{"id":1253,"date":"2019-02-28T20:08:25","date_gmt":"2019-02-28T20:08:25","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost\/spanishclassicbooks\/?p=1253"},"modified":"2019-11-28T19:49:36","modified_gmt":"2019-11-28T19:49:36","slug":"espana-no-es-un-mito-pregunta-4-espana-es-una-nacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/espana-no-es-un-mito-pregunta-4-espana-es-una-nacion\/","title":{"rendered":"Espa\u00f1a no es un mito &#8211; Pregunta 4: \u00bfEspa\u00f1a es una naci\u00f3n?"},"content":{"rendered":"\n<p>Dado el indudable inter\u00e9s de este libro del profesor&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.fgbueno.es\/ing\/gbm.htm\">Gustavo Bueno<\/a>&nbsp;(<em>Espa\u00f1a no es un mito<\/em>. Madrid: Temas de Hoy, 2005) que se encuentra actualmente descatalogado, proseguimos la edici\u00f3n digital de esta obra, con la cuarta pregunta:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfESPA\u00d1A ES UNA NACI\u00d3N?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Es necesario partir, por razones de m\u00e9todo, de la respuesta afirmativa a esta pregunta<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si sobreentendemos que la \u00abNaci\u00f3n\u00bb a la que se refiere esta pregunta es la \u00abNaci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb, entonces la respuesta tiene que ser contestada de un modo rotundamente afirmativo e inapelable: s\u00ed, Espa\u00f1a es una Naci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>No estamos aqu\u00ed, por tanto, ante una cuesti\u00f3n discutible: estamos ante una cuesti\u00f3n de hecho, y no cabe dar beligerancia alguna al adulto que la pone en duda, aunque sea en nombre de su disposici\u00f3n a un \u00abdi\u00e1logo abierto a todas las hip\u00f3tesis\u00bb. Porque no cabe hacer hip\u00f3tesis positivas, salvo que seamos metaf\u00edsicos o epistem\u00f3logos, sobre los hechos que se dan por incontrovertibles. En nuestro caso, por los \u00abhechos constitucionales\u00bb (que son una clase particular de los \u00abhechos normativos\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Otra cosa es que la discusi\u00f3n se lleve al terreno no de&nbsp;<em>los hechos<\/em>, sino, por ejemplo, al terreno de&nbsp;<em>los derechos<\/em>; o bien al terreno del mal llamado&nbsp;<em>deber ser<\/em>, como si \u00e9ste pudiera enfrentarse al&nbsp;<em>ser<\/em>, como si, el&nbsp;<em>ser<\/em>, el&nbsp;<em>hecho<\/em>, no pudiera contenerse ya impl\u00edcito en el&nbsp;<em>deber ser<\/em>, en el \u00abhecho que hace derecho\u00bb. Porque una cosa es afirmar, en el terreno de los hechos constitucionales, que Espa\u00f1a es una Naci\u00f3n pol\u00edtica, y otra cosa es dudar o negar, en el terreno que se quiera, que&nbsp;<em>deba o pueda<\/em> seguir si\u00e9ndolo, o que lo hubiera sido ya en el siglo X o en el XVII.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n se complica inmediatamente cuando el t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n\u00bb deja de mantener su significado en el terreno de la \u00abNaci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb y comienza a ser utilizado en otros sentidos, por ejemplo, en el sentido de la \u00abnaci\u00f3n \u00e9tnica\u00bb o incluso en el sentido de la \u00abnaci\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb, que es, a nuestro entender, el sentido que el bachiller Carrasco empleaba cuando le dec\u00eda a Don Quijote que era \u00abhonor y espejo de la naci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb. Pero en el siglo XVII, ninguna Constituci\u00f3n pol\u00edtica hab\u00eda establecido la instituci\u00f3n de la \u00abNaci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb; por lo que las palabras del bachiller no podr\u00edan tomarse como prueba de un \u00abhecho constitucional\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la perspectiva de los \u00abhechos constitucionales\u00bb, aquellos en los que se apoya el positivismo jur\u00eddico m\u00e1s estricto, que se atiene a las&nbsp;<em>leges datae<\/em> (y no a las&nbsp;<em>leges ferendae<\/em>), la respuesta a la pregunta titular, en cuanto cuesti\u00f3n de hecho, es inequ\u00edvoca: Espa\u00f1a es una Naci\u00f3n, una Naci\u00f3n pol\u00edtica. Y esto implica que es necesario reconocer esta respuesta afirmativa como punto de partida inapelable para cualquier debate ulterior. Nos parece capciosa, y en todo caso l\u00f3gicamente inadmisible, la aceptaci\u00f3n de la duda, ni siquiera met\u00f3dica, como punto de partida del debate, o simplemente la aceptaci\u00f3n de la ambig\u00fcedad ante la respuesta a una pregunta entendida como cuesti\u00f3n de hecho, y como cuesti\u00f3n que debe ser decisible de modo rotundo y terminante. Porque la duda, o la ambig\u00fcedad, en este caso, equivaldr\u00eda a confundir el&nbsp;<em>hecho efectivo<\/em> con la&nbsp;<em>supuesta posibilidad<\/em> de otros hechos, es decir, a incurrir en la confusi\u00f3n entre el&nbsp;<em>factum<\/em> y el&nbsp;<em>posse<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esta confusi\u00f3n es intolerable l\u00f3gicamente, incluso ante quienes pretenden remover o destruir el hecho efectivo, sustituy\u00e9ndolo, por ejemplo, por un \u00abhecho futuro\u00bb que, por raz\u00f3n de ser futuro, no es todav\u00eda un hecho, aunque quienes lo desean lo contemplen como si fuera real, envolvi\u00e9ndolo en la \u00abaureola\u00bb de su supuesta indefectibilidad futura (o eventualmente, en la supuesta realidad de un pret\u00e9rito no menos cierto).&nbsp;<em>Quienes buscan remover o destruir la condici\u00f3n de Espa\u00f1a como Naci\u00f3n pol\u00edtica tienen tambi\u00e9n que partir necesariamente del hecho de Espa\u00f1a como Naci\u00f3n pol\u00edtica<\/em>. No pueden fingir, ni siquiera met\u00f3dicamente, que ellos ya saben (desde el futuro) que Espa\u00f1a no es una Naci\u00f3n pol\u00edtica, como si quienes lo afirman fuesen quienes tuvieran que demostrarlo. En las cuestiones de hecho, quien niega es el que tiene que cargar con la prueba. Son quienes dudan del hecho, o quienes lo niegan, o simplemente quienes le quitan importancia para debates ulteriores (Peces Barba, Zapatero: \u00abLa distinci\u00f3n entre&nbsp;<em>naci\u00f3n<\/em> y&nbsp;<em>nacionalidad<\/em> es mera cuesti\u00f3n sem\u00e1ntica\u00bb), aquellos que tienen que comenzar reconociendo el hecho efectivo: que Espa\u00f1a es una naci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo en debates escolares (que a veces se prolongan en las academias universitarias y hasta en los Parlamentos), entre alumnos indocumentados, puede tener alg\u00fan sentido comenzar poniendo en tela de juicio las respuestas evidentes a la pregunta que nos ocupa. Pero en un debate pol\u00edtico entre gentes adultas, que hay que suponer \u00abdocumentadas\u00bb, porque han dejado ya muy atr\u00e1s su \u00e9poca escolar, la \u00e9poca de la existencia propia de los adolescentes, ser\u00eda una concesi\u00f3n gratuita y est\u00fapida, tomada en nombre de una \u00abdisposici\u00f3n dialogante y abierta a todas las hip\u00f3tesis\u00bb, la de evitar partir del hecho irrebatible de que Espa\u00f1a es una Naci\u00f3n pol\u00edtica, y de que este hecho, por tanto, debe tener sus causas objetivas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las \u00abpruebas del hecho\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, y aun cuando los fundamentos hist\u00f3ricos del&nbsp;<em>hecho<\/em> que tomamos como punto de partida de nuestros an\u00e1lisis (el \u00abhecho\u00bb de que Espa\u00f1a es una Naci\u00f3n pol\u00edtica) vienen de muy atr\u00e1s, ser\u00eda suficiente, y seguramente necesario, atenernos, como fundamentos fundamentales m\u00e1s relevantes del \u00abhecho constitucional\u00bb que obligadamente han de ser tenidos en cuenta en la discusi\u00f3n, a los seis siguientes. Los dos primeros manifiestan el reconocimiento \u00abinterno\u00bb del hecho, los cuatro \u00faltimos expresan el reconocimiento \u00abexterno\u00bb o internacional del mismo hecho:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>El primero y principal, los art\u00edculos 1 y 3 de la Constituci\u00f3n espa\u00f1ola de 1812, que define \u00abla Naci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb como \u00abla reuni\u00f3n de todos los espa\u00f1oles de ambos hemisferios\u00bb (art\u00edculo 1) y a la que se hace depositaria de la soberan\u00eda, \u00abla soberan\u00eda reside esencialmente en la Naci\u00f3n\u00bb (art\u00edculo 3).<\/li><li>El segundo (si omitimos, huyendo de la prolijidad, la referencia a las Constituciones de 1837, 1845, 1869, 1876, 1931) el art\u00edculo 1 de la Constituci\u00f3n espa\u00f1ola de 1978, hoy vigente, que establece la realidad de la Naci\u00f3n espa\u00f1ola \u00abuna e indivisible\u00bb<\/li><li>El tercero, la condici\u00f3n que Espa\u00f1a alcanz\u00f3 como miembro adherido al Pacto de la Sociedad de Naciones, que fue aprobado el 28 de abril de 1919.<\/li><li>El cuarto, la condici\u00f3n de Espa\u00f1a, desde 1955 (veinte a\u00f1os antes de la muerte del general Franco), como miembro de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas (ONU), creada en el a\u00f1o 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial.<\/li><li>El quinto fundamento es la pertenencia de Espa\u00f1a, desde 1986, a la Organizaci\u00f3n del Atl\u00e1ntico Norte (OTAN), creada en 1949.<\/li><li>El sexto fundamento es la pertenencia de Espa\u00f1a al Mercado Com\u00fan Europeo desde 1986, y desde 1991 como uno de los diez Estados nacionales (ampliados diez a\u00f1os despu\u00e9s a veinticinco) que suscriben el Tratado de Maastricht por el que se crea la Uni\u00f3n Europea.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<p>Nos permitimos subrayar que estos&nbsp;<em>documentos<\/em>, en los que se acredita a Espa\u00f1a la condici\u00f3n de Naci\u00f3n pol\u00edtica, se mantienen a una escala muy distinta -la escala de la pol\u00edtica real- de aquella en la que pueden hacerse valer los documentos que indican, por ejemplo, que hace diez siglos un hijo de Alfonso III, don Ordo\u00f1o, recibi\u00f3 el t\u00edtulo (muy ef\u00edmero por cierto) de rey de Galicia; o aquellos otros que acreditan que Wifredo el Velloso o Borrel I se emanciparon del Imperio de Carlomagno; o los que acreditan que no s\u00f3lo Pisa, sino tambi\u00e9n Marsella, as\u00ed como el rey de Arag\u00f3n y el de Navarra, reconocieron a Alfonso X como emperador del Sacro Imperio Romano Germ\u00e1nico.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo escuchando a los ide\u00f3logos o portavoces de los partidos nacionalistas separatistas espa\u00f1oles de nuestros d\u00edas -a los ide\u00f3logos y partidarios del Bloque Galego, a los ide\u00f3logos y partidarios del Partido Nacionalista Vasco, o a los ide\u00f3logos y portavoces de Izquierda Republicana de Catalu\u00f1a-, se recibe la impresi\u00f3n de que estos personajes conceden m\u00e1s peso, en el terreno de la pol\u00edtica real actual, al testamento de Alfonso III que a la Constituci\u00f3n de C\u00e1diz. Que es como si concedi\u00e9ramos m\u00e1s peso pol\u00edtico actual al documento llamado \u00abdonaci\u00f3n de Constantino\u00bb que al Tratado de Maastrich. Y no es lo malo que estos ide\u00f3logos o portavoces separatistas confundan de modo infantil planos tan diferentes, porque a fin de cuentas ellos est\u00e1n haciendo propaganda de sus \u00abcomunidades\u00bb, considerando que es cosa ya probada por la Historia su condici\u00f3n de naciones o de reinos soberanos. Lo peor es que los gobiernos centrales espa\u00f1oles, por condescendencia o pacto criminal, den beligerancia a semejantes confusiones y patra\u00f1as, en lugar de comenzar exigiendo que se retire cualquier apelaci\u00f3n a los \u00abderechos hist\u00f3ricos\u00bb de Catalu\u00f1a, Pa\u00eds Vasco o Galicia, en el momento mismo de comenzar el debate sobre la reforma de los estatutos respectivos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tambi\u00e9n es un hecho pol\u00edtico la pretensi\u00f3n de rebajar importancia al hecho constitucional de que Espa\u00f1a es una Naci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, tambi\u00e9n es cierto que, sin perjuicio de sus fundamentos documentales irrefutables, la respuesta terminantemente afirmativa con la que hemos comenzado este cap\u00edtulo (\u00abEspa\u00f1a es una Naci\u00f3n \u00bb) es puesta en tela de juicio en nuestros d\u00edas, cada vez con mayor insistencia, por los nacionalistas separatistas, o por los historiadores \u00abde izquierdas\u00bb. En el debate sobre si Espa\u00f1a es o no es Naci\u00f3n (si no en el presente constitucional, s\u00ed en un futuro pr\u00f3ximo inmediato, que interesa dar como presente real, y que, por tanto, repercute sobre la interpretaci\u00f3n misma del presente constitucional) es muy importante reiterar la necesidad de tomar como punto de partida del an\u00e1lisis el reconocimiento de la afirmaci\u00f3n \u00abEspa\u00f1a es Naci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenzar no ya por la negaci\u00f3n (\u00abEspa\u00f1a no es una Naci\u00f3n\u00bb) sino por la mera interrogaci\u00f3n (\u00ab\u00bfEspa\u00f1a es una Naci\u00f3n?\u00bb) o por una evaluaci\u00f3n previa (\u00abEspa\u00f1a es una Naci\u00f3n pol\u00edtica pero s\u00f3lo en el terreno de las superestructuras\u00bb) podr\u00eda dar lugar al sobreentedido de que s\u00f3lo debi\u00e9ramos creernos obligados a mantener nuestra afirmaci\u00f3n central (Espa\u00f1a es Naci\u00f3n) como si fuera una afirmaci\u00f3n superficial cuya profundidad habr\u00eda que comenzar por demostrar, cuando, en realidad, quien tiene que demostrar que el reconocimiento de Espa\u00f1a como naci\u00f3n pol\u00edtica se mantiene solamente en el terreno superficial o superestructural es el que niega, duda o minimiza la afirmaci\u00f3n de partida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues tal sobreentendido equivaldr\u00eda a obligar a partir del supuesto de que Espa\u00f1a, \u00aben el fondo\u00bb, no es una Naci\u00f3n, y que todos los documentos que pudieran exhibirse para acreditar que lo es son \u00abmeramente ideol\u00f3gicos\u00bb o superestructurales (frente al \u00abfondo firme\u00bb que, sin documentos fehacientes, se quiere dar por supuesto a las comunidades aut\u00f3nomas fraccionarias).<\/p>\n\n\n\n<p>No es lo mismo, por tanto, enfrentarnos con la proposici\u00f3n \u00abEspa\u00f1a es una Naci\u00f3n\u00bb (o \u00ab\u00bfEspa\u00f1a es una Naci\u00f3n?\u00bb) desde la evidencia indiscutible de que Espa\u00f1a es una Naci\u00f3n (cualquiera que sea la naturaleza del terreno en el que apoyemos esta evidencia) que enfrentarnos a ella desde el supuesto de que no es una Naci\u00f3n, o desde la duda de que lo sea, o desde su menosprecio: \u00abA lo sumo, ser\u00e1 una Naci\u00f3n de Naciones\u00bb. Decimos menosprecio, pues bajo la apariencia de este t\u00edtulo grandilocuente se esconde una simple vaciedad, porque el concepto de \u00abNaci\u00f3n de Naciones\u00bb es imposible, y la mejor manera de menospreciar algo es tratar de reducirlo a la clase vac\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En el primer caso, cuando partimos de la afirmaci\u00f3n rotunda, obligaremos al que la niega o la pone en duda a demostrar su concepci\u00f3n sobre la supuesta naturaleza superficial y ef\u00edmera del terreno en el que apoyamos la afirmaci\u00f3n, y que sin duda tiene que reconocer; porque, si as\u00ed no lo hiciera, el debate ser\u00eda imposible desde el principio, y habr\u00eda que darlo por acabado. Es intolerable que nadie deje de admitir los fundamentos de nuestra respuesta afirmativa; otra cosa es que pretenda regresar a\u00fan m\u00e1s por debajo de tales fundamentos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el segundo caso, cuando partimos de la respuesta negativa, el que sigue negando o dudando se siente dispensado, ya al empezar, de probar sus supuestos, a saber, que los fundamentos dados en el plano constitucional, o en el del derecho internacional, son todos ellos aparentes, superestructurales o puramente coyunturales, \u00abporque la raz\u00f3n de fondo es que Espa\u00f1a no es una Naci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb. Cualquiera de los nacionalismos hist\u00f3ricos ser\u00e1 considerado leg\u00edtimo, pero no el \u00abnacionalismo espa\u00f1ol\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando partimos de la afirmaci\u00f3n \u00abEspa\u00f1a es Naci\u00f3n\u00bb, apoy\u00e1ndonos en fundamentos jur\u00eddicos, hist\u00f3ricos, constitucionales y de derecho internacional, lo que estamos dando a entender es que no tenemos por qu\u00e9 comenzar devaluando tales fundamentos. Dada la oscuridad de la idea de \u00absuperestructura\u00bb, es completamente gratuita la tesis seg\u00fan la cual las superestructuras (las \u00abNaciones de Naciones\u00bb) flotan sobre la base (las \u00abnacionalidades hist\u00f3ricas\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>En conclusi\u00f3n, quien parte del hecho indiscutible, reconocido en la afirmaci\u00f3n \u00abEspa\u00f1a es Naci\u00f3n\u00bb, ha de esperar que quien impugna que \u00aben el fondo\u00bb Espa\u00f1a sea una Naci\u00f3n (pol\u00edtica, ni siquiera una naci\u00f3n \u00e9tnica o hist\u00f3rica) tenga que demostrar la fragilidad de los fundamentos que ofrecemos de esa afirmaci\u00f3n, como cuesti\u00f3n de hecho y que, en cualquier caso, le exigimos reconocer, as\u00ed como tambi\u00e9n le exigimos que muestre las pruebas de su afirmaci\u00f3n sobre el car\u00e1cter primario y b\u00e1sico de su \u00abnacionalidad hist\u00f3rica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La energ\u00eda de quienes niegan que Espa\u00f1a es Naci\u00f3n no brota de las \u00abizquierdas\u00bb sino de la \u00abderecha\u00bb, del Antiguo R\u00e9gimen<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo comenz\u00f3 a madurar en muchos la duda sobre la condici\u00f3n de Espa\u00f1a como Naci\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan, la evidencia, en algunos, acerca de la necesidad de negar que Espa\u00f1a, salvo en el plano superestructural, sea una Naci\u00f3n pol\u00edtica?<\/p>\n\n\n\n<p>Para empezar, tendremos en cuenta que la negaci\u00f3n o la duda de la condici\u00f3n de Naci\u00f3n pol\u00edtica a Espa\u00f1a presupone ya, en cualquier caso, el reconocimiento de Espa\u00f1a como una entidad dotada de alg\u00fan tipo de unidad social o pol\u00edtica. La negaci\u00f3n o la duda en torno a este punto no podr\u00eda haber nacido a partir de la supuesta visi\u00f3n de \u00abla pluralidad irreductible\u00bb de pueblos, naciones, regiones, castas o reinos que, aun considerados como contenidos en una misma pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, fueran sin embargo percibidos como independientes los unos de los otros, aunque yuxtapuestos por circunstancias diversas (es decir, obligados a co-existir). Si as\u00ed fuese, la negaci\u00f3n de que \u00abEspa\u00f1a es Naci\u00f3n\u00bb no podr\u00eda ir referida a una Espa\u00f1a considerada como una \u00abcomunidad de pueblos\u00bb, que tuviese o bien el car\u00e1cter de sociedad pol\u00edtica -por ejemplo de un reino- o bien el car\u00e1cter de un \u00abconglomerado civil\u00bb. El r\u00f3tulo \u00abEspa\u00f1a\u00bb s\u00f3lo podr\u00eda significar algo as\u00ed como el concepto geogr\u00e1fico de \u00abpen\u00ednsula Ib\u00e9rica\u00bb, en cuanto lugar en el que vive aquella pluralidad de pueblos, naciones castas o reinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el r\u00f3tulo \u00abEspa\u00f1a\u00bb designase al conglomerado de estos supuestos pueblos o naciones desuncidas, al negar la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, estar\u00edamos formulando una tautolog\u00eda que ni siquiera merecer\u00eda el honor de ser tomada en consideraci\u00f3n. Menos a\u00fan se entender\u00eda de d\u00f3nde sacan la fuerza quienes mantienen con tal energ\u00eda y sa\u00f1a semejante tautolog\u00eda: \u00abLa multiplicidad de pueblos o naciones desligados (desuncidos, aunque est\u00e9n yuxtapuestos) que viven en el recinto de la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica e islas y territorios adyacentes no mantienen la unidad social o pol\u00edtica que corresponde a una Naci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A nuestro entender, la explicaci\u00f3n debe tomar en cuenta algo m\u00e1s, a saber: que Epa\u00f1a como unidad social o pol\u00edtica, estaba ya reconocida con evidencia anteriormente a su redefinici\u00f3n como Naci\u00f3n pol\u00edtica. Como Naci\u00f3n pol\u00edtica en su sentido moderno, proclamado en la Revoluci\u00f3n Francesa, cuando, por ejemplo, en la batalla de Valmy, los soldados de Kellerman, en lugar de decir \u00ab\u00a1Viva el rey!\u00bb, gritaron \u00ab\u00a1Viva la Naci\u00f3n!\u00bb. Dicho de otro modo: Espa\u00f1a, como Francia (pero no Catalu\u00f1a, el Pa\u00eds Vasco o Galicia), exist\u00eda antes de haberse reorganizado como Naci\u00f3n pol\u00edtica. Porque el Estado moderno no procede de la Naci\u00f3n pol\u00edtica, sino que es la Naci\u00f3n pol\u00edtica la que surge de la reorganizaci\u00f3n del Estado antiguo, del Antiguo R\u00e9gimen.<\/p>\n\n\n\n<p>Francia o Espa\u00f1a exist\u00edan ya como&nbsp;<em>Sociedades pol\u00edticas<\/em>, como Reinos (el Antiguo R\u00e9gimen) antes de que las Constituciones respectivas las redefiniesen como&nbsp;<em>Naciones pol\u00edticas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Encontramos aqu\u00ed un prometedor indicio para aproximarnos a la fuente de la cual pudo brotar la enconada protesta contra quienes proclamaron a Espa\u00f1a (o a Francia) como Naciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00abizquierda\u00bb suele dar por supuesto que el impulso nacionalista-soberanista que se enfrenta con la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, como si fuera una \u00abprisi\u00f3n de naciones\u00bb, mana de las mismas fuentes de donde manan todos los impulsos reconocidos por la izquierda libertaria, que pone en primer plano la \u00abautodeterminaci\u00f3n de los pueblos\u00bb. De ah\u00ed el enfrentamiento contra la Naci\u00f3n espa\u00f1ola o contra la Naci\u00f3n francesa. Sin embargo, esta \u00abizquierda\u00bb se equivoca de medio a medio. Porque las fuerzas que se enfrentan a las Naciones pol\u00edticas surgidas de la Revoluci\u00f3n no eran las \u00abfuerzas de la izquierda\u00bb, sino precisamente las \u00abfuerzas de la derecha\u00bb, a saber, las fuerzas del Antiguo R\u00e9gimen. Y estas fuerzas se alimentan de la fuente m\u00e1s profunda y reaccionaria del Antiguo R\u00e9gimen, simbolizada por el Trono y el Altar:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn cien otros pueblos, en mil otras localidades, a imitaci\u00f3n de Sevilla [escribe don Modesto Lafuente, describiendo las consecuencias de los incidentes ocurridos en la Espa\u00f1a de Fernando VII el 11 de junio de 1823] el ignorante y ciego vulgo, al est\u00fapido grito de &#8220;\u00a1Muera la naci\u00f3n y vivan las cadenas!&#8221; persigue, atropella, golpea brutalmente&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No hac\u00eda a\u00fan treinta a\u00f1os, el d\u00eda 26 de junio de 1791, cuando Luis XVI, tras el fracaso de su fuga a Varennes, volvi\u00f3 a las Tuller\u00edas y fue dejado en suspenso por la Asamblea all\u00ed reunida, \u00e9sta recibi\u00f3 una carta del marqu\u00e9s de Bouille, que pretend\u00eda autoinculparse del proyecto de fuga del rey, y en la que figuraban estas palabras: \u00abNo acus\u00e9is a nadie de la supuesta conspiraci\u00f3n contra lo que llam\u00e1is Naci\u00f3n, y contra vuestra diab\u00f3lica Constituci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En resoluci\u00f3n, la ofensiva contra la idea de una Naci\u00f3n pol\u00edtica espa\u00f1ola, como la ofensiva contra la idea de una Naci\u00f3n pol\u00edtica francesa, no proced\u00eda de corrientes de izquierdas anarquistas, federalistas o independentistas surgidas en el Nuevo R\u00e9gimen, proceden de los defensores del Antiguo R\u00e9gimen m\u00e1s reaccionarios.<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a fueron los carlistas vascos y los catalanes, que se enfrentaban, como representantes del Antiguo R\u00e9gimen, contra la izquierda representada por los liberales y progresistas que defend\u00edan el trono constitucional de Isabel II. Los carlistas prepararon los movimientos foralistas que m\u00e1s tarde se trasformaron en PNV, en ETA, en CIU y en ERC. Movimientos canalizados por el clero vasco o por el clero catal\u00e1n (en este caso, incluso a trav\u00e9s de un cura tan peculiar como mos\u00e9n Jacinto Verdaguer). \u00bfC\u00f3mo olvidar que Sabino Arana, ante cuya estatua todav\u00eda rinden homenaje hoy sus secuaces peneuvistas, proyect\u00f3 una rep\u00fablica vascongada presidida por el Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas? \u00bfCabe citar algo m\u00e1s pr\u00f3ximo al Antiguo R\u00e9gimen, a la derecha m\u00e1s reaccionaria y cavern\u00edcola, que la referencia a aquella v\u00edscera exaltada por santa Margarita Mar\u00eda de Alacoque? (Sin perjuicio de lo cual tanto Arzallus o Anasagasti, como Ibarreche o Madrazo, se consideran de \u00abizquierdas\u00bb, porque del brazo con el clero vascongado se opusieron a Franco.) \u00bfY c\u00f3mo no olvidar que, efectivamente, d\u00edgalo Agamen\u00f3n o su porquero, ETA naci\u00f3 en un seminario?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tambi\u00e9n es un hecho pol\u00edtico, no constitucional, la pretensi\u00f3n de transformar las comunidades aut\u00f3nomas en Naciones pol\u00edticas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Que Espa\u00f1a es una Naci\u00f3n pol\u00edtica es un \u00abhecho constitucional\u00bb. Pero tambi\u00e9n es un hecho pol\u00edtico, aunque no sea constitucional, la pretensi\u00f3n de algunos partidos nacionalistas, o incluso de algunos miembros del Gobierno central, de conseguir el t\u00edtulo de Naci\u00f3n pol\u00edtica para alguna de las comunidades aut\u00f3nomas, o para todas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas pretensiones han subido su tono, llegando a presentarse como \u00abreivindicaciones\u00bb inapelables y sagradas (lo que no debe sorprender, teniendo en cuenta sus or\u00edgenes clericales), precisamente durante los a\u00f1os que siguen al ingreso de Espa\u00f1a, en 1991, como \u00abmiembro de n\u00famero\u00bb de la Uni\u00f3n Europea.<\/p>\n\n\n\n<p>Este hecho pol\u00edtico (no constitucional, sino precisamente anticonstitucional) se explica, en algunos casos (Catalu\u00f1a, Pa\u00eds Vasco, Galicia), por la esperanza de que en un futuro muy pr\u00f3ximo la Uni\u00f3n Europea transforme su estructura actual, basada en los Estados naci\u00f3n (\u00abla Europa de las Patrias\u00bb, del general Degaulle), en una nueva estructura pol\u00edtica, inspirada en ideas decimon\u00f3nicas (de Krause, por ejemplo), basada en las llamadas \u00abRegiones naturales\u00bb o \u00abPueblos europeos\u00bb. La \u00abEuropa de los pueblos\u00bb ser\u00eda una Europa constituida por unidades tales como el \u00abpueblo vasco\u00bb, el \u00abpueblo catal\u00e1n\u00bb, el \u00abpueblo bret\u00f3n\u00bb, el \u00abpueblo aquitano\u00bb, el \u00abpueblo b\u00e1varo\u00bb, etc. \u00abEn Europa [despu\u00e9s de habernos liberado del Estado espa\u00f1ol] nos encontraremos\u00bb, le dec\u00eda un dirigente nacionalista catal\u00e1n a los dirigentes nacionalistas vascos y gallegos en una reuni\u00f3n en la que se firm\u00f3 el llamado \u00abPacto de Barcelona\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En otros gobiernos aut\u00f3nomos, o en otros partidos nacionalistas, pero no separatistas, el \u00abhecho pol\u00edtico\u00bb de su reivindicaci\u00f3n del t\u00edtulo de Naci\u00f3n pol\u00edtica quedar\u00eda suficientemente explicado por mimetismo (no menos est\u00fapido), por no ser menos que sus vecinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, lo que, a nuestro parecer, resulta m\u00e1s notable de este \u00abhecho reivindicativo\u00bb son las razones que los gobiernos y los partidos o coaliciones nacionalistas aducen para justificar sus pretensiones. O, si se prefiere, sus reivindicaciones orientadas a transformar su condici\u00f3n de comunidades aut\u00f3nomas en la condici\u00f3n de Naciones pol\u00edticas: que ya lo son, que son ya naciones hist\u00f3ricas y que, por serlo, s\u00f3lo reivindican ser reconocidas como tales.<\/p>\n\n\n\n<p>Y dicen ser Naciones pol\u00edticas desde tiempos inmemoriales, muy anteriores a la \u00e9poca en la que los \u00abreyes castellanos\u00bb (incluyendo aqu\u00ed a los mismos Reyes Cat\u00f3licos, y luego a los Borbones) habr\u00edan comenzado su pol\u00edtica imperialista. En realidad, seg\u00fan ellos, \u00abcastellanista\u00bb, porque, entre otras cosas, aunque principalmente, buscaban extender uniformemente por toda la Pen\u00ednsula la \u00ablengua del Imperio\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta teor\u00eda es, desde luego, falsa, una mera tergiversaci\u00f3n ideol\u00f3gia (por ejemplo, el espa\u00f1ol no se extendi\u00f3 coactivamente, utilizando alg\u00fan m\u00e9todo que tuviera que ver con una \u00abimpregnaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica\u00bb, porque fueron otros los mecanismos que determinaron su expansi\u00f3n y predominio internacional). Pero los nacionalistas no se paran en barras, con tal de llegar a demostrar (en realidad, a \u00abdemostrarse a s\u00ed mismos\u00bb) que sus comunidades aut\u00f3nomas ya exist\u00edan como Naciones pol\u00edticas en tiempos de Carlomagno. \u00bfNo triunf\u00f3 Jaun Zur\u00eda en la batalla de Arrigorriaga en el a\u00f1o 870? (s\u00f3lo que Jaun Zur\u00eda es un mero invento po\u00e9tico vasco, como Breog\u00e1n es un mero invento po\u00e9tico gallego). En general, los nacionalistas hist\u00f3ricos retroceden a tiempos anteriores a Carlomagno: retroceden hasta el tiempo de los godos, o antes a\u00fan, a los tiempos prehist\u00f3ricos, en los que hab\u00eda celtas, y tambi\u00e9n autrigones, caristios, v\u00e1rdulos, vascones, berones y, por supuesto, layetanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso decimos que los \u00abnacionalistas hist\u00f3ricos\u00bb reclaman la condici\u00f3n de Naci\u00f3n fund\u00e1ndose en el supuesto de que ya lo son, y sobre todo, que lo fueron anteriormente a la Naci\u00f3n espa\u00f1ola. Por ello consideran a la Naci\u00f3n espa\u00f1ola como una superestructura que envolvi\u00f3 artificiosamente a esas supuestas e imaginarias Naciones pol\u00edticas. Por ello tambi\u00e9n presentan su reclamaci\u00f3n como una \u00abreivindicaci\u00f3n\u00bb y no como una petici\u00f3n extempor\u00e1nea. \u00abSomos Naciones pol\u00edticas desde siempre, desde antes de Jesucristo, desde antes de que existiera la Naci\u00f3n espa\u00f1ola; exigimos, por tanto, simplemente, que se nos reconozca lo que ya somos.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>A esto se reducen las argumentaciones de las denominadas hoy en Espa\u00f1a \u00abnaciones hist\u00f3ricas\u00bb, orientadas a pedir (a \u00abexigir\u00bb, dicen, como si dispusieran ya de la fuerza econ\u00f3mica o militar suficiente para apoyar su exigencia) que se les \u00abreconozca\u00bb el t\u00edtulo de Naciones pol\u00edticas. La argumentaci\u00f3n ha de rellenarse, desde luego, con historias ficci\u00f3n, laboriosamente entretejidas por poetas, historiadores, periodistas y maestros de escuela, licenciados y doctores, p\u00e1rrocos, obispos y consejeros de cultura, durante las \u00faltimas d\u00e9cadas alimentados durante a\u00f1os por los presupuestos p\u00fablicos que subvencionan tambi\u00e9n sus libros, sus ikastolas, sus institutos y sus universidades.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las \u00abnaciones hist\u00f3ricas\u00bb son excluyentes de la Naci\u00f3n espa\u00f1ola<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien: la dificultad m\u00e1s grande con la que se encuentran las pretensiones de los nacionalistas -y ello al margen de que sus historias sean meras patra\u00f1as (que lo son) o de que tengan alg\u00fan fundamento real- es \u00e9sta: que para que los \u00abpueblos\u00bb (en nombre de los cuales tales pretensiones se reclaman) sean reconocidos como Naciones pol\u00edticas, es necesario que la aci\u00f3n espa\u00f1ola deje de serlo.<\/p>\n\n\n\n<p>La tan tra\u00edda y llevada distinci\u00f3n entre \u00abnacionalidades excluyentes\u00bb y \u00abnacionalidades no excluyentes\u00bb que muchos pol\u00edticos vienen ofreciendo como si se tratase de una aut\u00e9ntica panacea pol\u00edtica (siempre que se tome partido, desde luego con el \u00abesp\u00edritu de la tolerancia\u00bb, por el \u00abnacionalismo no excluyente\u00bb), parece que tiene alguna aplicaci\u00f3n en el contexto de las relaciones entre las nacionalidades fraccionarias entre s\u00ed, pero fracasa estrepitosamente cuando se aplica a la Naci\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Una Naci\u00f3n pol\u00edtica (no hablamos de naciones \u00e9tnicas) es excluyente de cualquier otra Naci\u00f3n pol\u00edtica que quiera introducirse en su territorio, o bien \u00abnacer y crecer\u00bb dentro de \u00e9l. La penetraci\u00f3n en el territorio nacional de una Naci\u00f3n extranjera se llama&nbsp;<em>invasi\u00f3n<\/em>; el nacimiento y desarrollo de una supuesta naci\u00f3n \u00e9tnica, que vive dentro de un territorio pero que busca transformarse en Naci\u00f3n pol\u00edtica, se llama&nbsp;<em>secesi\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y tanto la invasi\u00f3n como la secesi\u00f3n son incompatibles, y excluyentes, de la Naci\u00f3n pol\u00edtica que toman como referencia. En nuestro caso de la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, puesto que precisamente tratan de excluir a esta Naci\u00f3n pol\u00edtica, en todo o en parte, del territorio que le es propio, y de secuestrar o robar no s\u00f3lo su patrimonio, sino tambi\u00e9n su propia historia nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque nacionalistas \u00abcoherentes\u00bb s\u00f3lo pueden ser aquellos que, al exigir su reconocimiento como Naci\u00f3n pol\u00edtica, exigen tambi\u00e9n su separaci\u00f3n de Espa\u00f1a (sin perjuicio de que ulteriormente quieran establecer tratados de asociaci\u00f3n con ella). Lo cual, dicho sea de paso, es una prueba de que la \u00abcoherencia\u00bb podr\u00e1 ser una virtud l\u00f3gica formal, pero no una virtud pol\u00edtica. Lo peor que le puede pasar a un pol\u00edtico que parte de premisas err\u00f3neas o disparatadas es que, adem\u00e1s, sea coherente; porque entonces sus disparates podr\u00edan llegar a transformarse en aut\u00e9nticos delirios criminales: su coherencia delatar\u00eda su falta de sind\u00e9resis (la coherencia de Adolfo Hitler, con sus est\u00fapidas premisas arias, le llev\u00f3 a \u00abconcluir\u00bb el asesinato de millones de jud\u00edos). Un pol\u00edtico prudente, con sind\u00e9resis, es el que sabe sacrificar su coherencia formal al advertir el error de las conclusiones que se deducen l\u00f3gicamente de las premisas que \u00e9l cre\u00eda verdaderas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero existen tambi\u00e9n nacionalistas secesionistas no tan coherentes. Y no porque apelen a una coherencia dial\u00e9ctica, o de sind\u00e9resis, sino sencillamente porque son incoherentes al creer que es posible transformar las \u00abnacionalidades hist\u00f3ricas\u00bb del presente en Naciones pol\u00edticas sin por ello destruir o eliminar a la Naci\u00f3n espa\u00f1ola. Algunos dicen: bastar\u00eda transformar la Naci\u00f3n espa\u00f1ola en una \u00absuper-Naci\u00f3n\u00bb, o bien, dicen otros, en una \u00abNaci\u00f3n de Naciones\u00bb. Jordi Sol\u00e9 Tura, que particip\u00f3 en la ponencia constitucional como representante del Partido Comunista de Espa\u00f1a, defini\u00f3 a la naci\u00f3n \u00abcomo un conjunto de clases sociales, un bloque (\u00bfhist\u00f3rico, querr\u00eda decir Sol\u00e9, en el sentido de Gramsci?) que tambi\u00e9n mantiene relaciones con bloques exteriores: una Naci\u00f3n de Naciones puede culminar en Estado de Estados, o en otras cosas, seg\u00fan como se articule el poder pol\u00edtico\u00bb (resumen, en Mundo Obrero, de 18-24 de mayo de 1978).<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, la construcci\u00f3n \u00abNaci\u00f3n de Naciones\u00bb o es una redundancia (cuando se interpreta la primera naci\u00f3n de la f\u00f3rmula como naci\u00f3n pol\u00edtica, y las naciones que comprende como naciones \u00e9tnicas o culturales, y es una redundancia porque toda Naci\u00f3n pol\u00edtica resulta de una \u00abrefundici\u00f3n\u00bb de naciones \u00e9tnicas o culturales) o es una contradicci\u00f3n, si la f\u00f3rmula se interpreta como \u00abNaci\u00f3n pol\u00edtica de Naciones pol\u00edticas\u00bb, que es a lo que se refiere sin duda la \u00abculminaci\u00f3n aclaratoria\u00bb de la frase: \u00ab&#8230; puede culminar en un Estado de Estados\u00bb. Probablemente aquello que estaba insinuando Sol\u00e9 Tura era que esas naciones eran ya \u00abEstados en s\u00ed\u00bb (como se dec\u00eda entonces por los marxistas afrancesados, que beb\u00edan tanto de Sartre y Poulantzas como de Hegel) aunque no fueran a\u00fan \u00abEstados para s\u00ed\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Las expresiones \u00abNaci\u00f3n (pol\u00edtica) de Naciones (pol\u00edticas)\u00bb y su culminaci\u00f3n, \u00abEstado de Estados\u00bb, son en realidad meras construcciones verbales, porque tras ellas no hay conceptos correlativos, sino s\u00f3lo groseras y pedantes met\u00e1foras, tomadas de la alba\u00f1iler\u00eda m\u00e1s elemental (\u00abbloques\u00bb, \u00abarticulaci\u00f3n de bloques\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Es muy f\u00e1cil construir con palabras expresiones como las citadas (\u00abNaci\u00f3n de Naciones\u00bb o \u00abEstado de Estados\u00bb). Pero es imposible construir con Estados un \u00abEstado de Estados\u00bb, salvo que se pretenda denominar con este nombre a una \u00abConfederaci\u00f3n de Estados\u00bb, que ya no ser\u00e1 un Estado. Y es imposible construir con Naciones pol\u00edticas reales (que presuponen un Estado) otra Naci\u00f3n pol\u00edtica. Pero esto es lo que pretenden quienes, desde Catalu\u00f1a o desde el Pa\u00eds Vasco, proyectan en 2005 reformar la Constituci\u00f3n de 1978 sobre la base de definir a Catalu\u00f1a o a \u00abEuskadi\u00bb como Naciones pol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Con palabras puedo construir muy f\u00e1cilmente la expresi\u00f3n \u00abdodecaedro de dodecaedros\u00bb. Pero esta construcci\u00f3n es imposible cuando manipulamos no palabras, sino dodecaedros reales, de madera o de metal. Un dodecaedro de dodecaedros es construcci\u00f3n posible en el \u00abespacio gramatical\u00bb, pero es imposible en el espacio geom\u00e9trico, por la sencilla raz\u00f3n de que es incompatible con la ecuaci\u00f3n de Euler. En cambio, un \u00abhexaedro de hexaedros\u00bb ya tiene m\u00e1s sentido, como tambi\u00e9n lo tiene la expresi\u00f3n \u00abnaci\u00f3n \u00e9tnica de naciones \u00e9tnicas\u00bb, que representar\u00eda no otra cosa sino la etnia resultante de aquella fusi\u00f3n; como -para poner un ejemplo convencional, la etnia o naci\u00f3n \u00abcelt\u00edbera\u00bb result\u00f3 de la fusi\u00f3n de las etnias o naciones \u00edberas con las etnias o naciones celtas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando las etnias o naciones \u00e9tnicas se funden en una Naci\u00f3n pol\u00edtica, es porque aqu\u00e9llas han dejado de considerarse como proyectos de Naciones pol\u00edticas: \u00abYa no habr\u00e1 francos y galos -dec\u00eda Renan-, todos se han refundido en la Naci\u00f3n francesa\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY por qu\u00e9 es imposible en el espacio pol\u00edtico la construcci\u00f3n \u00abNaci\u00f3n (pol\u00edtica) de Naciones (pol\u00edticas)\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p>Porque la Naci\u00f3n pol\u00edtica se define por la soberan\u00eda, y la soberan\u00eda es una e indivisible (\u00abAs\u00ed como no caben dos Soles en el Cielo, tampoco cabemos en la Tierra Dar\u00edo y Alejandro\u00bb). \u00c9sta es la raz\u00f3n por la cual es imposible hacer una Naci\u00f3n pol\u00edtica (Espa\u00f1a) con otras supuestas Naciones pol\u00edticas (Catalu\u00f1a, Pa\u00eds Vasco, Galicia, Arag\u00f3n&#8230;). O, lo que es lo mismo, la raz\u00f3n por la que es imposible dividir una Naci\u00f3n pol\u00edtica dada (Espa\u00f1a, en nuestro caso) en varias Naciones pol\u00edticas (Catalu\u00f1a, Pa\u00eds Vasco, etc.). Tanto en el caso, de la construcci\u00f3n de una Naci\u00f3n pol\u00edtica nueva, como en el caso de la divisi\u00f3n de una Naci\u00f3n pol\u00edtica en otras Naciones pol\u00edticas, ser\u00eda preciso practicar lo que algunos llaman \u00abcesi\u00f3n de soberan\u00edas\u00bb: en un caso, las Naciones deber\u00edan \u00abceder parte de su soberan\u00eda\u00bb a la pretendida Naci\u00f3n de Naciones; porque s\u00f3lo as\u00ed esa s\u00faper-Naci\u00f3n podr\u00eda disponer de algo de soberan\u00eda; en el otro caso, la Naci\u00f3n pol\u00edtica originaria (Espa\u00f1a) deber\u00eda ceder parte de su soberan\u00eda a las Naciones fraccionarias que resultasen de su descomposici\u00f3n, porque s\u00f3lo as\u00ed estas Naciones fraccionarias podr\u00edan tener tambi\u00e9n algo de soberan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la soberan\u00eda es una e indivisible. Es \u00abuna magnitud\u00bb que se rige, como la vida de un organismo, por la \u00abley de todo o nada\u00bb: o el organismo est\u00e1 vivo, o est\u00e1 muerto. Como caso particular: o la muchacha est\u00e1 embarazada o no lo est\u00e1 -pero no cabe decir, con el esp\u00edritu de la transigencia, que est\u00e1 \u00abun poquito embarazada\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Sencillamente, la soberan\u00eda no se puede ceder en la m\u00e1s m\u00ednima parte, ni compartir, porque la soberan\u00eda del Estado no es compartida por sus diferentes miembros, como tampoco comparten la vida del animal sus diferentes \u00f3rganos: la vida es la del organismo e involucra a todos sus \u00f3rganos. Lo que se llama \u00abcesi\u00f3n\u00bb de la soberan\u00eda es un modo torcido de designar, por ejemplo, a la eventual delegaci\u00f3n o reparto de algunas funciones suyas, por ejemplo, las funciones recaudatorias en el proceso de tributaci\u00f3n. Y la prueba definitiva de que no hay tal cesi\u00f3n es que el Estado que ha \u00abcedido\u00bb parte de su soberan\u00eda a un supuesto s\u00faper-Estado (a una Confederaci\u00f3n de Estados), o a unas regiones o partes suyas, ha de poder en cualquier momento recuperar la soberan\u00eda \u00abcedida\u00bb. Prueba de que la cesi\u00f3n no hab\u00eda sido una \u00abcesi\u00f3n de propiedad\u00bb, sino un pr\u00e9stamo o una delegaci\u00f3n de funciones. En los debates que en el a\u00f1o 2005 est\u00e1n teniendo lugar con motivo de la aprobaci\u00f3n del \u00abProyecto de Tratado por el que se establece una Constituci\u00f3n para Europa\u00bb se insiste una y otra vez, por parte de los \u00abeurope\u00edstas\u00bb, en que la Uni\u00f3n Europea requiere que cada Estado naci\u00f3n&nbsp;<em>ceda<\/em>a la Uni\u00f3n Europea parte de su soberan\u00eda. Pero estos propagandistas del&nbsp;<em>S\u00ed<\/em> pasan, como sobre ascuas, sobre el art\u00edculo 10 del Proyecto: \u00abCualquier Estado podr\u00e1, en el momento oportuno, retirarse de la Uni\u00f3n\u00bb. Lo que significa sencillamente que su soberan\u00eda no la hab\u00eda cedido puesto que la hab\u00eda conservado \u00edntegramente intacta.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Argumentos de los \u00absoberanistas\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, \u00bfqu\u00e9 fundamentos hist\u00f3ricos alegan los soberanistas del presente (apoyados en sus \u00abnacionalidades hist\u00f3ricas\u00bb) para justificar sus \u00ableg\u00edtimas pretensiones\u00bb a ser reconocidos corno Naciones pol\u00edticas?<\/p>\n\n\n\n<p>Principalmente que en siglos anteriores muchos pueblos de Espa\u00f1a, dicen, fueron ya reconocidos como Naciones. As\u00ed por ejemplo, los nacionalistas asturianos (que tambi\u00e9n los hay, y con mucho voltaje, aunque con muy poco amperaje) aducen que en el&nbsp;<em>Poema de Almer\u00eda<\/em> se cita a la \u00abnaci\u00f3n asturiana\u00bb entre las tropas del emperador Alfonso VII que intervinieron en el asalto de Almer\u00eda (\u00ab &#8230; no irrumpe el \u00faltimo el arrojado astur, a nadie resulta odioso o molesta. Ni el mar ni la tierra pueden vencerlo&#8230; pidiendo en todo momento la protecci\u00f3n del Salvador, esta naci\u00f3n abandona cabalgando la regi\u00f3n de las hinchadas olas y se une a otras compa\u00f1eras con las alas extendidas\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es en este texto en donde el t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n\u00bb precisamente no tiene el sentido de la Naci\u00f3n pol\u00edtica, sino que tiene el sentido de la naci\u00f3n \u00e9tnica, el sentido que Varr\u00f3n, por ejemplo (<em>De lingua latina<\/em>, V, XXXII, IV), utilizaba al afirmar que \u00abson muchas las naciones que habitan los diversos lugares de Europa\u00bb (<em>Europae loca multae incolunt nationes<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda decirse, sin embargo, que los nacionalistas, que desde el siglo XIX se han guiado por el principio que Pascual Estanislao Mancini formul\u00f3 en 1861 como el&nbsp;<em>cogito ergo sum<\/em> de la pol\u00edtica, a saber, el principio \u00abcada Naci\u00f3n un Estado\u00bb, han cre\u00eddo siempre que la naci\u00f3n (\u00e9tnica) es la premisa necesaria, y casi siempre suficiente, para construir un Estado. Sobre todo si la naci\u00f3n tiene una cultura propia (una cultura nacional), expresi\u00f3n del \u00abesp\u00edritu del Pueblo\u00bb o del \u00abGenio nacional\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue el idealista alem\u00e1n Juan Te\u00f3filo Fichte quien, a principios del siglo XIX, invent\u00f3 la idea de \u00abEstado de Cultura\u00bb, asignando al Estado, como si fuera su misi\u00f3n suprema no ya la organizaci\u00f3n del Derecho -Estado de derecho- ni la custodia del orden -Estado gendarme- o la felicidad p\u00fablica -Estado de bienestar-, sino precisamente la preservaci\u00f3n y despliegue de la cultura del pueblo, de la naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la concepci\u00f3n de la naci\u00f3n, como supuesta poseedora de una cultura sustantiva propia, como premisa necesaria, y casi siempre suficiente, del Estado, es una concepci\u00f3n metaf\u00edsica. Una premisa alimentada por el \u00abmito de la Cultura\u00bb y desprovista de toda base hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin perjuicio de lo cual esta concepci\u00f3n no s\u00f3lo sirvi\u00f3 de cobertura ideol\u00f3gica a muchos movimientos pol\u00edticos (por ejemplo, al nacionalismo racista alem\u00e1n de los nazis), sino que sigue sirviendo de gu\u00eda ideol\u00f3gica a los nacionalismos secesionistas en Espa\u00f1a, que han comenzado siempre por hacer creer (y lo han logrado, incluso con algunos gobiernos socialdem\u00f3cratas) que est\u00e1n en posesi\u00f3n de una cultura nacional sustantiva propia, con su lengua nacional incluida (catal\u00e1n, euskera, gallego), y con una historia nacional tambi\u00e9n propia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la realidad hist\u00f3rica es muy diferente: las Naciones pol\u00edticas y los Estados naci\u00f3n no son el resultado del desarrollo de naciones \u00e9tnicas preexistentes, dotadas de cultura propia; son las Naciones pol\u00edticas aquellas que proceden de la transformaci\u00f3n revolucionaria de sociedades pol\u00edticas previas, a saber, las sociedades del Antiguo R\u00e9gimen. S\u00f3lo a lo largo del siglo XX los nacionalistas secesionistas espa\u00f1oles han llegado a creer en la posibilidad de transformar su supuesta naci\u00f3n cultural en Estado naci\u00f3n. En realidad est\u00e1n tambi\u00e9n, de hecho, procurando obedecer a la ley general que establece que las Naciones pol\u00edticas proceden de Estados previamente establecidos, aunque en su caso, y para contradicci\u00f3n suya, el Estado del que pretenden surgir sea un Estado naci\u00f3n, Espa\u00f1a. Sin \u00e9l, las llamadas \u00abnacionalidades hist\u00f3ricas\u00bb ni siquiera hubieran alcanzado la maduraci\u00f3n pol\u00edtica, social e industrial indispensable (\u00bfc\u00f3mo puede explicarse la historia del Pa\u00eds Vasco al margen de Espa\u00f1a?, \u00bfqui\u00e9n aport\u00f3 las instituciones, el idioma internacional, los capitales y la mano de obra para su industria?, \u00bfy c\u00f3mo puede explicarse la historia de Catalu\u00f1a al margen de Espa\u00f1a? Sin ir m\u00e1s lejos, la mitad de la poblaci\u00f3n trabajadora de Catalu\u00f1a en nuestros d\u00edas no es catalana m\u00e1s que por decreto: procede de Andaluc\u00eda, de Murcia, de Galicia&#8230;).<\/p>\n\n\n\n<p>En conclusi\u00f3n, no es la Naci\u00f3n la que precede al Estado -como tampoco el cogito (el pensar) precede al sum (al existir)-, sino que es el Estado el que precede a la Naci\u00f3n pol\u00edtica moderna y la dota de su propia cultura nacional.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n\u00bb es un universal que comprende varios g\u00e9neros y especies<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La confusi\u00f3n lamentable, culpable e interesada, entre la&nbsp;<em>naci\u00f3n<\/em> en su sentido \u00e9tnico (las naciones a las que se refiere Arnobio, en el siglo IV, en su libro&nbsp;<em>Adversus nationes<\/em>, que san Jer\u00f3nimo cita como&nbsp;<em>Adversus gentes<\/em>) y la&nbsp;<em>Naci\u00f3n<\/em> en su sentido pol\u00edtico (el que aparece en el grito, tantas veces recordado, de los soldados franceses en la batalla de Valmy, \u00ab\u00a1Viva la Naci\u00f3n!\u00bb) es el recurso constante de quienes -catalanes, vascos, gallegos, aragoneses, asturianos o bercianos- \u00abreivindican\u00bb la condici\u00f3n de naci\u00f3n (pol\u00edtica) apoy\u00e1ndose en la condici\u00f3n de naci\u00f3n (\u00e9tnica) que se les atribuye. Condici\u00f3n que considerar\u00e1 implicada en el t\u00edtulo, las que lo tienen, de \u00abnacionalidades hist\u00f3ricas\u00bb, que les fue otorgado en los a\u00f1os de la transici\u00f3n (o metamorfosis) del r\u00e9gimen franquista al r\u00e9gimen democr\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>Es imprescindible deshacer esta confusi\u00f3n lamentable, culpable e interesada, y no tanto por la esperanza de que tal confusi\u00f3n pueda deshacerse en las cabezas de los nacionalistas radicales (\u00abin\u00fatil es querer meter el esp\u00edritu en un perro d\u00e1ndole a mascar libros\u00bb), sino por convencimiento de que la distinci\u00f3n entre naciones \u00e9tnicas y Naciones pol\u00edticas puede ser \u00fatil a quienes no est\u00e9n intoxicados con la furia nacionalista secesionista.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien: la distinci\u00f3n entre naci\u00f3n \u00e9tnica y Naci\u00f3n pol\u00edtica forma parte de un sistema de distinciones sistem\u00e1ticas, a trav\u00e9s de las cuales se despliega el sentido del t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n\u00bb, de parecido modo a como el sentido del t\u00e9rmino \u00abvertebrado\u00bb se despliega, sucesivamente, a trav\u00e9s de sus cinco clases consabidas: peces, anfibios, reptiles, aves y mam\u00edferos. Y no porque el t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n\u00bb sea t\u00e9rmino un\u00edvoco, dado a una escala gen\u00e9rica tal que se despliega en g\u00e9neros subalternos (clases, especies) a la manera como se despliega el concepto un\u00edvoco de vertebrado, sino simplemente porque cabe asimilar, en virtud de un cierto paralelismo clasificatorio, las fases del despliegue de un un\u00edvoco con las fases o modos de despliegue de un t\u00e9rmino an\u00e1logo de atribuci\u00f3n. En virtud de este paralelismo clasificatorio cabr\u00eda decir, buscando \u00abfijar conceptos\u00bb, que el t\u00e9rmino naci\u00f3n es un universal que se despliega en tres g\u00e9neros (que se presuponen los unos a los otros, a partir del primero), a saber, el g\u00e9nero de la naci\u00f3n biol\u00f3gica, el g\u00e9nero de la naci\u00f3n \u00e9tnica y el g\u00e9nero de la Naci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos g\u00e9neros se despliegan a su vez en distintas especies, de las que citamos tres (naciones organismo, naciones parte de organismo, naciones grupales) correspondientes al primer g\u00e9nero; otras tres correspondientes al segundo (naciones perif\u00e9ricas, naciones integradas y naciones hist\u00f3ricas); y dos m\u00e1s correspondientes al tercer g\u00e9nero (naciones can\u00f3nicas y naciones fraccionarias). Estas especies o modos del gen\u00e9rico \u00abnaci\u00f3n\u00bb no hay que entenderlas como meras alternativas independientes de una tabla taxon\u00f3mica, sino como fases de un despliegue evolutivo o hist\u00f3rico global, con interacciones mutuas y muy profundas.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, es muy importante advertir que la mayor\u00eda de estas especies o modos del universal \u00abnaci\u00f3n\u00bb est\u00e1n concebidas desde una pers- pectiva oblicua, es decir, desde una plataforma situada en un estadio posterior al que conviene al concepto espec\u00edfico definido. As\u00ed, la \u00abnaci\u00f3n del organismo\u00bb s\u00f3lo puede concebirse desde la \u00abplataforma\u00bb del organismo adulto (no del organismo naciente); la \u00abnaci\u00f3n \u00e9tnica perif\u00e9rica\u00bb est\u00e1 concebida desde la plataforma de la sociedad pol\u00edtica (Reino, Imperio, Estado) respecto de la cual se dice \u00abperif\u00e9rica\u00bb; y lo mismo habr\u00e1 que decir de la naci\u00f3n integrada o incluso de la naci\u00f3n fraccionaria (que es fraccionaria respecto del Estado del que busca desprenderse).<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00abnaci\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb, en cambio, est\u00e1 concebida en el punto de intersecci\u00f3n (o superposici\u00f3n) entre una naci\u00f3n \u00e9tnica dada y una determinada plataforma pol\u00edtica. Tan s\u00f3lo el concepto de Naci\u00f3n pol\u00edtica asumir\u00e1 como plataforma la misma entidad que se pretende delimitar, precisamente mediante la determinaci\u00f3n de su soberan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La naci\u00f3n biol\u00f3gica y sus especies: naci\u00f3n-organismo, parte de organismo y grupo de organismos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNaci\u00f3n\u00bb -de&nbsp;<em>nascor<\/em>= nacer- tiene originariamente un significado biol\u00f3gico (zool\u00f3gico). Ante todo, seg\u00fan el modo o especie que se refiere al organismo animal completo: naci\u00f3n equivale ahora a \u00abnaturaleza\u00bb, como participaci\u00f3n individual de un grupo (o naci\u00f3n zool\u00f3gica de tercera especie). Cervantes utiliza alguna vez esta acepci\u00f3n en el Quijote: \u00abEs un caballero novel, de naci\u00f3n franc\u00e9s\u00bb (I, 18); \u00abfranc\u00e9s\u00bb como adjetivo que, por su g\u00e9nero gramatical, se refiere inequ\u00edvocamente a \u00abcaballero\u00bb, no a la naci\u00f3n francesa en el sentido de naci\u00f3n \u00e9tnica.<\/p>\n\n\n\n<p>Varr\u00f3n hablaba de la \u00abbuena naci\u00f3n\u00bb de las cr\u00edas de animales domesticados; y todav\u00eda hoy, en muchas regiones de Espa\u00f1a, se llama \u00abnaci\u00f3n\u00bb a la cr\u00eda de la vaca o yegua que acaba de nacer. Tambi\u00e9n se habla de naci\u00f3n refiri\u00e9ndose a una parte del organismo en proceso de formaci\u00f3n (naci\u00f3n de los pechos en las adolescentes;&nbsp;<em>natio dentium<\/em>, \u00abnacimiento de los dientes\u00bb, designando a los abultamientos de las enc\u00edas infantiles, abultamientos que s\u00f3lo podr\u00edan considerarse corno tales \u00abproyectos de dientes\u00bb cuando nos situamos en la plataforma de los dientes ya formados en otros). Tambi\u00e9n un grupo de individuos, en cuanto grupo zool\u00f3gico (aunque sea humano, pero considerado desde la perspectiva zool\u00f3gica de una camada o estirpe), se llama naci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, el concepto de naci\u00f3n, como concepto social primario, alude ante todo a este tercer modo o especie zool\u00f3gica de naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La naci\u00f3n \u00e9tnica y sus especies: naciones perif\u00e9ricas, naciones integradas, naciones hist\u00f3ricas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El segundo g\u00e9nero, el \u00e9tnico, del t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n\u00bb nos remite ya a un terreno que no es propiamente zool\u00f3gico, sino antropol\u00f3gico. Un terreno en el que no solamente asumimos una perspectiva social (com\u00fan a los animales), sino tambi\u00e9n cultural, pero no cultural en el mero sentido etol\u00f3gico (porque tambi\u00e9n hoy se reconocen las cultura animales), sino en el sentido antropol\u00f3gico, que definimos en funci\u00f3n de las instituciones y, por tanto, de las normas (instituciones cer\u00e1micas, instituciones de armas, lanzas, puntas de flecha, instituciones de parentesco, instituciones ling\u00fc\u00edsticas, instituciones musicales, etc.).<\/p>\n\n\n\n<p>En este terreno cultural-institucional, las naciones \u00e9tnicas (sin perjuicio de que su conformaci\u00f3n presuponga las naciones grupales, de signo zool\u00f3gico) se delimitan principalmente desde plataformas pol\u00edticas. Ante todo, y principalmente, como naciones perif\u00e9ricas, es decir, como grupos o estirpes marginales o perif\u00e9ricas, no plenamente integradas en la rep\u00fablica o en el Imperio romano. Esta primera especie del segundo g\u00e9nero de naci\u00f3n se encuentra abundantemente representadas en los escritores antiguos (Cicer\u00f3n: \u00abLas otras naciones pueden perder la servidumbre; la libertad es propia del pueblo romano\u00bb; Quintiliano: \u00abTodas las naciones pueden ser llevadas a la esclavitud o servidumbre, nuestra ciudad no\u00bb). Son las naciones que describe C\u00e9sar -los helvecios, los eduos, los belgas&#8230;- o aquellas contras las que se dirige Arnobio en el libro ya citado,&nbsp;<em>Adversus nationes<\/em> (las naciones que por no haberse integrado en el Imperio permanecen en un estado lamentable de paganismo b\u00e1rbaro).<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo modo de la naci\u00f3n \u00e9tnica es la \u00abespecie\u00bb que designamos como \u00abnaci\u00f3n integrada en una sociedad pol\u00edtica\u00bb (reino, imperio o estado). \u00c9sta es una acepci\u00f3n de naci\u00f3n muy frecuente en la Edad Media y Moderna europea. En los mercados europeos importantes -Brujas o Medina del Campo- se llamaban \u00abnaciones\u00bb a los agrupamientos de mercaderes, seg\u00fan su condici\u00f3n de origen (que serv\u00eda para indicar la \u00abdenominaci\u00f3n de origen\u00bb -dir\u00edamos hoy- de sus mercanc\u00edas). En las universidades, los estudiantes se encuadraban por \u00abnaciones\u00bb, pero sin que ello tuviera un significado pol\u00edtico (en la universidad de Par\u00eds, entre los maestros y estudiantes que se encuadraban en la naci\u00f3n inglesa, figuraban los alemanes; en la \u00abnaci\u00f3n francesa\u00bb figuraban estudiantes procedentes de reinos italianos y espa\u00f1oles). En sus&nbsp;<em>Cartas persas<\/em>, Montesquieu, hablando de Espa\u00f1a, se refiere claramente a&nbsp;<em>naciones<\/em> que existen dentro de ella, y que sin duda s\u00f3lo pueden tener un significado \u00e9tnico, incluso grupal biol\u00f3gico: \u00abHan hecho [los espa\u00f1oles] inmensos descubrimientos en el Nuevo Mundo, y no conocen todav\u00eda su propio continente; en sus r\u00edos hay puentes que no se han descubierto a\u00fan, y en sus monta\u00f1as, naciones que les son desconocidas\u00bb. [\u00bfLos habitantes de las Batuecas?, \u00bflos habitantes de Babia?]<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo concepto de naci\u00f3n que ofreci\u00f3 Stalin (antes de haber alcanzado el primer puesto en la plataforma pol\u00edtica de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica) puede interpretarse como un concepto un\u00edvoco circunscrito al modo o especie de la naci\u00f3n \u00e9tnica integrada: \u00abNaci\u00f3n es una comunidad humana estable, hist\u00f3ricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida econ\u00f3mica y de psicolog\u00eda manifestada en la comunidad de cultura\u00bb. Sin embargo, Stalin tendi\u00f3 a conceder a las naciones (al menos en sus escritos anteriores a su posici\u00f3n al frente de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica) la condici\u00f3n de premisas del Estado, en funci\u00f3n de la metaf\u00edsica idea de la \u00abautodeterminaci\u00f3n\u00bb, coordinada con la idea, tambi\u00e9n metaf\u00edsica, de la concordia universal entre los pueblos, una vez superada a la lucha de clases. Unas ideas que tanta influencia estaban llamadas a tener en el Partido Comunista de Espa\u00f1a, e incluso en algunas corrientes del Partido Socialista Obrero Espa\u00f1ol.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s dif\u00edcil es delimitar la que designamos como tercera especie de la naci\u00f3n \u00e9tnica, es decir, la&nbsp;<em>naci\u00f3n hist\u00f3rica<\/em>. Porque la naci\u00f3n, en esta tercera acepci\u00f3n \u00e9tnico-cultural, no es todav\u00eda formalmente una Naci\u00f3n pol\u00edtica, principalmente porque ella no es utilizada todav\u00eda como sujeto de la soberan\u00eda que se atribuye al Monarca o a un Pueblo que recibe el poder de Dios y se lo entrega al Pr\u00edncipe. Es una naci\u00f3n percibida a\u00fan como naci\u00f3n \u00e9tnico-cultural, en realidad como una sociedad humana resultante hist\u00f3rico de la confluencia de diversas naciones o pueblos, que ha logrado configurar una cultura, un idioma, unas costumbres e instituciones bien definidas, al menos ante las terceras sociedades pol\u00edticas, reinos o imperios que la contemplan. Pero esta naci\u00f3n hist\u00f3rica no es propiamente una naci\u00f3n formal (por definici\u00f3n) pol\u00edtica, aunque materialmente (o por extensi\u00f3n) pueda superponerse o conmensurarse pr\u00e1cticamente con el contorno de alguna sociedad pol\u00edtica (reino o imperio). Y \u00e9ste es sentido que el t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n\u00bb toma ante los estudiosos que han cre\u00eddo poder demostrar la tesis, apoyados en argumentos filol\u00f3gicos, de que Espa\u00f1a, es decir, la naci\u00f3n espa\u00f1ola, es el primer y temprano ejemplo de naci\u00f3n europea, en sentido moderno (supuestamente pol\u00edtico).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La naci\u00f3n hist\u00f3rica no es a\u00fan la Naci\u00f3n pol\u00edtica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfser\u00eda leg\u00edtimo confundir esta naci\u00f3n espa\u00f1ola de hace cinco siglos, que es una naci\u00f3n hist\u00f3rica (acaso la primera delimitada en Europa), con una Naci\u00f3n pol\u00edtica?<\/p>\n\n\n\n<p>En modo alguno. La confusi\u00f3n ser\u00eda un mero anacronismo, porque la Naci\u00f3n pol\u00edtica es un g\u00e9nero o modo de naci\u00f3n que aparece en el proceso de&nbsp;<em>holizaci\u00f3n<\/em> pol\u00edtica que se inici\u00f3 en la Revoluci\u00f3n francesa y no antes. Mero anacronismo en el que recaen tantos eruditos, incluso aquellos que est\u00e1n movidos, como hispanistas, por un gran afecto hacia Espa\u00f1a. (En cualquier caso, conviene subrayar aqu\u00ed que la naci\u00f3n espa\u00f1ola, en este sentido hist\u00f3rico, es anterior en siglos a lo que despu\u00e9s, y desvergonzadamente, se llamar\u00e1 naci\u00f3n catalana, naci\u00f3n vasca o naci\u00f3n gallega, que, a la saz\u00f3n, eran s\u00f3lo naciones \u00e9tnicas integradas en esa naci\u00f3n hist\u00f3rica espa\u00f1ola.)<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n podr\u00eda confundir el sentido \u00e9tn\u00edco-hist\u00f3rico del t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb que aparece en el&nbsp;<em>Quijote<\/em>, y que ya hemos citado (Don Quijote, \u00abhonor y espejo de la naci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb), con un sentido pol\u00edtico? Otro tanto se diga del uso del t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n\u00bb que el conde duque de Olivares hace en su&nbsp;<em>Gran Memorial<\/em> (en torno a 1624), cuando propone para Espa\u00f1a \u00abhacerla naci\u00f3n comercial, hacerla naci\u00f3n industrial\u00bb. Ni siquiera Luis XIV utiliza el t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n\u00bb en sentido pol\u00edtico cuando, se\u00f1alando a su nieto Felipe V, dice a la corte de Versalles: \u00abCaballeros, aqu\u00ed ten\u00e9is al Rey de Espa\u00f1a, su origen y linaje le llaman al trono y el difunto Rey [Carlos II] as\u00ed lo ha testado; toda la naci\u00f3n lo quiere y me lo suplica&#8230;\u00bb. La palabra \u00abnaci\u00f3n\u00bb, en boca de Luis XIV, y aunque utilizada en un contexto materialmente pol\u00edtico (pero no formalmente pol\u00edtico, porque la naci\u00f3n de la que habla Luis XIV no elige como rey a Felipe V, sino que pide y suplica al Rey Sol que cumpla la \u00abvoluntad del Cielo\u00bb) dista mil leguas de lo que significar\u00e1 esta misma palabra noventa a\u00f1os despu\u00e9s, cuando Bailly, como presidente de la Asamblea Nacional, le diga a Luis XVI (a punto ya de ser destronado y guillotinado): \u00abLa Naci\u00f3n no puede recibir \u00f3rdenes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El g\u00e9nero de la Naci\u00f3n pol\u00edtica y sus dos especies: naci\u00f3n can\u00f3nica y naci\u00f3n fraccionaria<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Muy brevemente, bosquejaremos los contornos del tercer g\u00e9nero de la Idea de Naci\u00f3n, a saber, la Idea de Naci\u00f3n pol\u00edtica. En otras ocasiones (principalmente en&nbsp;<em>El mito de la Izquierda<\/em>) hemos insistido en la presentaci\u00f3n de la Idea de Naci\u00f3n pol\u00edtica como la gran novedad que corresponde a la doctrina pol\u00edtica moderna. La Idea de Naci\u00f3n pol\u00edtica no podr\u00eda entenderse como una mera transformaci\u00f3n \u00abnatural\u00bb, incluso pac\u00edfica, de la naci\u00f3n biol\u00f3gica, \u00e9tnica o hist\u00f3rica, sino como un resultado de la violenta y sangrienta agitaci\u00f3n que se produjo en la transici\u00f3n del Antiguo Regimen (caracterizado por la alianza del Trono y del Altar) al Nuevo Regimen. En el curso de esta transformaci\u00f3n, iniciada en la Revoluci\u00f3n Francesa, habr\u00edan madurado los principios de&nbsp;<em>racionalizaci\u00f3n<\/em> de la sociedad pol\u00edtica del Antiguo Regimen, racionalizaci\u00f3n cuyo parentesco con el racionalismo de los cient\u00edficos coet\u00e1neos -matem\u00e1ticos, f\u00edsicos, cit\u00f3logos- hemos intentado establecer desde el concepto de&nbsp;<em>holizaci\u00f3n<\/em>. Proyectos de racionalizaci\u00f3n que habr\u00edan culminado en la constituci\u00f3n de la nueva idea de Naci\u00f3n pol\u00edtica como sociedad compuesta por&nbsp;<em>hombres<\/em> y por&nbsp;<em>ciudadanos<\/em>, en quienes, desde entonces, descansar\u00e1 la soberan\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Las Naciones pol\u00edticas modernas surgen, por tanto, como Naciones republicanas, y cuando vuelvan a asumir la figura de la monarqu\u00eda, ya no lo har\u00e1n a t\u00edtulo de la monarqu\u00eda absoluta del Antiguo R\u00e9gimen, sino a t\u00edtulo de las monarqu\u00edas constitucionales, en las cuales, seg\u00fan la c\u00e9lebre y c\u00ednica formulaci\u00f3n de Thiers, \u00abel rey ya no gobierna, sino que tan s\u00f3lo reina\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La ola de nacionalismo pol\u00edtico que levant\u00f3 la gran Revoluci\u00f3n en toda Europa -y que en Espa\u00f1a se concret\u00f3 en la Constituci\u00f3n de 1812- no podr\u00eda explicarse, por tanto, a la manera de los rom\u00e1nticos (o de los neorrom\u00e1nticos catalanes, vascos o gallegos de nuestros d\u00edas) como un impulso procedente del \u00abamor a las propias culturas nacionales\u00bb, o bien al \u00abdespertar del genio o esp\u00edritu de cada pueblo\u00bb, sino como un proceso de las clases emergentes en lucha con las clases dominantes del Antiguo R\u00e9gimen. Una lucha de clases (en este caso, burgues\u00eda aliada con los desclasados contra aristocracia) que simult\u00e1neamente quedar\u00e1 involucrada en una dial\u00e9ctica de Estados, que constituye el argumento sangriento de la gloriosa historia pol\u00edtica y social de los siglos XIX y XX.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso si, en estos Estados resultantes de la gran Revoluci\u00f3n burguesa, se fueron madurando y se fueron cocinando las nuevas naciones culturales, en gran medida a consecuencia de las sistem\u00e1ticas oposiciones que unos Estados mantuvieron frente a sus vecinos. Cada Estado reconstruy\u00f3 su historia, favoreci\u00f3 el desarrollo de su m\u00fasica o la invent\u00f3, impuls\u00f3 su arquitectura, sus costumbres y sus fueros nacionales. De este modo, la naci\u00f3n cultural comenz\u00f3 a pasar al primer plano del escenario. Los Estados modernos se edificar\u00edan sobre ellas. Lo que era un resultado (la Naci\u00f3n pol\u00edtica) aparecer\u00e1, por un juego interesado y aun calculado de espejos, como el principio (del Estado).<\/p>\n\n\n\n<p>El proceso f\u00e1cilmente ser\u00e1 trasladado a las partes de los Estados, partes que no siendo desde luego Estados se arriesgaban a decir que eran naciones (al menos, \u00e9tnicas y culturales). Tambi\u00e9n ten\u00edan su propia lengua (o si no la inventaban), folclore caracter\u00edstico. El proceso tuvo lugar sobre todo en Espa\u00f1a, cuando el Estado -sostenido por el Imperio- cay\u00f3 a sus niveles m\u00e1s bajos. Aqu\u00ed comenz\u00f3 el proyecto de naciones fraccionarias, que en codo caso tambi\u00e9n proceden del Estado, y no al rev\u00e9s: Catalu\u00f1a, Pa\u00eds Vasco etc. Con anterioridad a la Primera Guerra Europea, las provincias catalanas ya se hab\u00edan reunido en una&nbsp;<em>Mancomunidad<\/em> de las Diputaciones Provinciales, que qued\u00f3 en suspenso al final de la dictadura del general Primo de Rivera.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en abril de 1931 se constituy\u00f3 la Segunda Rep\u00fablica. Companys no proclama la independencia, sino el Estado catal\u00e1n (dentro, eso s\u00ed, de la rep\u00fablica federal que \u00e9l proyectaba). Por supuesto, los efectos de semejante declaraci\u00f3n duraron muy poco; sin embargo, Aza\u00f1a logr\u00f3 sacar en el Parlamento, contra viento y marea el&nbsp;<em>Estatuto de Catalu\u00f1a<\/em>, como regi\u00f3n aut\u00f3noma dentro de la Rep\u00fablica espa\u00f1ola. El&nbsp;<em>Estatuto<\/em> resultaba ser el punto intermedio de confluencia entre la Mancomunidad inicial y el Estado ef\u00edmero de Companys. Y en esto seguimos hoy, tras el par\u00e9ntesis de los cuarenta a\u00f1os a\u00fan despu\u00e9s de que a ra\u00edz de la Constituci\u00f3n de 1978, Catalu\u00f1a asumiera la consideraci\u00f3n, no ya de Estado ni de Mancomunidad, sino de comunidad aut\u00f3noma y de \u00abnacionalidad hist\u00f3rica\u00bb. (La denominaci\u00f3n \u00abnacionalidad hist\u00f3rica&gt;) no debe confundirse con el concepto de \u00abnaci\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb, entendida como especie del g\u00e9nero \u00abnaci\u00f3n \u00e9tnico-cultural\u00bb; la deliberada ambig\u00fcedad derivada de la expresi\u00f3n \u00abnacionalidad\u00bb, en cuanto distinta de Naci\u00f3n y m\u00e1s pr\u00f3xima a \u00abregi\u00f3n&gt;, viene arrastr\u00e1ndose desde la Constituci\u00f3n de 1978.)<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, cabe concluir que las Naciones pol\u00edticas que fueron constituy\u00e9ndose a partir de 1793 como sujetos de las nuevas soberan\u00edas no surgieron, como pretenden los ide\u00f3logos pacifistas, de pactos sociales serenamente calculados, o de contratos sociales \u00abracionalmente\u00bb establecidos \u00abentre los ciudadanos\u00bb. Dif\u00edcilmente podr\u00edan haber surgido de este modo si tenemos en cuenta que fueron los ciudadanos aquellos que fueron creados por la Naci\u00f3n pol\u00edtica, y no al rev\u00e9s. Las&nbsp;Naciones&nbsp;pol\u00edticas modernas s\u00f3lo pudieron resultar, y precisamente gracias a c\u00e1lculos muy racionales (en modo alguno por impulsos irracionales dejados a su propio gobierno), tras las batallas sangrientas que las clases sociales que las mov\u00edan tuvieron que librar contra las capas sociales que apoyaban al Antiguo R\u00e9gimen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSeguir\u00e1 siendo la sangre condici\u00f3n necesaria para que lleguen t\u00e9rmino los proyectos de nuevas Naciones pol\u00edticas que intentan constituirse por fraccionamiento de la Naci\u00f3n pol\u00edtica de la que forman parte, es decir, para que puedan llegar a existir las naciones fraccionarias, en su lucha contra la Naci\u00f3n pol\u00edtica madre?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Involucraci\u00f3n de las especies y g\u00e9neros de naciones entre s\u00ed<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No ha de pensarse que los g\u00e9neros y especies de la Idea de Naci\u00f3n, que hemos ya presentado, permanezcan inertes o incomunicables, unos al lado de los otros, como permanecen inertes e incomunicadas las especies y g\u00e9neros de insectos de una taxonom\u00eda o de un animalario. Todo lo contrario. La involucraci\u00f3n de los g\u00e9neros y especies de la Idea de Naci\u00f3n es muy profunda. A t\u00edtulo de ejemplo, los conceptos racistas de Naci\u00f3n pol\u00edtica -el concepto de \u00abNaci\u00f3n vasca\u00bb de Sabino Arana, o despu\u00e9s de Federico Krutwig Sagredo, o de los portadores del Rh positivo en tiempos de Arzallus; o el concepto de Naci\u00f3n alemana de Adolfo Hitler- son el m\u00e1s evidente resultado de la involucraci\u00f3n de los conceptos de naci\u00f3n zool\u00f3gica (estirpe, phylum) y de Naci\u00f3n pol\u00edtica (\u00abrep\u00fablica vascongada\u00bb, \u00abTercer Reich\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>O bien, para citar otro tipo de ejemplos de involucraci\u00f3n de las acepciones zool\u00f3gicas de naci\u00f3n en contextos pol\u00edticos, recordaremos dos situaciones referidas ambas a las dinast\u00edas borb\u00f3nicas. La primera situaci\u00f3n se refiere a los Borbones de Francia: se sabe que Luis XVI, a consecuencia de una fimosis, no pudo consumar su matrimonio con Mar\u00eda Antonieta hasta despu\u00e9s de siete a\u00f1os de su boda. El requerimiento de que el sucesor de Luis XVI tuviese que ser hijo biol\u00f3gico suyo (naci\u00f3n suya), certificado por los testimonios de los cortesanos que presenciaban el comportamiento de sus majestades en la noche de bodas y sucesivas, determin\u00f3, seg\u00fan algunos historiadores, una concatenaci\u00f3n de los acontecimientos que facilitaron el estallido de la Revoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda situaci\u00f3n se refiere a los Borbones felizmente reinantes en Espa\u00f1a. \u00abLa corona de Espa\u00f1a (dice el art\u00edculo 57 de la Constituci\u00f3n de 1978) es hereditaria en los sucesores de S. M. Juan Carlos I de Borb\u00f3n, leg\u00edtimo heredero de la dinast\u00eda hist\u00f3rica.\u00bb Y este art\u00edculo fundamental de la Constituci\u00f3n pol\u00edtica espa\u00f1ola vigente no se limita a dar esta indicaci\u00f3n global, sino que se introduce a fondo en los detalles propios de la naci\u00f3n biol\u00f3gica: \u00abLa sucesi\u00f3n en el trono seguir\u00e1 el orden regular de primogenitura y representaci\u00f3n, siendo preferida siempre la l\u00ednea anterior a la posterior; en la misma l\u00ednea, el grado m\u00e1s pr\u00f3ximo al m\u00e1s remoto; en el mismo grado, el var\u00f3n a la mujer; y en el mismo sexo la persona de m\u00e1s edad a la de menos\u00bb. \u00bfSe quieren mayores precisiones t\u00e9cnicas relativas a la naci\u00f3n biol\u00f3gica involucrada en una Naci\u00f3n pol\u00edtica?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00abPueblo\u00bb y \u00abNaci\u00f3n\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No faltan quienes creen saber que los interrogantes que plantea la Naci\u00f3n pol\u00edtica se despejar\u00e1n, y en sentido pac\u00edfico, si en lugar de \u00abNaci\u00f3n\u00bb hablamos de \u00abPueblo\u00bb; si en lugar de considerar a la Naci\u00f3n como depositaria de la soberan\u00eda, consideramos al Pueblo como su verdadero depositario, o, si se prefiere, identificamos a la Naci\u00f3n con el Pueblo, reduciendo aqu\u00e9lla a \u00e9ste, es decir, reduciendo la&nbsp;<em>soberan\u00eda nacional<\/em> a la&nbsp;<em>soberan\u00eda popular<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, entre estos t\u00e9rminos, \u00abPueblo\u00bb y \u00abNaci\u00f3n\u00bb, hay importantes diferencias conceptuales, y no s\u00f3lo \u00absem\u00e1nticas\u00bb (como gusta decir a tantos pol\u00edticos de los gobiernos actuales). En efecto: \u00abPueblo\u00bb designa, ante todo, a una muchedumbre viva que, en el presente, es concebida como capaz de expresar su voluntad pol\u00edtica (\u00abvoluntad del Pueblo\u00bb, \u00abel Pueblo unido jam\u00e1s ser\u00e1 vencido\u00bb); pero la Naci\u00f3n no s\u00f3lo designa al Pueblo que vive en ella, sino tambi\u00e9n a los muertos que la crearon, y a los hijos que todav\u00eda no han comenzado a vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00abPueblo\u00bb, en todo caso, no es solamente la muchedumbre viviente que, como plebe, se opone al Senado (<em>Senatus populusque romanus<\/em>); es tambi\u00e9n la muchedumbre que es concebida como capaz de tomar decisiones y llevarlas adelante democr\u00e1ticamente y, si es posible, por democracia directa, por aclamaci\u00f3n asamblearia, o por \u00abplebiscito\u00bb (es decir, por consulta a la plebe). Algunos doctrinarios deducen de ah\u00ed que el \u00abPueblo\u00bb no es otra cosa sino el conjunto de los ciudadanos, de las personas que integran el cuerpo electoral, en el caso de una democracia; y esta perspectiva \u00abpopulista\u00bb habr\u00eda jugado un gran papel en los d\u00edas de la elaboraci\u00f3n de la Constituci\u00f3n de 1978, cuando, por ejemplo, a ra\u00edz de una enmienda suscrita por Tierno y Morodo (\u00abel Pueblo espa\u00f1ol&#8230; proclama en uso de su soberan\u00eda&#8230;\u00bb) se present\u00f3 un Proyecto de Pre\u00e1mbulo que no prosper\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el enfrentamiento, en el proceso constituyente de 1978, entre quienes hablaban de \u00abNaci\u00f3n\u00bb y quienes prefer\u00edan hablar de \u00abPueblo\u00bb acaso no ten\u00eda tanto que ver, como algunos doctrinarios sugieren, con las diferencias establecidas dentro de una misma sociedad pol\u00edtica, entre la democracia indirecta (a trav\u00e9s de representantes elegidos por los partidos en listas cerradas y bloqueadas) y la democracia directa, sino que sobre todo tuvo que ver con la cuesti\u00f3n de la determinaci\u00f3n y reconocimiento de la unidad de esa misma sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho de otro modo: muchos de quienes prefer\u00edan el \u00abPueblo\u00bb a la \u00abNaci\u00f3n\u00bb, en 1978, no lo hac\u00edan tanto pensando (por recelo ante los que invocaban una Naci\u00f3n que se mantuviera \u00abpor encima de la voluntad de los ciudadanos\u00bb) en la democracia de los ciudadanos vivos de una sociedad indeterminada y te\u00f3rica, sino tambi\u00e9n, y sobre todo, pensando en los&nbsp;<em>pueblos<\/em> diversificados respecto del \u00abPueblo espa\u00f1ol\u00bb. Es decir, pensando en un pueblo catal\u00e1n, en un pueblo vasco, en un pueblo gallego&#8230; No se buscaba tanto determinar si el cuerpo electoral, ya definido en su unidad, corresponde al Pueblo o a la Naci\u00f3n, sino cu\u00e1l ser\u00eda la definici\u00f3n de ese Pueblo (de las unidades de ese Pueblo) del que los ciudadanos formaban parte. El referendum para la aprobaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n deb\u00eda someterse, sin duda, a la consulta del Pueblo. Pero, \u00bfde qu\u00e9 Pueblo se estaba hablando?\u00bfDel Pueblo espa\u00f1ol, o bien de los diversos pueblos de Espa\u00f1a?<\/p>\n\n\n\n<p>No era, seg\u00fan esto, por tanto, la definici\u00f3n te\u00f3rica de la democracia, directa o indirecta, lo que preocupaba: todos eran ;111 dem\u00f3cratas, todos apelaban al Pueblo, y, en segundo lugar, entonces, a la Naci\u00f3n, como conceptos pol\u00edticos funcionales. Pero en lo que difer\u00edan, de un modo m\u00e1s o menos expl\u00edcito, era en los par\u00e1metros de esas funciones. Y, como se fue viendo en los a\u00f1os sucesivos -aquellos en los que, tras la LOAPA, la democracia espa\u00f1ola fue desliz\u00e1ndose cada vez con mayor velocidad hacia la pol\u00edtica de \u00abcesi\u00f3n\u00bb de las competencias del Estado a las comunidades aut\u00f3nomas (un deslizamiento llevado a cabo por \u00abfraude de ley\u00bb, seg\u00fan el dictamen de Jos\u00e9 Manuel Otero Novas, que es quien dise\u00f1\u00f3 nada menos el T\u00edtulo octavo de la Constituci\u00f3n, con un sentido totalmente diferente)-, se har\u00e1 cada vez mayor la distancia entre los \u00abpueblos\u00bb incluidos en las diversas comunidades aut\u00f3nomas (y sobre todo entre los pueblos de aquellas comunidades aut\u00f3nomas con un mayor nivel de renta) y el \u00abPueblo espa\u00f1ol\u00bb tomado como unidad, que es la que los \u00abnacionalistas fraccionarios\u00bb ponen en tela de juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso es un error monumental dar por evidente que \u00abla democracia une\u00bb, y que los dem\u00f3cratas espa\u00f1oles, por serlo, habr\u00edan de mantenerse unidos; y que las dificultades suscitadas en la democracia por las nacionalidades secesionistas podr\u00edan resolverse con \u00abm\u00e1s democracia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfAcaso no es m\u00e1s democracia lo que piden esos \u00abpueblos\u00bb que reclaman ser nacionalidades hist\u00f3ricas, cuando invocan su derecho a la autodeterminaci\u00f3n como naciones hist\u00f3ricas que son? \u00bfNo es rid\u00edculo que un gobierno democr\u00e1tico (como el actual gobierno de Rodr\u00edguez Zapatero) conceda beligerancia en el Parlamento espa\u00f1ol, en nombre de la democracia, a un proyecto soberanista de secesi\u00f3n como el que present\u00f3 el \u00abpresidente de Euskadi\u00bb, Ibarreche? \u00bfNo es esto algo as\u00ed como \u00abcriar la sierpe en su propio seno\u00bb? Una democracia no puede tolerar que se discuta, en su propio Parlamento, no ya la idea de democracia en general (idea que se discute en la doctrina), sino la idea de una democracia ya constituida, la espa\u00f1ola. La libertad inherente a una democracia implica poder escribir libros contra la democracia, pero no defender la secesi\u00f3n en forma p\u00fablica organizada. La democracia podr\u00e1 a lo sumo tolerar que las ideas separatistas se publiquen, a t\u00edtulo particular, en libros o en art\u00edculos \u00abcient\u00edficos\u00bb o de opini\u00f3n, o en discursos de quien, al hablar, s\u00f3lo se representa a s\u00ed mismo; pero es rid\u00edculo permitir que a estas especulaciones se les d\u00e9 beligerancia en el mismo Parlamento contra cuya existencia est\u00e1n atentando.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no se trata de que el Parlamento rechace democr\u00e1ticamente las pretensiones soberanistas (independentistas), porque con este rechazo debe ya contar antes de comenzar la sesi\u00f3n. En todo caso, el \u00abrechazo democr\u00e1tico\u00bb no sirvi\u00f3 para enfriar los impulsos soberanistas del PNV-Batasuna-ETA; sirvi\u00f3 para medir sus fuerzas y replantear su estrategia soberanista. Por tanto, el repliegue t\u00e1ctico y muy relativo del terrorismo no hay que atribuirlo a la democracia en absoluto, ni menos a\u00fan al Estado de derecho, a\u00fan m\u00e1s abstracto, si no se le pone en conexi\u00f3n con la actuaci\u00f3n de la polic\u00eda o, en su caso, del ej\u00e9rcito, sin los cuales las normas y sentencias emanadas de ese Estado de derecho no ser\u00edan nada m\u00e1s que papel mojado.<\/p>\n\n\n\n<p>No es tampoco, en modo alguno, nada claro que la soberan\u00eda popular, cualquiera que sea el par\u00e1metro adoptado para la funci\u00f3n \u00abPueblo\u00bb, pueda interpretarse por v\u00eda nominalista, como una suma o conjunto de los ciudadanos que componen el Pueblo erigido en cuerpo electoral. Esta interpretaci\u00f3n (supuesto, desde luego, un cuerpo electoral no censitario, sino con sufragio universal) podr\u00eda tener alg\u00fan viso de realidad en los casos en los que se diera unanimidad entre las voluntades individuales. Pero la interpretaci\u00f3n nominalista (\u00abindividualista\u00bb, porque contempla a los individuos garantizados antes por los&nbsp;<em>derechos del hombre<\/em> que por los&nbsp;<em>derechos del ciudadano<\/em>) del Pueblo y de la soberan\u00eda popular fracasa estrepitosamente mando se enfrenta con el hecho de que no es la \u00abvoluntad del pueblo\u00bb, como un todo, la que prevalece, sino la voluntad de aquella parte del pueblo que obtuvo la mayor\u00eda (aunque esta mayor\u00eda fuera s\u00f3lo la de la mitad m\u00e1s uno); y esto sin entrar en las situaciones, cada vez m\u00e1s frecuentes, de las coaliciones de las partes en minor\u00eda que logran obtener una mayor\u00eda parlamentaria.<\/p>\n\n\n\n<p>En estos casos, que son los normales, desde el punto de vista estad\u00edstico (cuando hay unanimidad pr\u00e1ctica la consulta electoral se llama populista o plebiscitaria, en son despectivo, y aun en contra de los principios mismos de la democracia), el \u00abPueblo\u00bb ya no puede tomarse como simple sujeto unitario, porque en realidad es un sujeto re-partido en fracciones o partidos, cada uno de los cuales tiene su voluntad particular propia, enfrentada contradictoriamente a otras voluntades particulares. El recurso a la \u00abvoluntad general\u00bb que Rousseau propuso en su momento no es mucho m\u00e1s que un truco metaf\u00edsico orientado a recomponer aparentemente la unidad del pueblo que se supon\u00eda dada cuando \u00abtodos los ciudadanos racionales luchaban solidariamente contra el Antiguo R\u00e9gimen\u00bb, pero que se fragmentaba tan pronto este r\u00e9gimen comenzaba a resquebrajarse.<\/p>\n\n\n\n<p>El consenso establecido entre los partidos de la democracia no tiene, por tanto, nada que ver con una voluntad general, que no existe ni puede existir; es un recurso de \u00absegundo grado\u00bb entre las partes enfrentadas del pueblo, para aceptar ciertas reglas prudenciales de conducta que permitan la coexistencia pac\u00edfica, y precisamente la reproducci\u00f3n del proceso de fragmentaci\u00f3n del pueblo en partes o partidos. Una reproducci\u00f3n cuya utilidad para el sistema democr\u00e1tico nadie discute cuando es recurrente. Lo que s\u00ed hay que discutir es la creencia de que esa recurrencia exprese la \u00abvoluntad del Pueblo\u00bb y, sobre todo, que ella sea el motor de la sociedad pol\u00edtica, y no m\u00e1s bien un efecto de esa sociedad, cuando mantiene, dentro de los m\u00e1rgenes permitidos, las variables de mercado plet\u00f3rico vinculadas al Estado de bienestar.<\/p>\n\n\n\n<p>En la doctrina, \u00abPueblo\u00bb y \u00abNaci\u00f3n\u00bb pueden superponerse plenamente, como se superponen plenamente, en la doctrina geom\u00e9trica, circunferencias y elipses al alcanzar \u00e9stas la distancia focal cero. Y se superponen en todos aquellos casos en los cuales el \u00abpueblo\u00bb del presente pide precisamente llegar a ser una \u00abnaci\u00f3n soberana\u00bb en el futuro. Porque entonces la naci\u00f3n soberana que se postula para el futuro (la naci\u00f3n catalana, la naci\u00f3n vasca, la naci\u00f3n gallega&#8230;) actuar\u00e1 en nombre de una idea aureolar, dotada ya de historia, pero de una historia futura, que se ve muy pr\u00f3xima, y que se percibe como un presente virtual (sin perjuicio adem\u00e1s de que sea retrotra\u00edda, mediante las manipulaciones ideol\u00f3gicas pertinentes, al pasado m\u00edtico de la \u00abnaci\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>En estos casos las ideas de Naci\u00f3n pol\u00edtica y de Pueblo se identificar\u00e1n en las jornadas revolucionarias, sin perjuicio de que la Naci\u00f3n (por ejemplo, la Naci\u00f3n francesa de Si\u00e8yes o Constant) fuera pensada como una entidad que estaba \u00abpor encima\u00bb del pueblo, al menos del pueblo censado para constituir el cuerpo electoral. En la Constituci\u00f3n de 1978, que consagra a la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, se establece (art\u00edculo 1.2) \u00abque la soberan\u00eda nacional reside en el pueblo\u00bb. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda aspirar a decir algo m\u00e1s claro? \u00bfReside la soberan\u00eda en el pueblo espa\u00f1ol, o bien -supuesto que se niegue la existencia de este Pueblo, y se declare inadmisible, como propio de la derecha m\u00e1s reaccionaria, el \u00abnacionalismo espa\u00f1ol\u00bb- en esos pueblos de Espa\u00f1a que junto con los pueblos de Francia, de Italia o de Alemania, van a integrar esa \u00abEuropa de los pueblos\u00bb del futuro que sustituir\u00e1 a la arcaica \u00abEuropa de las Naciones\u00bb de Maastricht?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los dos planos en los que se mueve la Idea federal: el plano \u00e9tico y el plano pol\u00edtico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La \u00abIdea federal\u00bb -o la idea del federalismo- que Francisco Pi Margall predic\u00f3, con una ingenuidad suficiente como para neutralizar su pedanter\u00eda, en el \u00faltimo tercio del siglo XIX (la primera edici\u00f3n de su obra fundamental,&nbsp;<em>Las nacionalidades<\/em>, se public\u00f3 en Madrid en 1877) penetr\u00f3 profundamente en muchos espa\u00f1oles, ya sean considerados individualmente, ya lo sean como militantes de partidos pol\u00edticos. La \u00abidea federal\u00bb, sin embargo -y conviene advertir que la distinci\u00f3n que vamos a introducir no suele ser percibida por los propios federalistas-, se present\u00f3, y sigue present\u00e1ndose, en dos planos muy diferentes, que se realimentan mutuamente: un plano de naturaleza&nbsp;<em>\u00e9tica<\/em> y un plano de naturaleza&nbsp;<em>pol\u00edtica<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Idea federal, en el plano \u00e9tico (que, en cualquier caso, no tiene que entenderse como algo separado de la realidad pol\u00edtica, puesto que tambi\u00e9n atraviesa a esta realidad), gira en torno al&nbsp;<em>Hombre<\/em>, y equivale a la idea de la solidaridad, de la paz, del di\u00e1logo, del pacto, etc., como instrumentos obligados de convivencia civilizada. El federalista, cuando se mueve en el plano \u00e9tico, no grita, no presenta batalla, no llega a las manos, practica en todos los \u00f3rdenes la estrategia de la \u00abcoexistencia pac\u00edfica\u00bb, del di\u00e1logo: calcula, pacta, concede, recupera y va ampliando sus pactos de unos individuos a otros, de unas familias a otras, de unos municipios a otros, de unas provincias a otras, hasta llegar al Hombre en general. \u00abEl pacto al que me refiero en este libro [<em>Las nacionalidades<\/em>] es el espont\u00e1neo y solemne consentimiento de m\u00e1s o menos provincias o estados en confederarse para todos los fines comunes bajo condiciones que estipulan y escriben en una constituci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la idea federal, en el plano pol\u00edtico, gira en torno al&nbsp;<em>Ciudadano<\/em> (que ya forma parte de una Naci\u00f3n pol\u00edtica) y equivale al proyecto de transformar a las Naciones pol\u00edticas, en general, y a Espa\u00f1a en particular, en un Estado federal: frente al&nbsp;<em>centralismo<\/em>, identificado (err\u00f3neamente) con el unitarismo, el&nbsp;<em>federalismo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, la tesis que aqu\u00ed mantenemos es que el \u00abprincipio activo\u00bb del federalismo, la idea federal -que prendi\u00f3 como la p\u00f3lvora en tantos ciudadanos y partidos pol\u00edticos-, fue el principio \u00e9tico de la Idea federal, m\u00e1s que su principio pol\u00edtico. Y decimos esto porque el proyecto pol\u00edtico de un Estado federal fue, y sigue siendo, un proyecto imposible, algo as\u00ed como lo ser\u00eda el proyecto de un escultor que quisiera tallar un decaedro regular. De ning\u00fan escultor podr\u00e1 decirse que proyect\u00f3, con arrebatada inspiraci\u00f3n, crear un decaedro regular, por la sencilla raz\u00f3n de que este poliedro es imposible; luego habr\u00e1 que decir que cuando ese escultor trabaja con af\u00e1n en la \u00abcreaci\u00f3n\u00bb de un decaedro regular, en rigor habr\u00e1 que decir que est\u00e1 trabajando por otros objetivos.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed tambi\u00e9n del federalista que trabaja con ardor, dedicaci\u00f3n y entusiasmo para construir un Estado federal, habr\u00e1 que decir que en rigor est\u00e1 trabajando por otra cosa. Porque el \u00abEstado federal\u00bb es tan imposible como el decaedro regular. Un Estado no puede jam\u00e1s ser federal, porque para ello deber\u00eda estar constituido por otros Estados federados. Pero al federarse estos Estados dejar\u00e1n de ser Estados; y si lo fueron previamente (como ocurri\u00f3 con los Estados que se federaron en los llamados \u00abEstados Unidos de Am\u00e9rica\u00bb) dejaron de serlo en el momento de federarse, y si se sigue hablando all\u00ed de Estados federados es s\u00f3lo por metonimia hist\u00f3rica. Al ceder su soberan\u00eda a la Federaci\u00f3n, desaparecen como Estados.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra cosa es que en lugar de en una Federaci\u00f3n, se hubiesen asociado en una Confederaci\u00f3n, en la que cada socio pudiera retirarse en cualquier momento (con lo que demostrar\u00eda que no hab\u00eda cedido parte de su soberan\u00eda, sino que la conservaba intacta). Por esta raz\u00f3n las comunidades aut\u00f3nomas de Espa\u00f1a, que no son soberanas, no pueden en modo alguno ni federarse ni confederarse. Para federarse, pretendiendo seguir el curso que siguen los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica, tendr\u00edan previamente que hacerse soberanas, para renunciar a esa soberan\u00eda que hipot\u00e9ticamente hubieran adquirido en el momento de la federaci\u00f3n. Para confederarse tendr\u00edan que comenzar por ser soberanas, es decir, demostrar que lo son con la fuerza de los hechos: no se trata de una cuesti\u00f3n de palabras de&nbsp;<em>letrados<\/em>, de letras jur\u00eddicas, de controversias meramente dialogadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan esto, quien defiende el Estado federal en nombre de la \u00abidea federal\u00bb s\u00f3lo puede estar defendiendo, en rigor, y a lo sumo, el principio \u00e9tico federalista. Quien expresa con evidencia que el federalismo pol\u00edtico es la \u00fanica v\u00eda sensata, racional y pac\u00edfica de convivencia pol\u00edtica, lo que est\u00e1 propiamente queriendo decir es que s\u00f3lo mediante el di\u00e1logo, la tolerancia, el \u00abpacto racional\u00bb cabe que un \u00abconjunto de&nbsp;<em>hombres<\/em>\u00bb (que a\u00fan no son&nbsp;<em>ciudadanos<\/em>) cree una Constituci\u00f3n pol\u00edtica. El federalista est\u00e1 en realidad alej\u00e1ndose con horror de la v\u00eda violenta, de la organizaci\u00f3n desp\u00f3tica del Estado. Y de este modo es como el federalista llega a creer que la Constituci\u00f3n duradera de un pueblo es un sistema que \u00abel pueblo se ha dado a s\u00ed mismo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el federalista s\u00f3lo puede pasar del plano \u00e9tico al plano pol\u00edtico pidiendo el principio del modo m\u00e1s ingenuo y p\u00e1nfilo posible: presuponiendo que las&nbsp;<em>unidades pactantes<\/em> ya est\u00e1n dadas de antemano, ya fueran estas unidades pactantes los individuos (aunque, en rigor, si Pi Margall se hubiera atenido a las ideas en boga en su tiempo habr\u00eda tenido que comenzar no por los individuos, sino por las c\u00e9lulas, puesto que, por aquellos a\u00f1os, ya se defin\u00eda el organismo como una \u00abfederaci\u00f3n de c\u00e9lulas\u00bb, y el c\u00e1ncer como una dolencia producida por un \u00abbrote anarquista de c\u00e9lulas rebeldes\u00bb), ya fueran las familias, los municipios, las provincias o las naciones. Pero estos supuestos no s\u00f3lo son gratuitos, sino rid\u00edculos. \u00bfPor qu\u00e9 elegir, en el conjunto de todo lo que tiene que ver con el G\u00e9nero humano, como unidades pactantes elementales, a las provincias? \u00bfPor qu\u00e9 no a los individuos o a las c\u00e9lulas? \u00bfPor que no a los municipios, a los cantones, a las barriadas o las calles, y aun a las comunidades de vecinos?<\/p>\n\n\n\n<p>A quienes dec\u00edan a Pi Margall: \u00abEspa\u00f1ol, ante todo\u00bb, les respond\u00eda: \u00abSomos y seguiremos siendo, antes que espa\u00f1ol, hombre, pese a quien pese\u00bb. Constatamos plenamente en la respuesta de Pi Margall c\u00f3mo la inmersi\u00f3n de la \u00abespecie\u00bb&nbsp;<em>espa\u00f1ol<\/em>en el g\u00e9nero&nbsp;<em>hombre<\/em> equivale a una disoluci\u00f3n de la especie en el g\u00e9nero, al anegamiento de la especie en el oc\u00e9ano del g\u00e9nero, proceso que no es meramente literario, o meramente l\u00f3gico, en todo caso, inofensivo; porque la f\u00f3rmula de Pi Margall, rebosante de sublime humanismo, deja abierta la puerta para poner, en lugar de Espa\u00f1a a Tarragona, a Guip\u00fazcoa, a Aquitania o al cant\u00f3n de Cartagena. Bajo el sublime ideal del humanismo \u00e9tico de Pi Margall, de la Humanidad, se esconde un descarado nacionalismo pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los puntos m\u00e1s oscuros de este debate suscitado por los federalistas en los d\u00edas de la Primera Rep\u00fablica, pero que llega hasta nosotros, fue la oposici\u00f3n entre&nbsp;<em>unitarismo<\/em> y&nbsp;<em>federalismo<\/em>, oposici\u00f3n que interpretaba al unitarismo como herencia del Antiguo R\u00e9gimen, como herencia \u00abde la derecha\u00bb. Llu\u00eds Companys, siguiendo a Pi Margall, atribu\u00eda el unitarismo a \u00abla burocracia centralizada y forastera\u00bb que trajeron a Espa\u00f1a los Habsburgos y los Barbones; por lo que el federalismo quedar\u00eda como el gran descubrimiento de la izquierda democr\u00e1tica. Ahora bien, si el federalismo, en sentido pol\u00edtico, lo consideramos imposible, la disyunci\u00f3n entre unitarismo y federalismo habr\u00e1 que considerarla vac\u00eda, puramente verbal, pero sin conceptos que la respalden.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho de otra manera: el Estado es unitario o no es Estado. Otra cosa es que, en lugar de referir la oposici\u00f3n unitarismo\/federalismo al Estado la traspongamos a la Administraci\u00f3n, distinguiendo la administraci\u00f3n centralista y la administraci\u00f3n descentralizada, pero siempre dentro de un Estado unitario.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Radicales, liberales, anarquistas, socialistas y comunistas ante la Idea de Naci\u00f3n pol\u00edtica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La Idea de Naci\u00f3n, en su formato can\u00f3nico, que fue instituida a partir de la Revoluci\u00f3n Francesa (en la que se form\u00f3 la izquierda de \u00abprimera generaci\u00f3n\u00bb, la izquierda radical), y que fue asumida por la revoluci\u00f3n liberal espa\u00f1ola (identificable con una \u00absegunda generaci\u00f3n\u00bb de izquierdas), expresada en la Constituci\u00f3n de C\u00e1diz de 1812, experiment\u00f3 una crisis profunda con el anarquismo (\u00abtercera generaci\u00f3n\u00bb) y con el marxismo, tanto en su versi\u00f3n socialdem\u00f3crata (\u00abcuarta generaci\u00f3n\u00bb) como en su versi\u00f3n comunista (la \u00abquinta generaci\u00f3n\u00bb de las izquierdas).<\/p>\n\n\n\n<p>El anarquismo tendi\u00f3 a ver en la Naci\u00f3n can\u00f3nica una especie de artefacto de la burgues\u00eda para mover al Estado; un Estado explotador que bloqueaba, adem\u00e1s, las tendencias, seg\u00fan ellos innatas, hacia la federaci\u00f3n de los pueblos, desbordando los l\u00edmites del Estado naci\u00f3n burgu\u00e9s. Marx y Engels tambi\u00e9n consideraron a la Naci\u00f3n can\u00f3nica como producto de la revoluci\u00f3n burguesa, pero al mismo tiempo la consideraron como una fase necesaria en el proceso de la evoluci\u00f3n humana hacia el comunismo, como plataforma indispensable para establecer, en el momento oportuno, la dictadura del proletariado. Por ello prefirieron las que llamaron \u00abnaciones con historia\u00bb -las que nosotros llamamos \u00abnaciones can\u00f3nicas\u00bb- porque en ellas, por su tama\u00f1o y desarrollo, ser\u00eda posible contar con una masa importante de trabajadores industriales, de proletarios; y subestimaron por ello las que llamaron \u00abnaciones sin historia\u00bb (entre ellas citaron, precisamente, al Pa\u00eds Vasco). La socialdemocracia, influida por Lasalle tanto como por Marx, reconoci\u00f3 al Estado y a la Naci\u00f3n correspondiente como la plataforma ideal para llevar adelante, pero de un modo gradual y sin contemplar formalmente el fin del Estado, el socialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, los comunistas (el leninismo y luego el stalinismo) tendieron siempre a subordinar la Naci\u00f3n a los intereses revolucionarios vinculados al \u00abinternacionalismo proletario\u00bb, reconociendo sin embargo las naciones a t\u00edtulo de naciones \u00e9tnicas. Incluso reconoci\u00e9ndoles un \u00abderecho de autodeterminaci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb, como rep\u00fablicas socialistas constituidas dentro de un Estado multinacional como el constituido por la Uni\u00f3n de Rep\u00fablicas Socialistas Sovi\u00e9ticas. Ahora bien: esta idea de la naci\u00f3n \u00e9tnica, en el fondo, con autodeterminaci\u00f3n dentro de un Estado multinacional, aplicada fuera del Estado sovi\u00e9tico, ven\u00eda a equivaler, en Espa\u00f1a, a una cr\u00edtica a la Naci\u00f3n can\u00f3nica espa\u00f1ola de 1812, precisamente por el reconocimiento del derecho de autodeterminaci\u00f3n de las naciones o pueblos en ella comprendidos. En el Congreso de Toulouse de diciembre de 1945 fue aprobado por el Partido Comunista de Espa\u00f1a un programa en el que se hac\u00eda la siguiente declaraci\u00f3n: \u00abReconocimiento de la personalidad nacional de los pueblos de Catalu\u00f1a, Euskadi y Galicia, dando satisfacci\u00f3n a sus leg\u00edtimas aspiraciones nacionales, en el marco de una Federaci\u00f3n Democr\u00e1tica de los pueblos Hispanos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La socialdemocracia espa\u00f1ola se contagi\u00f3 pronto de este \u00abnacionalismo regional\u00bb, que ve\u00eda como un poderoso instrumento para luchar electoralmente con el nacionalismo burgu\u00e9s, catal\u00e1n y vasco, que ocupaban casi la mitad del espacio pol\u00edtico auton\u00f3mico. Y sobre todo vieron, en el \u00abnacionalismo regional\u00bb, un gran instrumento para suavizar (por no decir desviar) los planteamientos de los conflictos sociales y pol\u00edticos en t\u00e9rminos de lucha de clases, que hab\u00edan llevado a la Guerra Civil. El nacionalismo regional permit\u00eda, en efecto, sustituir el principio de \u00abdivisi\u00f3n dicot\u00f3mica\u00bb de Espa\u00f1a en dos (\u00abUna de las dos Espa\u00f1as ha de helarte el coraz\u00f3n\u00bb) por el principio de la divisi\u00f3n de Espa\u00f1a en cinco, ocho, o diecisiete \u00abnacionalidades o regiones\u00bb. Ning\u00fan poeta ha dicho todav\u00eda a los espa\u00f1olitos que han nacido despu\u00e9s de 1978, que sepamos: \u00abUna de las diecisiete Espa\u00f1as ha de helarte el coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n percibi\u00f3 la socialdemocracia europea (juntamente con los separatistas espa\u00f1oles) la utilidad del nacionalismo regionalista con ocasi\u00f3n del ingreso de Espa\u00f1a en Europa. Y crey\u00f3 llegado el momento de lanzar una pol\u00edtica de acoso y derribo de la Naci\u00f3n can\u00f3nica espa\u00f1ola, en beneficio no s\u00f3lo de las grandes Naciones can\u00f3nicas europeas (Francia, Alemania, Inglaterra) sino tambi\u00e9n de las nuevas naciones \u00abdise\u00f1adas\u00bb dentro del imaginado futuro Estado federal: \u00abEl Estado espa\u00f1ol se compone de tres naciones y catorce regiones\u00bb, dijo Pascual Maragall, actual presidente de la Generalidad catalana. Rodr\u00edguez Zapatero o Peces Barba insistieron, por su parte, en que las diferencias entre naciones, nacionalidades y regiones son cuestiones de \u00abmera sem\u00e1ntica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los fundamentos de la \u00abcruzada democr\u00e1tica\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No puede asegurarse, por tanto, que las Naciones can\u00f3nicas y, en particular Espa\u00f1a, como Naci\u00f3n, tengan el futuro asegurado. Durante muchos a\u00f1os, muchos partidos de izquierdas han trabajado en su erosi\u00f3n y desprestigio. Pero la Naci\u00f3n can\u00f3nica, por su tama\u00f1o y su historia, fue el espacio m\u00e1s adecuado para constituir una democracia viable. Una democracia parlamentaria, sobre todo si est\u00e1 vinculada al Estado de bienestar, social y de derecho, puede ser de hecho condici\u00f3n necesaria para su sostenibilidad, al menos en el contexto de la Sociedad de las Naciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienes, por un lado, proyectan el fraccionamiento de las Naciones can\u00f3nicas actuales (sobre todo en Espa\u00f1a, algo en Italia, pr\u00e1cticamente nada en Francia o en Alemania) o, por otro lado, a veces convergente con aqu\u00e9l, proyectan una Constituci\u00f3n europea que, avanzando sobre las propuestas vigentes, consagre una Confederaci\u00f3n europea cuentan con la inminente desaparici\u00f3n, por transformaci\u00f3n, de las Naciones can\u00f3nicas en otro g\u00e9nero de Naciones pol\u00edticas, el g\u00e9nero de las naciones fraccionarias (consideradas como \u00abpueblos\u00bb ).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, todos parecen estar de acuerdo en que subsistir\u00e1n las democracias parlamentarias. Sobreentienden que, sin perjuicio de haberse constituido la democracia, a partir del siglo XVIII, a escala de las Naciones can\u00f3nicas, la estructura democr\u00e1tica del Estado (sea nacional, sea multinacional, sea continental) es la forma final de la historia pol\u00edtica, la forma m\u00e1s elevada y definitiva que el G\u00e9nero humano ha encontrado para vivir \u00aben paz, en libertad y en solidaridad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser dem\u00f3crata se hace as\u00ed equivalente, en las democracias fundamentalistas, a \u00abser hombre honrado\u00bb; no ser dem\u00f3crata se hace equivalente a ser un hombre miserable, un protohombre o un subhombre, es decir, un hombre no plenamente desarrollado, un hombre subdesarrollado.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan esto, todo \u00abdem\u00f3crata aut\u00e9ntico\u00bb (fundamentalista) tratar\u00e1 continuamente de extender el sistema democr\u00e1tico a todas las sociedades que actualmente habitan el globo terr\u00e1queo (incluyendo en estas sociedades a la sociedad mauritana, a la angole\u00f1a, a la congolesa, a la cubana, a la iran\u00ed, a la afgana, incluso a la china). Se trata de que el Globo terr\u00e1queo civilizado est\u00e9 organizado en Naciones, tanto da que sean grandes o peque\u00f1as, con tal de que hayan asumido la forma de la democracia parlamentaria homologada. Concebir\u00e1n el proyecto de esta extensi\u00f3n universal de la forma parlamentaria de la democracia como una cruzada; a la manera como los ap\u00f3stoles de la Buena Nueva asumieron (o asumen) como forma de vida que los \u00abjustifica\u00bb el intento de extender el cristianismo por toda la redondez de la Tierra. \u00ab\u00a1Id y predicad a todas las gentes la Democracia!\u00bb, podr\u00eda ser la f\u00f3rmula de la Buena Nueva de nuestros tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no se entiende bien es de d\u00f3nde brota la evidencia de que la Buena Nueva haya de tener hoy el signo de la democracia parlamentaria; y se entiende a\u00fan peor (aun concediendo que esa evidencia se apoya en fundamentos no gratuitos) la voluntad de extenderla y darla a participar a todos los hombres. Porque decir que esa voluntad deriva de la solidaridad, de la caridad o de la filantrop\u00eda ser\u00eda tanto como decir que la capacidad somn\u00edfera del opio deriva de su virtud dormitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 razones se apoya el fundamentalismo democr\u00e1tico para considerar a la democracia parlamentaria como la \u00fanica forma superior, o decente al menos, de sociedad pol\u00edtica? El fundamentalismo democr\u00e1tico apela a la libertad, a la dignidad humana, a la solidaridad. Pero todo esto es mera metaf\u00edsica escol\u00e1stica. \u00bfEs que no hay libertad, o dignidad, o solidaridad en un pueblo budista o islamista (las mayores muestras de solidaridad interna las ofrecen los mahometanos que se inmolan conjuntamente en la lucha contra sus enemigos los polite\u00edstas cristianos), o en una sociedad comunista?<\/p>\n\n\n\n<p>Y acaso podr\u00e1 decirse con raz\u00f3n que no la hay, cuando la libertad se toma en el sentido de la libertad de elecci\u00f3n propia de las democracias parlamentarias. Pero con estos razonamientos se incurre en meras tautolog\u00edas, porque lo que habr\u00eda que demostrar es que esa libertad de elecci\u00f3n de representantes equivale, sin m\u00e1s, a la libertad en el sentido filos\u00f3fico de la palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY de d\u00f3nde mana el \u00abimpulso misionero\u00bb que lleva a los pol\u00edticos dem\u00f3cratas a predicar la cruzada de la democracia parlamentaria?<\/p>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil encontrar la fuente, sobre todo si excavamos en el terreno de las subjetividades psicol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay un terreno en el que, al menos, podremos explorar los motivos objetivos que las democracias parlamentarias tienen para propagar la forma democr\u00e1tica a toda la redondez de la Tierra. Es el terreno del mercado plet\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p>Si reconocemos la involucraci\u00f3n interna entre la libertad de elecci\u00f3n de representantes y la libertad objetiva de elecci\u00f3n de bienes en el mercado plet\u00f3rico; si, en concreto, reconocemos la involucraci\u00f3n entre la democracia parlamentaria, formada por ciudadanos libres (en la elecci\u00f3n) y el mercado plet\u00f3rico formado por compradores libres (de bienes), la explicaci\u00f3n del \u00abimpulso misionero\u00bb de las democracias homologadas se hace muy sencilla: lo que las democracias de mercado buscan, y lo buscan porque lo necesitan objetivamente (y no ya subjetivamente) al tratar de extender la democracia, y no s\u00f3lo extender los valores de la democracia, sino principalmente los valores de la Bolsa, es extender sus mercados, es decir fabricar \u00abnuevos consumidores\u00bb para que pueda funcionar la producci\u00f3n industrial masiva de bienes, m\u00e1s o menos individualizados (siempre desde criterios abstractos, de clase).<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan estas premisas puede afirmarse que las democracias de mercado subsistir\u00e1n en tanto en cuanto subsistan los mercados plet\u00f3ricos. Y no hace falta a\u00f1adir aqu\u00ed nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00abUnidad\u00bb o \u00abUni\u00f3n\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pero si volvemos, en esta excursi\u00f3n sobre la democracia, a nuestro asunto, la pregunta que hay que replantear es la siguiente: \u00bfqu\u00e9 tiene que ver la subsistencia de la democracia de mercado con las Naciones pol\u00edticas y, en particular, con la Naci\u00f3n can\u00f3nica espa\u00f1ola? Pues no parece posible afirmar que las naciones pol\u00edticas fraccionarias, proyectadas en Espa\u00f1a desde las plataformas de las \u00abnacionalidades hist\u00f3ricas\u00bb reconocidas por la Constituci\u00f3n, no puedan ser democr\u00e1ticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas naciones fraccionarias, si lograsen sus pretensiones, conculcar\u00edan el art\u00edculo 1 de la Constituci\u00f3n democr\u00e1tica espa\u00f1ola definida en 1978; pero esta democracia no es la \u00fanica posibilidad de democracia, y en este sentido es infundada la acusaci\u00f3n de antidem\u00f3cratas que suele hacerse a los nacionalistas secesionistas. Y la circunstancia de que hist\u00f3ricamente las democracias parlamentarias hayan surgido de los Estados nacionales can\u00f3nicos no significa que las futuras democracias parlamentarias \u00abest\u00e9n atadas\u00bb a la forma can\u00f3nica del Estado nacional can\u00f3nico; sobre todo si las futuras democracias fraccionarias asumen ellas mismas la forma de un Estado naci\u00f3n, aunque sea en un volumen m\u00e1s reducido.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n que nos interesa no es, por tanto, la cuesti\u00f3n de las posibles democracias futuras, en diferente formato de volumen, en general. Lo que nos importa son las repercusiones que estas supuestas futuras democracias fraccionarias puedan tener en la Naci\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>No nos afecta, ni poco ni mucho, lo que a un dem\u00f3crata fundamentalista parece afectarle ante todo: la gozosa contemplaci\u00f3n de la multiplicaci\u00f3n de las democracias, aunque esta multiplicaci\u00f3n no tenga tanto la forma de la reproducci\u00f3n de la democracia en nuestras sociedades no excluyentes, sino que tenga la forma de una escisi\u00f3n directa de una democracia en partes que excluyen la integridad del todo del cual proceden, la Naci\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que nos importa no es que las supuestas futuras naciones fraccionarias democr\u00e1ticas multipliquen el n\u00famero de las naciones democr\u00e1ticas realmente existentes; lo que nos importa son las consecuencias que esta multiplicaci\u00f3n por escisi\u00f3n pueden tener para la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, tambi\u00e9n realmente existente.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es indudable que la principal consecuencia habr\u00e1 que ponerla en el descuartizamiento o \u00abbalcanizaci\u00f3n\u00bb de esta Naci\u00f3n pol\u00edtica. Descuartizamiento que implicar\u00eda tambi\u00e9n, necesariamente, el expolio del patrimonio nacional espa\u00f1ol, y no s\u00f3lo el espect\u00e1culo de la deslealtad, propia de renegados, de quienes se separan despu\u00e9s de que durante los a\u00f1os y aun siglos de expansi\u00f3n se sintieron orgullosos de ser espa\u00f1oles.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el descuartizamiento de la Naci\u00f3n espa\u00f1ola tiene mucho de latrocinio, por lo menos para todos los espa\u00f1oles que consideran suyo el Pa\u00eds Vasco, Catalu\u00f1a, Galicia&#8230; No s\u00f3lo porque all\u00ed tienen tambi\u00e9n antepasados, sino porque han contribuido con su trabajo o con su capitales a la formaci\u00f3n de las propias partes en trance de separaci\u00f3n. Todos estos espa\u00f1oles no podr\u00e1n advertir ning\u00fan objetivo interesante, noble o digno en los procesos secesionistas de quienes formaron siempre parte de su organismo pol\u00edtico; s\u00f3lo podr\u00e1n ver resentimiento, odio y vac\u00edo entendimiento de la libertad, o simplemente intereses vulgares. Y estupidez econ\u00f3mica y social, porque con su separaci\u00f3n prescindir\u00edan de un espacio de libertad mucho mayor (por no hablar de un espacio mayor en el que ejercitar la solidaridad), que es el que Espa\u00f1a \u00edntegra les ofrece. Pero ellos lo habr\u00e1n querido. Como quiere un joven, en plena crisis de adolescencia, librarse de su familia. Los rostros de los manifestantes que observamos en Bilbao o en San Sebasti\u00e1n, pidiendo libertad y soberan\u00eda para \u00absu pueblo\u00bb, recuerdan muy de cerca a los rostros adolescentes que piden \u00ablibertad\u00bb movidos por impulsos primarios. Impulsos primarios que han sido desencadenados por intelectuales divagantes o por pol\u00edticos interesados.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, el expolio tendr\u00eda lugar incluso en el supuesto de que las naciones escindidas mantuvieran de alg\u00fan modo la&nbsp;<em>unidad<\/em> -o la&nbsp;<em>uni\u00f3n<\/em>, seg\u00fan que utiliz\u00e1semos la terminolog\u00eda unitarista o la federalista- de los espa\u00f1oles, por ejemplo, mediante la forma de una Confederaci\u00f3n. Forma muy improbable, puesto que las probabilidades de alianza de Catalu\u00f1a o del Pa\u00eds Vasco, en el supuesto de que ETA tomase las riendas y transformase Euskadi en una rep\u00fablica socialista -muy alejada de la forma democr\u00e1tica parlamentaria-, con Francia o con Inglaterra, ser\u00edan mucho mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n planteada ser\u00e1 tambi\u00e9n muy distinta si las nuevas democracias adoptan la forma republicana o la mon\u00e1rquica. La unidad de esta supuesta futura Confederaci\u00f3n de naciones espa\u00f1olas podr\u00eda acaso quedar mejor garantizada por una monarqu\u00eda que por una rep\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>No vamos a entrar aqu\u00ed en el an\u00e1lisis de las dificultades que se presentan por v\u00eda legal en el momento de transformar la&nbsp;<em>unidad<\/em> actual de la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, una e indivisible (que los federalistas consideran como centralista), en una&nbsp;<em>uni\u00f3n<\/em> federal, una uni\u00f3n a la que s\u00f3lo podr\u00eda llegarse tras el despedazamiento previo del Estado espa\u00f1ol en diecisiete Estados, si \u00e9stos decidieran acordar el \u00abpacto federal\u00bb libre e igualitario (despedazamiento contemplado ya por Valent\u00edn Almirall en los a\u00f1os del sexenio revolucionario).<\/p>\n\n\n\n<p>Y otra gran cuesti\u00f3n interrogante se nos plantea aqu\u00ed: la secesi\u00f3n, aunque no sea m\u00e1s que por lo que tiene de expolio y de saqueo, \u00bfpodr\u00eda tener lugar pac\u00edficamente? \u00bfAcaso cabe esperar que los espa\u00f1oles permanezcan cruzados de brazos ante el espect\u00e1culo ofrecido por unos individuos que, avalados por pactos y convenios burocr\u00e1ticos, semiclandestinos, se disponen a apropiarse de un patrimonio en el que todos tienen parte y parte irrenunciable?\u00bfHasta tal punto se habr\u00e1 enfriado la sangre de los espa\u00f1oles que nadie est\u00e9 dispuesto a perder ni una gota en el forcejeo con los expoliadores?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dado el indudable inter\u00e9s de este libro del profesor&nbsp;Gustavo Bueno&nbsp;(Espa\u00f1a no es un mito. 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