces resultan risibles, sobre todo la figura de Don Quijote? No por su esfuerzo, fortaleza, firmeza o generosidad, sino porque utiliza instrumentos o se propone objetivos risibles: lanzas quebradas, baciyelmos, molinos de viento, reba\u00f1os de ovejas, incluso gobierno de una \u00ednsula; pero manteniendo siempre aquella energ\u00eda esforzada, firme y generosa, heredada de su estirpe.<\/p>\n\n\n\n<p>Sustituyamos lanzas quebradas por ca\u00f1ones, caballos fam\u00e9licos por naves artilladas y ligeras, caballeros andantes por compa\u00f1\u00edas o batallones (la violencia individual no sirve para \u00abdesfacer entuertos\u00bb sino para encadenar otros nuevos), molinos de viento por gigantes ingleses o franceses que nos atacan; sustituyamos al escudero Sancho por millones de labradores que salen de sus lugares para acompa\u00f1ar a los caballeros en la lucha contra los enemigos reales, y a Dulcinea por millares de mujeres que arrojan al mundo nuevos labradores y soldados.<\/p>\n\n\n\n<p>Cervantes pudo entrever esta alegor\u00eda a medida que su relato iba avanzando. Lo importante es que tal alegor\u00eda fuera entrevista por Cervantes, porque s\u00f3lo entonces podr\u00eda entenderse su disposici\u00f3n para llevar a Don Quijote, en un momento dado de su carrera, a colgar las armas y, al mismo tiempo, a decretar su muerte. Porque lo que no puede olvidarse es que la lecci\u00f3n final y m\u00e1s profunda del&nbsp;<em>Quijote,<\/em> que Cervantes parece querer ofrecernos, es \u00e9sta: que aunque los proyectos esforzados de Don Quijote y de los caballeros armados que representa parezcan locuras, la disyuntiva es la muerte. Para renunciar a estas locuras, para curarse de ellas, tras la gran calentura, habr\u00e1 que colgar las armas; pero con esto (que es lo que no ve el p\u00e1nfilo pacifista) viene la muerte. La muerte f\u00edsica de Don Quijote, al recluirse, tras colgar las armas, en el cuerpo de Alonso Quijano, simboliza as\u00ed la muerte de Espa\u00f1a, al colgar las suyas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00abRazones tan discretas que borran y deshacen sus hechos\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La facultad de hacer discursos discretos e ingeniosos, que es facultad propia de los&nbsp;<em>letrados<\/em> \u2013que son ante todo quienes dominan&nbsp;<em>las letras de las leyes<\/em>\u2013, es una facultad que Cervantes atribuye a Don Quijote, pero no en abstracto, sino poniendo en su boca los mismos discursos discretos e ingeniosos que acreditan esa facultad, que aparece en Don Quijote con tanta o m\u00e1s fuerza cuanto m\u00e1s d\u00e9biles y quebradas nos parecen sus acciones, sus armas y sus hechos.<\/p>\n\n\n\n<p>No puede afirmarse, por lo dem\u00e1s, desde luego, que Don Quijote, en su locura, careciera de discurso, como tampoco carece de armas. Pero tampoco puede afirmarse (con don Diego Miranda) que la \u00abincongruencia\u00bb (locura o tonter\u00eda) de Don Quijote se encuentre s\u00f3lo en el terreno de la coordinaci\u00f3n de los discursos y sus acciones. La incongruencia de Don Quijote se encuentra ya en su propio discurso, y es \u00e9ste el que enferma o degenera. Aunque no es f\u00e1cil determinar cual es la l\u00ednea divisoria que separa el discurso sano y el discurso degenerado, que en Don Quijote toma la forma de locura, y seg\u00fan una figura ya conocida, si damos por buena la tesis de Men\u00e9ndez Pidal sobre el entrem\u00e9s de Bartolo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el momento de tratar de establecer esta l\u00ednea divisoria habr\u00eda que tener en cuenta que la \u00abparte sana\u00bb del discurso de Don Quijote tendr\u00eda que ser compartida por el propio Cervantes; o, dicho de otro modo, que Cervantes estar\u00eda expresando su pensamiento a trav\u00e9s del discurso sano de Don Quijote, y que un discurso no se opone solo, en globo, a las acciones \u2013a los hechos, en cuanto acciones\u2013, sino tambi\u00e9n al juicio sobre los hechos de experiencia, que no son tanto acciones cuanto percepciones, sin perjuicio de que, a su vez, estas percepciones est\u00e9n \u00abrecortadas\u00bb por alguna acci\u00f3n previa o virtual, con tal de que est\u00e9 integrada en el discurso.<\/p>\n\n\n\n<p>Cervantes (si es que es Cervantes quien habla, en el cap\u00edtulo XVIII de la segunda parte, por boca de Diego de Miranda) no parece diagnosticar quiebra alguna en el discurso de Don Quijote, y su locura la pone m\u00e1s bien en la incongruencia entre su discurso, en s\u00ed mismo sano, y sus acciones, entre sus \u00abpalabras\u00bb y sus \u00abhechos\u00bb, dir\u00e1n otros. Cuando don Lorenzo, el hijo poeta de don Diego, pregunta a su padre su opini\u00f3n sobre el caballero que ha invitado a su casa (\u00abel nombre, la figura y el decir que es caballero andante, a m\u00ed y a mi madre nos tiene suspensos\u00bb), don Diego responde:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No s\u00e9 lo que te diga, hijo; s\u00f3lo te sabr\u00e9 decir que le he visto hacer cosas del mayor loco del mundo y decir razones tan discretas,&nbsp;<em>que borran y deshacen sus hechos.<\/em> (II, 18; cursiva nuestra.)<\/p>\n\n\n\n<p>No es por tanto propiamente&nbsp;<em>que los hechos deshagan las palabras<\/em>; la situaci\u00f3n es mucho m\u00e1s interesante:&nbsp;<em>son las palabras las que, seg\u00fan don Diego, deshacen los hechos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Don Diego, seg\u00fan este diagn\u00f3stico, parece desplazar la incongruencia de Don Quijote a un lugar distinto (aquel en el que se contraponen los discursos y las acciones), en el que su hijo don Lorenzo, el poeta, parec\u00eda ponerla inicialmente (el lugar en el que se contrapone el discurso y los hechos, sin distinci\u00f3n, por un lado, y por tanto el comportamiento global de Don Quijote, que ser\u00e1 coherente en s\u00ed mismo, y la expresi\u00f3n personal, no solo verbal, de los mismos (\u00abque el nombre, la figura y el decir que es caballero andante&#8230;\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe, en resumen, ensayar diferentes criterios. El que nos parece m\u00e1s plausible se basa en una distinci\u00f3n entre el discurso doctrinal (necesariamente abstracto, pol\u00edtico, filos\u00f3fico) y el juicio de aplicaci\u00f3n del discurso a las circunstancias concretas del momento, en el que ha de intervenir la prudencia, y la sind\u00e9resis, y no s\u00f3lo la sabidur\u00eda de los principios o de la ciencia de las conclusiones (la coherencia) de la doctrina. Cabr\u00eda poner en correspondencia el discurso doctrinal con el \u00abregistro representativo del lenguaje\u00bb, mientras que el juicio preferir\u00eda el registro del lenguaje expresivo o apelativo, que se dirige a personas en concreto.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, en el cap\u00edtulo 29 de la segunda parte (en el que Cervantes expone la famosa aventura del barco encantado) se le supone a Don Quijote una&nbsp;<em>ciencia<\/em> s\u00f3lida en su discurso sobre la Esfera, puesto que utiliza conceptos que Sancho no conoce: qu\u00e9 cosas sean coluros, l\u00edneas, paralelos, zodiacos, ecl\u00edpticas, polos, solsticios, equinocios, planetas, signos, puntos, medidas&#8230; Pero el discurso se quiebra \u2013como se quebrar\u00eda la lanza\u2013 al aplicarlo a las circunstancias concretas, all\u00ed donde el buen juicio, o la facultad de juzgar, de subsumir lo particular en lo universal, o rec\u00edprocamente, ha de ejercitarse rectamente. Don Quijote comienza a calcular \u00abcuantas paralelas\u00bb ha de atravesar el barco arrastrado por la corriente del Ebro; comienza a interpretar las ace\u00f1as como castillo en el que debe encontrarse alguna infanta o princesa malparada. El buen juicio lo mantiene aqu\u00ed Sancho, pero tambi\u00e9n la \u00abcanalla malvada\u00bb y los molineros de las ace\u00f1as \u00abque vieron venir aquel barco por el r\u00edo, y que se iba a embocar por el raudal de las ruedas\u00bb. \u00abLos cuales [molineros], oyendo y no entendiendo aquellas sandeces [de Don Quijote], se pusieron con sus varas a detener el barco, que ya iba entrando en el raudal y canal de las ruedas.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que parece aqu\u00ed imprescindible indicar es que la locura de Don Quijote, definida como quiebra del juicio, es tal que permite mantener intacto el discurso doctrinal \u00abacad\u00e9mico\u00bb (cient\u00edfico, filos\u00f3fico, pol\u00edtico). No es una locura com\u00fan, propia del esquizofr\u00e9nico que padece confusi\u00f3n y caos mental. La locura de Don Quijote es solo un caso particular de la misma quiebra de juicio que padecen los hombres m\u00e1s sabios, los pol\u00edticos o los cient\u00edficos, por ejemplo, que una vez que han construido firmemente su doctrina o su diagn\u00f3stico, tratan de aplicarlos al caso concreto, y si este se resiste, echar\u00e1n la culpa al caso, y no a la doctrina (\u00abel cad\u00e1ver miente\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Otra cosa es el origen de ese desajuste entre la doctrina y el hecho. \u00bfSe debe simplemente al dogm\u00e1tico empecinamiento del pol\u00edtico o del cient\u00edfico (que llega a proponer, pongamos por caso, como doctrina cierta, la teor\u00eda del big bang, sin perjuicio de los hechos en contra)? \u00bfSe trata de que los hechos son \u00abtrastocados\u00bb desde fuera (por ejemplo, desde el palacio de los duques), a fin de que aparezcan distintos a como deber\u00edan aparecer? Descartes, en d\u00edas muy pr\u00f3ximos a aquellos en los que Cervantes escrib\u00eda el&nbsp;<em>Quijote,<\/em> cuando&nbsp;<em>juzgaba<\/em> que \u00abacaso esta estufa sea una ilusi\u00f3n propiciada por un Genio Maligno enga\u00f1ador\u00bb, se enfrentaba con el mismo encantador con el que se encuentra Don Quijote.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque tambi\u00e9n Don Quijote recurre al encantamiento de un Genio Maligno para explicar la falta de ajuste entre las doctrinas sanas y los hechos de experiencia. El propio Sancho llegaba a veces a \u00abperder el juicio\u00bb como le ocurri\u00f3 en el episodio de los cueros de vino acuchillados por Don Quijote (I, 35), que los tom\u00f3 por gigantes, y al vino derramado por sangre. \u00bfQui\u00e9n no asocia este \u00abencantamiento\u00bb de la transformaci\u00f3n del vino en sangre con los debates del siglo XVII, entre galileanos, gassendistas y cartesianos, a prop\u00f3sito de la presencia real de Cristo en la Eucarist\u00eda, y de la transubstanciaci\u00f3n eucar\u00edstica? Pero la doctrina de Santo Tom\u00e1s, si la consideramos como un propotipo de discurso teol\u00f3gico racional, casi perfecto, dentro de los principios del hilemorfismo creacionista, \u00bfqu\u00e9 tiene que ver con esa locura de ver en el pan y el vino el cuerpo y la sangre de Cristo?<\/p>\n\n\n\n<p>Nos permitimos advertir que la dificultad no aparece tanto en el terreno del discurso doctrinal teol\u00f3gico de Santo Tom\u00e1s, cuanto en el juicio concreto acerca de si&nbsp;<em>este<\/em> pan de trigo, como hostia consagrada, es el cuerpo de Cristo, y si&nbsp;<em>este<\/em> vino de uva, consagrado, es la sangre de Cristo. Pero s\u00f3lo puede asentirse a semejante juicio apelando a la acci\u00f3n divina, a un milagro, que es de alg\u00fan modo obra de encantamiento. De un encantamiento que, como en el caso de Don Quijote, transforma el vino en sangre, y el pan en carne. (Cuando se cambiaba el discurso tomista, la doctrina, por ejemplo el hilemorfismo por el atomismo, el encantamiento se hac\u00eda mucho m\u00e1s dif\u00edcil; y la defensa de la doctrina atom\u00edstica ser\u00eda el motivo por el cual, y no por su heliocentrismo, habr\u00eda comenzado la persecuci\u00f3n de Galileo.)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El discurso de las armas y las letras<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y entre los discursos m\u00e1s famosos, y tambi\u00e9n m\u00e1s racionales y sanos, atribuidos a Don Quijote por Cervantes (en cuya exposici\u00f3n, seg\u00fan hemos insinuado, estar\u00eda Cervantes manifestando su propio pensamiento), hay que contar, sin duda alguna, el \u00abCurioso discurso de las armas y las letras\u00bb (Primera parte, final del cap\u00edtulo 37 y 38).<\/p>\n\n\n\n<p>Este Discurso, en s\u00ed mismo, no tiene quiebra, ni la tienen las armas a las cuales all\u00ed se aluden. Precisamente porque son \u00abarmas aludidas\u00bb (pintadas) y no armas utilizadas (vivas). La quiebra del discurso de las Armas y las Letras no aparece en alguna grieta o inconsistencia que en el mismo discurso podamos advertir, sino en el momento de su aplicaci\u00f3n, pongamos por caso, en la falta de juicio que se manifiesta al tomar las aspas de los molinos por brazos armados de gigantes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY cual es la sustancia de este discurso perfecto de las armas y las letras? Es decir, \u00bfcontra quien se dirige?<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestros d\u00edas, en los cuales el&nbsp;<a href=\"http:\/\/nodulo.org\/ec\/2003\/n014p02.htm\">\u00abs\u00edndrome de pacifismo fundamentalista\u00bb (SPF)<\/a>sacude intensamente a los ciudadanos y a los fieles (otros dir\u00e1n, a\u00fan situados en \u00abla izquierda\u00bb, pero con reminiscencias clericales: sacude intensamente \u00aba las conciencias\u00bb), quienes exaltan, en su cuarto centenario, a Don Quijote, esperar\u00e1n poder levantar a su figura como un emblema m\u00e1s del pacifismo salvador. \u00bfNo dice Don Quijote en su discurso que \u00ablas armas tienen por fin y objeto la paz\u00bb? \u00bfAcaso no recuerda Don Quijote en su discurso, aunque sin citarlo expresamente, a San Lucas, que en palabras de su Evangelio, con las que despu\u00e9s se comenzar\u00e1 el c\u00e1ntico de la misa, dice: \u00abGloria sea en las alturas, y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s a\u00fan, quienes, con Bataillon y tantos otros, ven a Cervantes como uno m\u00e1s de los espa\u00f1oles impregnados por Erasmo (\u00bfqu\u00e9 escritor del siglo de oro espa\u00f1ol merecer\u00eda ser citado por estos eruditos sectarios si no fuera porque en aquel discurso ven reproducida alguna idea de Erasmo?), leer\u00e1n el curioso discurso de Don Quijote como una versi\u00f3n de la doctrina del pacifismo evang\u00e9lico erasmista.<\/p>\n\n\n\n<p>A fin de cuentas, Erasmo fue el gran abanderado del pacifismo de su \u00e9poca; la \u00e9poca en la que, en Espa\u00f1a, Vitoria y otros te\u00f3logos argumentaban a favor de la guerra, de la guerra que llamaban \u00abjusta\u00bb. Pero a Erasmo no le gustaba Espa\u00f1a, porque era tierra en donde se toleraba con exceso a los jud\u00edos; aparte de ello el pacifismo de Erasmo no era tampoco un pacifismo puramente evang\u00e9lico, porque estaba entretejido con intereses mundanos del siglo. Erasmo dec\u00eda ser neutral: Francisco, rey de Francia, busca la paz, pero tambi\u00e9n Carlos la busca. Por eso dir\u00eda Francisco: \u00abMi primo y yo estamos siempre de acuerdo, los dos queremos Mil\u00e1n.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el&nbsp;<em>Discurso de las armas y de las letras<\/em> de Don Quijote no es un discurso pacifista, ni, menos a\u00fan, es un discurso \u00aberasmista\u00bb. A lo sumo podr\u00eda interpretarse como un discurso contra Erasmo (salvo que se suponga, y es mucho suponer, que Cervantes elogia la&nbsp;<em>locura<\/em> de Don Quijote cuando \u00e9ste empu\u00f1a sus armas). Y esto porque la doctrina que Don Quijote expone es, ni m\u00e1s ni menos, no la doctrina de Erasmo, sino la doctrina de Arist\u00f3teles.<\/p>\n\n\n\n<p>Erasmo, en su&nbsp;<em>Querella de la paz de cualesquiera pueblos, echada y derrotada,<\/em> publicada en 1529, defiende, desde luego, la&nbsp;<em>paz,<\/em> atacando a las&nbsp;<em>armas,<\/em> en beneficio de las&nbsp;<em> letras<\/em> y, sobre todo, de las&nbsp;<em>letras divinas<\/em>: la paz de Erasmo es la paz evang\u00e9lica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 se diferencia el hombre de los animales? En que el hombre, dice Erasmo, a pesar de tener inteligencia, se comporta de un modo m\u00e1s bestial del que las bestias acostumbran para relacionarse con las de su misma especie. Pero Erasmo, invent\u00e1ndose la etolog\u00eda, y sobre todo la etolog\u00eda humana, dice: \u00abEntre las bestias m\u00e1s feroces encuentro yo m\u00e1s grata hospitalidad que entre los hombres.\u00bb Los animales viven en concordia cuasi civil. A menudo los elefantes se comportan entre s\u00ed como hermanos; los leones no se embravecen ante los leones; la v\u00edbora no muerde a la v\u00edbora. Deber\u00eda bastar el vocablo \u00abhombre\u00bb para establecer la avenencia entre los hombres. Y aunque la naturaleza los hubiera derribado o hecho caer, \u00bfno les bastaba Cristo? Cristo es el principio de la paz. A Cristo no le anuncian b\u00e9licas trompetas. \u00bfPor qu\u00e9 los hombres mueven guerras permanentes, a pesar de su inteligencia? Acaso por su pecado original. Pero Erasmo parece estar diciendo que si la inteligencia, o la raz\u00f3n, no hubiera sido menoscabada en el hombre por el pecado, como dec\u00eda San Agust\u00edn, los hombres dejar\u00edan de cultivar las armas, precisamente en virtud de su racionalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha se\u00f1alado una posible relaci\u00f3n entre la&nbsp;<em>Querela pacis<\/em> de Erasmo, en que acusa la ambici\u00f3n de los pr\u00edncipes belicosos, y el programa de Vitoria,&nbsp;<em>De iuri belli.<\/em> Manuel de Montoliu (<em>Alma de Espa\u00f1a,<\/em> p\u00e1gs. 632, 633) defiende esta relaci\u00f3n. Pero semejante apreciaci\u00f3n, a nuestro juicio, carece de todo fundamento, y es s\u00f3lo fruto de la erasmoman\u00eda. Vitoria no es pacifista al modo de Erasmo; su posici\u00f3n sobre la guerra justa es precisamente la contraria a Erasmo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero mientras que Erasmo afirmaba que los hombres deber\u00edan dejar de cultivar las armas, precisamente en virtud de su racionalidad, Don Quijote comienza reivindicando la condici\u00f3n racional de las armas. El hombre es animal racional, luego tambi\u00e9n han de serlo las armas, inventadas por el hombre. Tanto m\u00e1s importante es esta conclusi\u00f3n de Don Quijote cuando advertimos que sus armas no son armas-m\u00e1quina (armas de disparar, como flechas, bolas, armas de fuego, granadas; menos a\u00fan armas autom\u00e1ticas, como cepos o misiles inteligentes) sino armas-instrumento (armas de blandir, como espadas o lanzas).<\/p>\n\n\n\n<p>No imaginamos a Don Quijote manejando un arco o un arcabuz. Don Quijote s\u00f3lo utiliza, como buen caballero andante, armas-instrumento, es decir, armas cuyo impulso lo reciben directamente del cuerpo del caballero, de forma que sea \u00e9l quien directamente tome contacto con el cuerpo del enemigo, y en lucha \u00abcuerpo a cuerpo\u00bb con \u00e9l pueda percibir sus reacciones inmediatas. Los et\u00f3logos de hoy toman este criterio como base para distinguir la conducta agresiva animal (la conducta agresiva que act\u00faa directamente sobre el cuerpo del enemigo) y la conducta agresiva humana, cuando \u00e9sta establece una desconexi\u00f3n cada vez mayor entre el agredido y el agresor. Lorenz habl\u00f3 de un \u00abdescarrilamiento del instinto de agresi\u00f3n\u00bb, derivado de esta desconexi\u00f3n, cuyos primeros grados aparecer\u00edan ya en chimpanc\u00e9s, u otros animales que lanzan piedras, aunque propiamente no las disparan: la aceleraci\u00f3n que experimenta la piedra lanzada con la mano \u2013dejamos de lado la aceleraci\u00f3n de la piedra lanzada con honda o la que es efecto de la gravedad\u2013 toma su fuerza de la mano que la lanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no nos autorizar\u00eda esta distinci\u00f3n entre armas-instrumento (cuya energ\u00eda procede del organismo, que utiliza los instrumentos como si fuesen \u00f3rganos suyos: garras, colmillos, pu\u00f1os) y armas-m\u00e1quina, a clasificar las armas instrumentales como armas animales irracionales. Las \u00abarmas org\u00e1nicas\u00bb no son, sencillamente, armas, sino \u00f3rganos de ataque o defensa de un animal, o incluso a veces de una planta (espinas, venenos). Pero las armas instrumentales ya son armas estrictas, herramientas normadas, contenidos de la cultura humana, por lo tanto, como dice Don Quijote, racionales.<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, ni las armas ni la guerra es propia de animales irracionales. La guerra no es cuesti\u00f3n de fuerza bruta, asentada en el cuerpo. La guerra supone el esp\u00edritu, el ingenio:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAhora no hay que dudar sino que esta arte y ejercicio [de las armas de la andante caballer\u00eda] excede a todas aquellas y aquellos que los hombres inventaron, y tanto m\u00e1s se ha de tener en estima cuanto a m\u00e1s peligros est\u00e1 sujeto. Qu\u00edtenseme delante los que dijeren que las letras [las letras de los letrados, de los legistas, del Estado de derecho] hacen ventaja a las armas, que les dir\u00e9, y sean quienes se fueren, que no saben lo que dicen. Porque la raz\u00f3n que los tales suelen decir y a lo que ellos m\u00e1s se atienen es que los trabajos del esp\u00edritu exceden a los del cuerpo y que las armas solo con el cuerpo se ejercitan, como si fuese su ejercicio oficio de ganapanes, para el cual no es menester m\u00e1s de buenas fuerzas, o como si en esto que llamamos armas los que las profesamos no se encerrasen los actos de la fortaleza, los cuales piden para ejecutarlos mucho entendimiento, o como si no trabajase el \u00e1nimo del guerrero que tiene a su cargo un ej\u00e9rcito o la defensa de una ciudad sitiada as\u00ed con el esp\u00edritu como con el cuerpo.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Y todav\u00eda dir\u00e1 m\u00e1s: las armas tienen un fin superior a las letras (\u00aby no hablo ahora de las [letras] divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo\u00bb), porque mientras las letras [las que giran en torno a las normas \u00e9ticas, morales, pol\u00edticas o jur\u00eddicas] tienen como fin y paradero \u00abentender y hacer que las buenas leyes se guarden\u00bb, este fin no es digno de tanta alabanza como la que merece \u00abaquel a que las armas atienden, las cuales tienen por objeto y fin la paz (&#8230;) Esta paz es el verdadero fin de la guerra, que lo mismo es decir armas que guerra.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, esta famosa proposici\u00f3n (\u00abLa paz es el fin de la guerra\u00bb) procede, como es sabido, de Arist\u00f3teles (<em>Pol\u00edtica,<\/em> 1334 a15). Pero hay dos modos principales de interpretarla:<\/p>\n\n\n\n<p>(1) La Paz, universal y perpetua, es el fin de todas y cada una de las guerras; una paz que habr\u00eda que entenderla, por tanto, como una reconciliaci\u00f3n mutua y sempiterna de los contendientes.<\/p>\n\n\n\n<p>(2) La Paz no es un fin universal e indiferenciado de todas las guerras, sino el fin particular y espec\u00edfico de cada guerra: quien est\u00e1 en guerra busca la Paz, pero esta paz es la Paz de su victoria. Quien entra en la guerra colabora a un desorden; y el fin de la guerra es restablecer el orden, pero tal como lo entiende el que quiere vencer. Por ello, el fin de la guerra es la Paz, la Paz de la victoria, del orden victorioso y estable que haya logrado establecer el vencedor.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera interpretaci\u00f3n de la proposici\u00f3n de Arist\u00f3teles es claramente meta-hist\u00f3rica, por no decir metaf\u00edsica. Si la Paz fuese la ley universal de los hombres, como animales racionales, la \u00fanica manera de explicar hist\u00f3ricamente las guerras ser\u00eda suponer que los hombres, a lo largo de la historia, han entablado guerras por su irracionalidad; es decir, habr\u00eda que suponer que toda la historia del hombre es la historia de la sinraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo la segunda interpretaci\u00f3n puede recibir un significado hist\u00f3rico positivo, desde el supuesto de que la humanidad no tiene existencia como tal, sino que est\u00e1 originariamente distribuida en partes que no tienen por qu\u00e9 ser compatibles ni congruentes entre s\u00ed. La guerra habr\u00e1 sido la forma extremada de la relaci\u00f3n ordinaria entre esas partes.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando, desde este supuesto, hablemos de paz, como fin de la guerra, nos referiremos a la guerra real, a cada guerra en particular; y entonces hablar de paz ya puede tener un sentido pol\u00edtico e hist\u00f3rico, y no metaf\u00edsico o metahist\u00f3rico. Hablar de la paz como fin de la guerra es hablar de una paz pol\u00edtica: bien sea de la Pax Romana, bien sea de la Pax Hispana, bien sea de la Pax Brit\u00e1nica o bien sea de la Pax Sovi\u00e9tica (de la que Stalin se proclam\u00f3 abanderado en 1950). La paz es el fin al que aspira la guerra con el objetivo de instaurar el orden inestable que la misma guerra ha comprometido, reconstruy\u00e9ndolo a medida del vencedor.<\/p>\n\n\n\n<p>Que la proposici\u00f3n de Arist\u00f3teles entiende la paz como fin de la guerra, en este sentido positivo, se corrobora con otro pasaje suyo, un poco anterior al citado (<em>Pol\u00edtica,<\/em> 1333), en donde Arist\u00f3teles pone en correspondencia la contraposici\u00f3n trabajo\/ocio con la contraposici\u00f3n guerra\/paz, y dice: \u00abLa guerra tiene como fin la paz, como el trabajo el ocio.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso la guerra, en cuanto actividad racional que tiene como fin la paz, o el orden justo obtenido tras la victoria, implica tambi\u00e9n racionalidad de este orden y de las operaciones que conducen a \u00e9l. Por ello la guerra no puede tener como fin la esclavizaci\u00f3n de los hombres que no lo merecen, y menos a\u00fan su exterminio. La paz a la que aspira la guerra ha de tener como fin:<\/p>\n\n\n\n<p>(a) O bien evitar ser esclavizados por otros: es el fin al que aspiran las guerras defensivas.<\/p>\n\n\n\n<p>(b) O bien lograr obtener la hegemon\u00eda sobre otros, no para dominarlos simplemente, sino para proporcionarles bienes mejores de los que disfrutan. Se trata de lo que despu\u00e9s se han llamado guerras de civilizaci\u00f3n, o tambi\u00e9n guerras de liberaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>(c) O bien la guerra tiene como fin gobernar a los que merecen ser gobernados, incluso como esclavos. Vitoria, incluso Sep\u00falveda, asumir\u00e1n este tercer fin de la guerra como un t\u00edtulo de guerra justa, si es que \u00e9l se propone tutelar y educar a los pueblos incapaces de gobernarse a s\u00ed mismos, hasta lograr que desarrollen sus propias capacidades.<\/p>\n\n\n\n<p>(Sobre estos asuntos v\u00e9ase nuestro libro&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.fgbueno.es\/gbm\/gb2004vc.htm\"><em>La vuelta a la caverna. Terrorismo, guerra y globalizaci\u00f3n,<\/em><\/a> I, 4: \u00abLa Paz como objetivo final de la Guerra\u00bb. Para la pol\u00e9mica Sep\u00falveda, Vitoria, Las Casas, v\u00e9ase el an\u00e1lisis de Pedro Insua,&nbsp;<a href=\"http:\/\/nodulo.org\/ec\/2003\/n015p12.htm\">\u00abQuiasmo sobre &#8216;Salamanca y el Nuevo Mundo&#8217;\u00bb,<\/a> <em>El Catoblepas,<\/em> n\u00famero 15, mayo de 2003 [http:\/\/nodulo.org\/ec\/2003\/n015p12.htm].)<\/p>\n\n\n\n<p>No parece, en conclusi\u00f3n, que pueda afirmarse que Don Quijote est\u00e1 predicando, en su famoso discurso, un pacifismo pol\u00edtico y una requisitoria contra las armas a favor de las letras. Podr\u00e1 estar dibujada en su horizonte una Edad de Oro, que por otra parte tampoco se identifica con la Paz evang\u00e9lica, que \u00e9l invoca en otras ocasiones. A lo sumo Don Quijote estar\u00eda defendiendo un orden \u2013una paz\u2013 susceptible de ser mantenida a trav\u00e9s de leyes justas, que a su vez s\u00f3lo por la fuerza de las armas podr\u00edan ser efectivas. Este es el fundamento de la superioridad que, en su famoso discurso, Don Quijote (Cervantes) atribuye a las armas sobre las letras: sobre las letras humanas (de las letras divinas no quiere hablar), sobre las letras propias de los letrados, es decir, sobre las letras de las leyes.<\/p>\n\n\n\n<p>Si utiliz\u00e1semos el concepto que, dos siglos despu\u00e9s, crearon algunos letrados alemanes (como Robert von Mohl), el concepto de&nbsp;<em>Rechtsstaat,<\/em> que nosotros traducimos como \u00abEstado de Derecho\u00bb, tendr\u00edamos que concluir que, para Don Quijote, el \u00abEstado de Derecho\u00bb \u2013el Estado de los letrados, el Estado de los legistas\u2013 carece de fuerza por s\u00ed mismo, y que la fuerza de obligar que \u00e9l pueda tener la recibe de las armas capaces de hacer cumplir las sentencias de los jueces; as\u00ed como tambi\u00e9n fueron las armas las que hicieron posible que el orden representado por esas leyes prevaleciera sobre otros \u00f3rdenes distintos, contrapuestos o alternativos.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Quijote, por su parte, se considera siempre muy lejos de cualquier tribunal de justicia: \u00ab\u00bfY d\u00f3nde has visto t\u00fa o le\u00eddo jam\u00e1s que caballero andante haya sido puesto ante la justicia, por m\u00e1s homicidios que hubiese cometido?\u00bb (I, 10.) Don Quijote, como caballero andante soberano, asume la posici\u00f3n tradicional de todo soberano, de la Iglesia, dotada de fuero propio, o del Rey de las monarqu\u00edas absolutas, y residualmente de las constitucionales: \u00abLa persona del Rey es inviolable y no est\u00e1 sujeta a responsabilidad.\u00bb (art\u00edculo 56.3 de la&nbsp;<em>Constituci\u00f3n espa\u00f1ola<\/em> de 1978.) Pero tambi\u00e9n asume la posici\u00f3n que siempre corresponde a la soberan\u00eda pol\u00edtica efectiva, la de un Imperio (como pueda serlo actualmente Estados Unidos de Norteam\u00e9rica), a quien ning\u00fan Tribunal Internacional de Justicia (real y no de papel, como los que actualmente fingen serlo) puede juzgar, porque el cumplimiento de sus sentencias s\u00f3lo es posible si es el Imperio mismo quien obliga a cumplirlas.<\/p>\n\n\n\n<p>El orden representado en las leyes que pueda presidir a una Naci\u00f3n, tal como la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, s\u00f3lo puede mantenerse por la fuerza de las armas, que lo crearon y lo sostienen por debajo: las armas que lleva Don Quijote, pero no en solitario, sino asistido por Sancho y por Dulcinea, de la cual podr\u00e1n salir los nuevos soldados y los nuevos legistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Una Naci\u00f3n desarmada o d\u00e9bil s\u00f3lo podr\u00e1 asumir el orden que le impongan otras Naciones o Imperios mejor armados. Y, por ello, las armas deben ser consideradas superiores y m\u00e1s racionales que las letras, que las leyes:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAhora no hay que dudar sino que esta arte y ejercicio [de las armas] excede a todas aquellos y aquellos que los hombres inventaron, y tanto m\u00e1s se ha de tener en estima cuanto a m\u00e1s peligros est\u00e1 sujeto. Qu\u00edtenseme delante los que dijeren que las letras [la leyes del Estado de Derecho] hacen ventaja a las armas, que les dir\u00e9, y sean quien se fueren, que no saben lo que dicen. Porque la raz\u00f3n que los tales suelen decir y a lo que ellos m\u00e1s se atienen es que los trabajos del esp\u00edritu exceden a los del cuerpo y que las armas solo con el cuerpo se ejercitan, como si fuese su ejercicio oficio de ganapanes, para el cual no es menester m\u00e1s de buenas fuerzas, o como si en esto que llamamos armas los que las profesamos no se encerrasen los actos de la fortaleza, los cuales piden para ejecutarlos mucho entendimiento, o como si no trabajase el \u00e1nimo del guerrero que tiene a su cargo un ej\u00e9rcito o la defensa de una ciudad sitiada as\u00ed con el esp\u00edritu como con el cuerpo.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Las armas, en resoluci\u00f3n, tienen un fin superior a las letras (\u00aby no hablo ahora de las letras divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo\u00bb), porque mientras las letras tienen por fin y paradero entender y hacer que las buenas leyes se guarden, este fin no es digno de tanta alabanza, como el que merece aquel al que las armas atienden, las cuales tienen por objeto y fin la paz. La paz es el verdadero fin de la guerra, puesto que lo mismo es decir armas que guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Quijote nos obliga a afirmar \u2013tal es nuestra interpretaci\u00f3n\u2013 que si Espa\u00f1a existe, que si Espa\u00f1a puede resistir sus amenazas, que si Espa\u00f1a es una Naci\u00f3n y quiere seguir si\u00e9ndolo, todo esto no pudo resultar ni podr\u00e1 mantenerse solamente con las letras, con las leyes, con el Estado de derecho. Son necesarias las armas, es decir, es necesario estar preparados para la guerra, puesto que como afirma Don Quijote: \u00abLo mismo es decir armas que guerra.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dado el indudable inter\u00e9s de este libro del profesor&nbsp;Gustavo Bueno&nbsp;(Espa\u00f1a no es un mito. 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