{"id":1233,"date":"2019-02-25T09:45:26","date_gmt":"2019-02-25T09:45:26","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost\/spanishclassicbooks\/?p=1233"},"modified":"2019-11-28T19:52:09","modified_gmt":"2019-11-28T19:52:09","slug":"espana-no-es-un-mito-pregunta-3-desde-cuando-existe-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/espana-no-es-un-mito-pregunta-3-desde-cuando-existe-espana\/","title":{"rendered":"Espa\u00f1a no es un mito \u2013 Pregunta 3:  \u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?"},"content":{"rendered":"\n<p>Dado el indudable inter\u00e9s de este libro del profesor&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.fgbueno.es\/ing\/gbm.htm\">Gustavo Bueno<\/a>&nbsp;(<em>Espa\u00f1a no es un mito<\/em>. Madrid: Temas de Hoy, 2005) que se encuentra actualmente descatalogado, proseguimos la edici\u00f3n digital de esta obra, con la tercera pregunta:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfDESDE CU\u00c1NDO EXISTE ESPA\u00d1A?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Presupuestos impl\u00edcitos en la pregunta \u00ab\u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dos presupuestos: la realidad de Espa\u00f1a y la Idea de Espa\u00f1a que se tenga<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta \u00ab\u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?\u00bb presupone por lo menos dos tipos de consideraciones: aquellas que tienen que ver con el reconocimiento de que Espa\u00f1a existe (con la existencia de Espa\u00f1a), y aquellas que tienen que ver con la Idea de Espa\u00f1a (m\u00e1s o menos clara, m\u00e1s o menos distinta), es decir, con la esencia de Espa\u00f1a, con su unidad y con su identidad, en funci\u00f3n de las cuales podamos definir el sujeto gramatical de la proposici\u00f3n \u00abEspa\u00f1a existe\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, la pregunta \u00ab\u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?\u00bb resultar\u00e1 capciosa para todo aquel que niegue la existencia de Espa\u00f1a, para todo aquel que no reconozca su existencia, cualquiera que sean sus motivos, sean estos irracionales o racionales (verdaderos o falsos).<\/p>\n\n\n\n<p>Analicemos un poco m\u00e1s de cerca, aunque del modo m\u00e1s breve posible, cada uno de estos dos tipos de presupuestos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El supuesto de la existencia de Espa\u00f1a<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El primer presupuesto de la pregunta titular lo hemos formulado as\u00ed: quien pregunta por el origen de Espa\u00f1a (o bien: \u00bfdesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?) est\u00e1 ya reconociendo, con buenas razones o sin ellas, que Espa\u00f1a existe, que es una \u00abrealidad existente\u00bb; podr\u00edamos decir que la pregunta presupone la Espa\u00f1a \u00abrealmente existente\u00bb. Pero esto puede entenderse de distintas maneras, y tenemos que precisar a cu\u00e1l de ellas nos atenemos, por nuestra parte, para evitar el caos en la exposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por de pronto, \u00abEspa\u00f1a existe\u00bb, aunque contiene la referencia al tiempo presente (\u00abEspa\u00f1a existe ahora, en 2005\u00bb), implica tambi\u00e9n una referencia al pret\u00e9rito, porque una realidad hist\u00f3rica o procesual, como en todo caso es la de Espa\u00f1a, no puede haber surgido s\u00fabitamente, por generaci\u00f3n espont\u00e1nea, o acaso a consecuencia de la decisi\u00f3n de una Asamblea parlamentaria que hubiera decidido \u00abdarse a s\u00ed misma su Constituci\u00f3n\u00bb. No puede decirse siquiera, por ejemplo, que Espa\u00f1a existe a partir de la Constituci\u00f3n de 1978, porque s\u00f3lo cuando la Asamblea se considere democr\u00e1ticamente representativa de una Espa\u00f1a previamente existente podr\u00e1 declarar la existencia constitucional de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho de otro modo: la Constituci\u00f3n formal o legal de Espa\u00f1a (de 1978) presupone una constituci\u00f3n material (<em>systasis<\/em>) o real previa; en otro caso estar\u00edamos incurriendo en el absurdo de reconocer un proceso de \u00abautocreaci\u00f3n\u00bb: \u00abEspa\u00f1a existe desde el momento en que se da a s\u00ed misma su Constituci\u00f3n\u00bb. O, aplicando el absurdo de la causa&nbsp;<em>sui<\/em> a un terreno menos metaf\u00edsico que el de la creaci\u00f3n&nbsp;<em>ex nihilo<\/em>: \u00abEspa\u00f1a est\u00e1 sosteni\u00e9ndose sobre el vac\u00edo, agarr\u00e1ndose a sus propios cabellos\u00bb, como lo hac\u00eda el bar\u00f3n de Munchausen. En nuestro caso, Espa\u00f1a estar\u00eda sosteni\u00e9ndose sobre el vac\u00edo agarr\u00e1ndose a las leyes del Estado de derecho que ella misma segrega.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La existencia de Espa\u00f1a en la Constituci\u00f3n actual requiere un&nbsp;<em>regressus <\/em> hist\u00f3rico a su existencia en Constituciones anteriores<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La proposici\u00f3n, en presente gramatical, \u00abEspa\u00f1a existe\u00bb ha de entenderse, por tanto, con referencias que desbordan el&nbsp;<em>ahora<\/em> (2005) de los que la pronuncian, es decir, ha de entenderse con referencias a un presente hist\u00f3rico, como pudiera serlo: \u00abEspa\u00f1a existe en 1978, cuando proclam\u00f3 su Constituci\u00f3n\u00bb. Proclamaci\u00f3n que, por cierto, no afirma, de ning\u00fan modo, que la existencia de Espa\u00f1a se derive de su Constituci\u00f3n,&nbsp;<em>puesto que fundamenta esa Constituci\u00f3n precisamente en el supuesto de una Espa\u00f1a preexistente<\/em>. En su art\u00edculo 1 la Constituci\u00f3n de 1978 no dice que \u00abEspa\u00f1a se constituye como realidad\u00bb, sino que dice que se constituye en un \u00abEstado social y democr\u00e1tico de derecho\u00bb; y en su art\u00edculo 2, refiri\u00e9ndose ya expl\u00edcitamente a s\u00ed misma como constituci\u00f3n formal, dice que \u00abla Constituci\u00f3n se fundamenta en la indisoluble unidad de la Naci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que alg\u00fan escol\u00e1stico, acudiendo en ayuda de los &lt;nacionalistas-constitucionales\u00bb, podr\u00eda interpretar que este fundamento habr\u00eda de entenderse en el terreno puramente l\u00f3gico, como si dijera: &#8220;Todo lo que viene a continuaci\u00f3n gira en torno a la unidad indisoluble de la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, que queda definida por esta Constituci\u00f3n\u00bb; pero quienes lo redactaron entendieron evidentemente el fundamento en su sentido hist\u00f3rico -\u00abes la Espa\u00f1a realmente existente, la que existe mientras estamos redactando su Constituci\u00f3n, y que puede hablar en nombre de&nbsp;<em>todos<\/em> los espa\u00f1oles vivientes, a cuyo referendo va a ser sometida esta Constituci\u00f3n, el fundamento democr\u00e1tico de la misma Constituci\u00f3n\u00bb-. Y con ello, los \u00abPadres de la Patria\u00bb tuvieron que exponerse a las cr\u00edticas de los nacionalistas fraccionarios, que les acusaban de petici\u00f3n de principio (de hecho, los nacionalistas vascos no firmaron la Constituci\u00f3n, porque no reconoc\u00edan que el cuerpo electoral pudiera ser identificado con la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, ni, por tanto, con el cuerpo electoral que, en el refer\u00e9ndum, pudiera figurar como \u00abconjunto indistinto de espa\u00f1oles\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>El presupuesto \u00abEspa\u00f1a existe\u00bb ahora y, por tanto tambi\u00e9n, necesariamente en un pret\u00e9rito o presente hist\u00f3rico (como pueda serlo para nosotros el a\u00f1o 1978, pero el argumento es retrospectivamente recurrente, por ejemplo hasta la primera Constituci\u00f3n espa\u00f1ola, en 1812), implica la existencia ininterrumpida de Espa\u00f1a desde un presente hist\u00f3rico (tomado como origen, aunque fuera a t\u00edtulo convencional en el plano de la discusi\u00f3n) hasta el ahora del presente existencial. De hecho, en el terreno constitucional, si Espa\u00f1a existe ahora, en 2005, es porque Espa\u00f1a existi\u00f3 en 1978; y esta existencia, en 1978, no es pret\u00e9rita, sino que es presente, porque, al menos jur\u00eddicamente, sigue siendo el fundamento actual y operante (por estructura y no s\u00f3lo por g\u00e9nesis) de la Espa\u00f1a constitucional realmente existente de hoy. Ocurre en las realidades hist\u00f3ricas lo mismo que ocurre en las realidades org\u00e1nicas: el pret\u00e9rito (por ejemplo, el representado por los esqueletos de los primates hom\u00ednidos) sigue existiendo en el presente: la estructura del esqueleto de un primate no es algo que est\u00e9 dado en el pasado, en un museo, sino algo que est\u00e1 presente en cada uno de los esqueletos de los individuos humanos vivientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero como, seg\u00fan hemos dicho, la Espa\u00f1a constitucional de 1978 presupone a su vez una Espa\u00f1a realmente existente anterior a la Constituci\u00f3n formal, el presente hist\u00f3rico queda indefinido: Espa\u00f1a existe en 1978, pero tambi\u00e9n antes, por ejemplo, en 1931, a\u00f1o en el que se proclam\u00f3 la Constituci\u00f3n de Espa\u00f1a como \u00abRep\u00fablica de trabajadores de todas clases\u00bb. Y una vez iniciado el proceso de recurrencia hist\u00f3rica, el&nbsp;<em>regressus<\/em> hist\u00f3rico, \u00bfcu\u00e1ndo habr\u00e1 que detenerlo, puesto que obviamente no cabe pensar en un&nbsp;<em>regressus<\/em> indefinido, que nos llevar\u00eda a una Espa\u00f1a increada, \u00abeterna\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p>Si practicamos el&nbsp;<em>regressus<\/em> de Constituci\u00f3n a Constituci\u00f3n (de 1978 a 1931, de 1931 a 1876, de 1876 a 1869, de 1869 a 1845, de 1845 a 1837, de 1837 a 1812), \u00bfhabr\u00e1 que detenerse en 1812, en la Constituci\u00f3n de C\u00e1diz, que es la primera Constituci\u00f3n de Espa\u00f1a, en la que adem\u00e1s se habla de la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, y, por cierto, englobando en ella a todos los espa\u00f1oles que viven \u00aben ambos hemisferios\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a su vez, la Constituci\u00f3n formal de 1812 requiere tambi\u00e9n el reconocimiento de una Constituci\u00f3n real (<em>systasis<\/em>) de la Espa\u00f1a que en las Cortes de C\u00e1diz proclam\u00f3 la Constituci\u00f3n, a trav\u00e9s de la cual, formalmente, se redefin\u00eda a Espa\u00f1a como Naci\u00f3n pol\u00edtica. Por lo tanto, la pregunta \u00ab\u00bfdesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?\u00bb queda abierta, hasta que no se determine la fecha, o la franja de fechas de su origen.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La existencia hist\u00f3rica de Espa\u00f1a ha de entenderse como una existencia ininterrumpida<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, y aun manteniendo indeterminado el origen, la precisi\u00f3n seg\u00fan la cual la proposici\u00f3n \u00abEspa\u00f1a existe\u00bb s\u00f3lo puede significar \u00abEspa\u00f1a existe ininterrumpidamente desde su origen hasta ahora\u00bb es una precisi\u00f3n necesaria, cualquiera que sea la \u00e9poca asignada, aun convencionalmente al origen.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es necesaria si queremos salir al paso, o sencillamente desmarcarnos, por de pronto, de todos aquellos que entiendan la existencia, en general, como una existencia interrumpible o intermitente. Al margen de la cuesti\u00f3n sobre si tiene sentido suponer la posibilidad de una \u00abexistencia intermitente\u00bb (la existencia de un ser que, como el \u00abMundo\u00bb del obispo Berkeley, desaparece o deja de existir cada vez que dejamos de percibirlo, y reaparece y vuelve a existir al volverlo a percibir), lo cierto es que la idea de una \u00abexistencia intermitente\u00bb act\u00faa de hecho, no s\u00f3lo en los obispos metaf\u00edsicos idealistas, sino tambi\u00e9n en muchos polit\u00f3logos o historiadores, en general, y en los polit\u00f3logos e historiadores espa\u00f1oles, cuando hablan sobre Espa\u00f1a, en particular.<\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00e9lebre definici\u00f3n que Renan dio de la naci\u00f3n -\u00abun plebiscito cotidiano\u00bb- podr\u00eda considerarse en efecto como una aplicaci\u00f3n del principio idealista y metaf\u00edsico de la \u00abexistencia intermitente\u00bb -la idea cartesiana de la \u00abconservaci\u00f3n\u00bb del mundo material como una \u00abcreaci\u00f3n continuada en cada instante\u00bb- a la \u00abduraci\u00f3n real\u00bb de una naci\u00f3n hist\u00f3rica. Es como si la duraci\u00f3n real, a lo largo del tiempo hist\u00f3rico, de una naci\u00f3n, por ejemplo, de la Naci\u00f3n francesa surgida de la Revoluci\u00f3n de 1789, fuese sometida a una descomposici\u00f3n en miles de unidades circadianas, cuya concatenaci\u00f3n posterior nos devolviera a la duraci\u00f3n real. (Acaso Renan se hubiera pensado dos veces su definici\u00f3n de haber conocido la cr\u00edtica que Bergson hiciera a\u00f1os despu\u00e9s al \u00abpensamiento cinematogr\u00e1fico\u00bb, que ofrece la apariencia de la duraci\u00f3n real de un movimiento por su reconstrucci\u00f3n mediante sucesi\u00f3n de secuencias de im\u00e1genes fijas inm\u00f3viles.)<\/p>\n\n\n\n<p>Si aplicamos la definici\u00f3n de Renan a la Naci\u00f3n espa\u00f1ola, incluso si su existencia la circunscribi\u00e9semos al intervalo 1978-2005, habr\u00eda que concluir que la existencia de Espa\u00f1a durante este intervalo es una existencia ininterrumpida, a lo largo de m\u00e1s de ocho mil, ochenta mil u ochocientas mil unidades, es decir, durante los instantes que median entre un \u00abplebiscito intencional\u00bb y el del d\u00eda siguiente. Si Renan o sus disc\u00edpulos respondieran que su \u00abplebiscito diario\u00bb es s\u00f3lo un modo de abreviar la idea de un \u00abplebiscito continuo\u00bb (que habr\u00eda de tener lugar a lo largo de las horas, de los minutos y de los segundos de cada d\u00eda), sin interrupci\u00f3n alguna, habr\u00eda que decirles a su vez que, en tal supuesto, deber\u00edan retirar la palabra \u00abplebiscito\u00bb, o mantenerla en el terreno de la m\u00e1s inofensiva met\u00e1fora literaria y no ya por razones derivadas de su dificultad (o imposibilidad) tecnol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Un plebiscito continuo, en el que cada decisi\u00f3n de un pueblo puede reiterarse, modificarse, es decir, ponerse en tela de juicio en cada segundo, no ser\u00eda un plebiscito. Un plebiscito pol\u00edtico constitucional implica planes y programas calculados, no ya a escala de segundos o minutos, ni de d\u00edas, ni de meses, ni de a\u00f1os: la Naci\u00f3n tiene dimensiones seculares. Y por eso un plebiscito desaparece en el l\u00edmite de la serie de los intervalos cada vez m\u00e1s estrechos, como desaparece la l\u00ednea al ser dividida sucesivamente en partes y alcanzar los puntos adimensionales. Una Naci\u00f3n no es un plebiscito cotidiano, como tampoco una recta es una suma de puntos, que no son otra cosa sino el l\u00edmite de la sucesiva divisi\u00f3n de esa recta en segmentos. Porque la Naci\u00f3n no resulta de un plebiscito, aunque se llame \u00abfundacional\u00bb (\u00bfc\u00f3mo podr\u00eda fundar una Naci\u00f3n el cuerpo electoral del plebiscito que resulta precisamente de esa Naci\u00f3n?). Es verdaderamente peligroso que los polit\u00f3logos o constitucionalistas confundan las met\u00e1foras brillantes con los conceptos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n es cierto que el esquema de la \u00abexistencia intermitente\u00bb no suele ser aplicado, por historiadores o pol\u00edticos, a escala circadiana, lo que no quiere decir que no podamos ver la presencia de este esquema en las cabezas de muchos ciudadanos que no son historiadores o polit\u00f3logos. Por ejemplo, se ajustan a este esquema quienes, apelando a las virtualidades abiertas por internet, defienden la posibilidad y la conveniencia de un plebiscito permanente, en la forma, por ejemplo, de referendos continuos sobre asuntos de inter\u00e9s com\u00fan -valoraciones de planes y programas sobre autopistas o sobre alimentos transgen\u00e9ricos, valoraciones de gesti\u00f3n&#8230;-; referencias cuyos resultados quedar\u00edan reflejados diariamente en la pantalla, del mismo modo a como se reflejan diariamente las cotizaciones de las bolsas internacionales o las audiencias de los programas de televisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n se ajustan a este esquema quienes consideran un \u00ababsurdo democr\u00e1tico\u00bb que una Constituci\u00f3n que fue aprobada antes de que ellos tuvieran la edad de votar (por ejemplo, hace diecinueve, o veinte, o treinta a\u00f1os&#8230;) pueda serles impuesta como \u00abley fundamental democr\u00e1tica\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9 hemos de aceptar -dicen- una Constituci\u00f3n que aprobaron nuestros abuelos, nuestros padres o nuestros hermanos mayores? \u00bfEs que no podemos votar una Constituci\u00f3n a nuestra medida? \u00bfNo se est\u00e1n arrogando el derecho (nuestros abuelos, padres o hermanos mayores) de haber decidido en nuestro nombre?<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, este argumento tendr\u00eda potencia suficiente para dinamitar la \u00abteor\u00eda democr\u00e1tica de la Constituci\u00f3n democr\u00e1tica\u00bb, si hubiese un m\u00ednimum de l\u00f3gica interna entre los dem\u00f3cratas fundamentalistas-constitucionalistas. Y de este argumento se deducir\u00eda necesariamente la necesidad de acudir al esquema de la existencia intermitente (por lo menos durante el periodo de interregno constitucional) si no a escala de d\u00edas, s\u00ed a escala de lustros.<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, los historiadores suelen utilizar el esquema de la existencia intermitente, si no a escala de d\u00edas, de lustros o de generaciones, s\u00ed a escala de \u00e9pocas hist\u00f3ricas, o sencillamente de intervalos hist\u00f3ricos que juzguen pertinentes para cada sociedad pol\u00edtica. \u00abEspa\u00f1a existi\u00f3, como Hispania, en la \u00e9poca del Imperio romano.\u00bb Pero esta Hispania, se dice, dej\u00f3 de existir a consecuencia de las invasiones b\u00e1rbaras, en nuestro caso, de las invasiones v\u00e1ndalas, suevas o visig\u00f3ticas. Volvi\u00f3 a existir Espa\u00f1a gracias a la pol\u00edtica de los visigodos, especialmente de Leovigildo; s\u00f3lo que la Espa\u00f1a visigoda ya no podr\u00eda considerarse como una misma realidad hist\u00f3rica que podamos atribuir a la Hispania romana (San Isidoro, Isidoro de Hispalis, por ejemplo, dice Am\u00e9rico Castro, \u00abescrib\u00eda con conciencia de ser visigodo\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si es distinta, \u00bfc\u00f3mo puede decirse que fue Espa\u00f1a la que existi\u00f3 una vez como Espa\u00f1a romana y otra vez como Espa\u00f1a visig\u00f3tica? Decir que se trata de una existencia intermitente \u00bftiene m\u00e1s sentido que decir de algo que es un c\u00edrculo cuadrado? Si Espa\u00f1a (Hispania) dej\u00f3 de existir con las invasiones b\u00e1rbaras, \u00bfc\u00f3mo mantenerla, como sujeto de su renacimiento, con los visigodos? Porque lo que permanece \u00absustancialmente\u00bb ya no ser\u00e1 Espa\u00f1a, sino otra cosa. Otra cosa que tampoco permitir\u00eda llamar \u00abespa\u00f1oles\u00bb a los celt\u00edberos o tartesios o saguntinos, como los llamaba Ortega, comentando la observaci\u00f3n de An\u00edbal cuando dec\u00eda que los celt\u00edberos, tartesios y saguntinos \u00abcarec\u00edan de necesidades\u00bb (Ortega, por cierto, tambi\u00e9n llam\u00f3 sevillano a Trajano).<\/p>\n\n\n\n<p>Y otro tanto habr\u00eda que decir de los historiadores que hablan de la desaparici\u00f3n de Espa\u00f1a (por ejemplo de la Espa\u00f1a visigoda) como consecuencia de la invasi\u00f3n sarracena. Espa\u00f1a dej\u00f3 de existir y pas\u00f3 a significar la parte de la Pen\u00ednsula ocupada por los moros (que por<br>cierto, llamaron&nbsp;<em>Al Andalus&nbsp;<\/em> a la&nbsp;<em>Hispania<\/em> que ellos iban ocupando). Quienes, sucesores acaso de lo visigodos junto con otras tribus a\u00fan no bien romanizadas o visigotizadas, y otras poblaciones hispanorromanas, se enfrentaron a los musulmanes no se llamaban a s\u00ed mismos \u00abespa\u00f1oles\u00bb (salvo m\u00e1s tarde en algunas partes de Catalu\u00f1a), sino \u00abcristianos\u00bb. En el&nbsp;<em>Poema del Cid<\/em> hacia 1140, aunque se habla de Espa\u00f1a, no se habla de \u00abespa\u00f1oles\u00bb sino de gallicianos, leonese , castellanos y \u00abfrancos\u00bb (es decir, catalanes). Seg\u00fan demostr\u00f3 Paul Aebischer, el t\u00e9rmino \u00abespa\u00f1ol\u00bb es un provenzalismo -en romance debiera haber producido \u00abespa\u00f1uelo\u00bb-, cuya primera expresi\u00f3n escrita, seg\u00fan Rafael Lapesa, podr\u00eda fecharse en un documento de 1194 suscrito por un cl\u00e9rigo de Toledo, un \u00abdomno Espa\u00f1ol\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo \u00bfquiere esto decir que la existencia de Espa\u00f1a se hubiera interrumpido con la invasi\u00f3n mahometana? Lo que se interrumpi\u00f3 \u00bfno fue s\u00f3lo el nombre de sus habitantes cristianos, pero no lo habitantes mismos? En todo caso el nombre de Hispania no desapareci\u00f3. Lo constatamos en el Himno a Santiago durante el reinado de Silo (774-783) en la&nbsp;<em>Cr\u00f3nica de Alfonso III<\/em>&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez, el esquema de la \u00abexistencia intermitente\u00bb nos demuestra su rudeza, y nos exigir\u00eda hablar de Renacimiento (en un sentido literal) de esa existencia, en lugar de hablar de Reconquista.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La existencia ininterrumpida no corresponder\u00eda a Espa\u00f1a sino, en todo caso, a \u00ablas Espa\u00f1as\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, los historiadores de la \u00abescuela intermitente\u00bb -que podr\u00edan llamarse tambi\u00e9n de la \u00abescuela palingen\u00e9sica\u00bb- se inclinar\u00edan a ver en los siglos medievales de la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, si no ya una Espa\u00f1a interrumpida o discontinua en el tiempo, s\u00ed una Espa\u00f1a intermitente o discontinua en el espacio, por ejemplo, la Espa\u00f1a de los cinco reinos sucesivos, que impedir\u00edan hablar de un Reino de Espa\u00f1a. En su lugar cabr\u00eda hablar de \u00ablas Espa\u00f1as\u00bb, cuya existencia individual ya podr\u00eda reconocerse como ininterrumpida desde tiempos anteriores a la venida de los romanos a Espa\u00f1a hasta la fecha (\u00bfacaso los ar\u00e9vacos, los tartesios, la cultura de Breog\u00e1n, los vascones, los layetanos, los berones&#8230; no siguen existiendo ahora en las Comnunidades aut\u00f3nomas de Castilla-Le\u00f3n, de Andaluc\u00eda, de Galicia, del Pa\u00eds Vasco, de Catalu\u00f1a o de La Rioja?).<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, dir\u00e1n, durante los siglos VIII al XV Espa\u00f1a no existe sino, a lo sumo, en la forma de la \u00abentelequia imperial\u00bb (por ejemplo, la entelequia del t\u00edtulo de Alfonso VII,&nbsp;<em>Imperator hispaniarum<\/em>). Y por ello, a\u00f1adir\u00e1n, s\u00f3lo podr\u00e1 decirse que \u00abEspa\u00f1a\u00bb comienza a existir (de nuevo, o por palingenesia) en la \u00e9poca de los Reyes Cat\u00f3licos, y esto con muchas restricciones, al menos en cuanto al nombre (que es el terreno que pisan los fil\u00f3logos: \u00abQuienes concurren a formar los ej\u00e9rcitos imperiales no se llaman espa\u00f1oles, sino castellanos, aragoneses, navarros&#8230;\u00bb; \u00aba\u00fan en 1625, en la \u00e9poca del Conde Duque, aparecen corno extranjeros los aragoneses, entre quienes figuraban los catalanes y los valencianos\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la Espa\u00f1a que los Reyes Cat\u00f3licos habr\u00edan puesto en existencia habr\u00eda sido tambi\u00e9n muy ef\u00edmera, porque los mismos reyes que la proyectaron comenzaron a destruirla, en el momento en que obligaron a exiliarse a los jud\u00edos; y esta labor de destrucci\u00f3n se habr\u00eda prolongado con la expulsi\u00f3n de los moriscos. Los Reyes Cat\u00f3licos y sus sucesores, los Austrias (Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II), destruyeron la Espa\u00f1a de Fernando III, la \u00abEspa\u00f1a de las tres culturas\u00bb, incluso la Espa\u00f1a de los comuneros, enterr\u00e1ndola en aventuras locas que la desangraron (y entre ellas, los historiadores m\u00e1s progresistas cuentan tanto a la Inquisici\u00f3n como a Am\u00e9rica y a Flandes).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ideolog\u00eda negra -por cuanto se nutre, en gran medida, de la Leyenda Negra- se mantiene viva en las corrientes de la izquierda espa\u00f1ola anticlerical (unas veces krausista, otras mas\u00f3nica, a veces socialdem\u00f3crata, casi nunca marxista). La percibimos en&nbsp;<em>La Catedral<\/em> de Blasco Ib\u00e1\u00f1ez, o incluso en el discurso de Aza\u00f1a en las Cortes Constituyentes (sesi\u00f3n de 27 de mayo de 1932, en la que se continuaba el debate sobre el Estatuto de Catalu\u00f1a): \u00abLa unidad espa\u00f1ola, la uni\u00f3n de los espa\u00f1oles bajo un Estado com\u00fan -dec\u00eda Aza\u00f1a, a la saz\u00f3n presidente del Consejo de Ministros- la vamos a hacer nosotros, y, probablemente, por primera vez; pero los Reyes Cat\u00f3licos [ni la monarqu\u00eda espa\u00f1ola en general] no han hecho la unidad espa\u00f1ola, y no s\u00f3lo no la hicieron, sino que el viejo rey [se refiere a Fernando el Cat\u00f3lico, no propiamente a Alfonso XIII, que tambi\u00e9n] hizo todo lo posible por deshacer la obra en que consiste su gloria, y por deshacer la unidad personal realizada entre \u00e9l y su c\u00f3nyuge, y adem\u00e1s, por dejarnos envueltos en una odiosa guerra civil\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan esto, si Espa\u00f1a volvi\u00f3 a existir, aunque d\u00e9bilmente, con los Borbones, a partir del siglo XVIII, dej\u00f3 de existir tambi\u00e9n por su culpa con ocasi\u00f3n de la invasi\u00f3n napole\u00f3nica de 1808. Resucit\u00f3 en la Constituci\u00f3n de C\u00e1diz, aunque inmediatamente perdi\u00f3 la mayor parte de su cuerpo electoral transatl\u00e1ntico. Volvi\u00f3 a recuperarse en la Primera Rep\u00fablica y, sobre todo, en la Segunda. Ahora es cuando Aza\u00f1a pod\u00eda decir, en 1932, que la unidad espa\u00f1ola, la unidad de los espa\u00f1oles, iba a lograrse por primera vez en la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero otra vez esta Espa\u00f1a emergente, la Espa\u00f1a que trajo la Segunda Rep\u00fablica, volvi\u00f3 a recibir otro golpe mortal, el que le asest\u00f3 Franco. Espa\u00f1a, seg\u00fan pensaban (y siguen pensando) muchos, dej\u00f3 de existir, y sus despojos o bien fueron encerrados en c\u00e1rceles franquistas o tuvieron que ir a existir fuera, en el exilio.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias a la tenacidad heroica de las izquierdas del exterior, y del interior, Espa\u00f1a resucit\u00f3 de nuevo (pues una naci\u00f3n sin libertad es una naci\u00f3n muerta), es decir, volvi\u00f3 a existir, recuper\u00f3 la libertad, de acuerdo con el esquema palingen\u00e9sico, en 1978. Esquema que aqu\u00ed, por cierto, s\u00f3lo puede ser aplicado con gran violencia, porque los cuarenta a\u00f1os de Franco (aun computados desde la perspectiva de las izquierdas antifranquistas) no son, ni pueden ser de hecho interpretados como a\u00f1os de inexistencia de Espa\u00f1a, por dos razones principales: 1\u00aa) porque si se apela a la \u00abtenacidad heroica\u00bb de la clandestinidad, tendr\u00e1 que reconocerse tambi\u00e9n que Espa\u00f1a, en una de sus partes m\u00e1s significativas, segu\u00eda viva y no hab\u00eda muerto; 2\u00aa) porque, sea franquista o antifranquista el historiador, no puede olvidar el hecho central de que la resurrecci\u00f3n de Espa\u00f1a, tal como se produjo en 1978, fue un resultado necesario de la evoluci\u00f3n de la Espa\u00f1a de Franco, evoluci\u00f3n encabezada por el propio Franco cuando nombr\u00f3 sucesor suyo, a t\u00edtulo de Rey, a don Juan Carlos de Borb\u00f3n; tambi\u00e9n fueron decisivos en la transformaci\u00f3n hombres como Adolfo Su\u00e1rez, uno de los puntales del r\u00e9gimen franquista, y que de secretario general del Movimiento pas\u00f3 a ser primer presidente del Consejo de Ministros de la nueva Espa\u00f1a democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Espa\u00f1a, no \u00ablas Espa\u00f1as\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La existencia de Espa\u00f1a no estuvo por tanto interrumpida en el intervalo 1936-1978. En este intervalo Espa\u00f1a se mantuvo viva, porque en ella, acabada la Guerra Civil, se dieron las transformaciones econ\u00f3micas y sociales que, al iniciar el estado del bienestar -Seat 600, piso a plazos, Seguridad Social- que elev\u00f3 a Espa\u00f1a al noveno lugar de los pa\u00edses desarrollados, hizo posible la metamorfosis de los partidos y sindicatos revolucionarios en partidos y sindicatos socialdem\u00f3cratas y socialpopulares, ya fuera bajo el nombre de partidos socialistas, ya fuera bajo el nombre de partidos comunistas, o de partidos populares, todos los cuales juraron la Monarqu\u00eda constitucional. Y Espa\u00f1a mantuvo viva su continuidad en el terreno social y pol\u00edtico, si tiene alg\u00fan sentido afirmar que las instituciones fundamentales de la nueva democracia -desde los Sindicatos y la Corona hasta los ferrocarriles y las universidades- fueron configuradas en el seno mismo del r\u00e9gimen franquista.<\/p>\n\n\n\n<p>En resoluci\u00f3n, si para reformular la pregunta \u00ab\u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?\u00bb partimos del supuesto de que Espa\u00f1a existe, es porque admitimos tambi\u00e9n que esa existencia ha de entenderse como existencia global, continua e ininterrumpida, y no intermitente, como pide la \u00abmetodolog\u00eda palingen\u00e9sica\u00bb. Una existencia continua e ininterrumpida desde el tiempo en que determinemos su origen, que tomamos como referencia de esa existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La existencia de una realidad de naturaleza procesual o hist\u00f3rica (un organismo animal o una sociedad pol\u00edtica) ha de entenderse, en efecto, corno una existencia ininterrumpida, a lo largo de su duraci\u00f3n. No podemos admitir que un mismo animal, cuya vida dura treinta, cuarenta o cien a\u00f1os, haya muerto varias veces y haya resucitado otras tantas, porque ya no ser\u00eda el mismo animal, como \u00abrealidad sustancial\u00bb (en el sentido del actualismo). Una realidad sustancial que no la entendernos al modo de la metaf\u00edsica de la sustancia, corno sustrato inm\u00f3vil y uniforme que permanece \u00abigual a s\u00ed mismo\u00bb sin perjuicio de los \u00abcambios accidentales\u00bb que puedan tener lugar en su superficie. (En nuestro caso, la \u00absustancia eterna\u00bb ser\u00eda algo as\u00ed corno el \u00absustrato celtib\u00e9rico\u00bb que se mantendr\u00eda id\u00e9ntico a s\u00ed mismo, unas veces disfrazado de ciudadano romano, incluso de emperador romano, otra veces de fil\u00f3sofo cordob\u00e9s o musulm\u00e1n, otras veces disfrazado de conquistador de M\u00e9xico, de Per\u00fa o de Flandes, y por \u00faltimo otras veces actuando como guerrillero en las partidas de la guerra de la Independencia, o bien en las partidas formadas por los \u00abhuidos\u00bb o por los maquis al terminar la guerra de 1936-1939.)<\/p>\n\n\n\n<p>La continuidad en la existencia de una misma realidad sustancial, como habr\u00eda de serlo la espa\u00f1ola, no tiene por qu\u00e9 ser de \u00edndole metaf\u00edsica, sino positiva, como lo es la realidad reconocida por el sustancialismo actualista. La continuidad actualista sustancial de una realidad procesual que est\u00e1 dada en una duraci\u00f3n es ante todo la propia de una continuidad causal, muy pr\u00f3xima a lo que los bi\u00f3logos llaman \u00abautocat\u00e1lisis evolutiva\u00bb, derivada de la concatenaci\u00f3n de las partes que se determinan unas a otras en c\u00edrculo causal. Aplicada esta idea de continuidad actualista a la existencia de Espa\u00f1a, como realidad hist\u00f3rica, tendremos que decir que la existencia de Espa\u00f1a, en los momentos de crisis en los que parece haber desaparecido su existencia, no habr\u00e1 podido interrumpirse, si es que se admite una \u00abrecuperaci\u00f3n\u00bb posterior a la crisis.<\/p>\n\n\n\n<p>No ser\u00e1 la existencia de Espa\u00f1a lo que se ha interrumpido, sino alguna de las partes de su cuerpo, de sus instituciones. Pero en los intervalos de crisis no cabe hablar de interrupci\u00f3n o corte absoluto. Incluso en los cortes aparentemente m\u00e1s profundos (y que algunos, como Am\u00e9rico Castro, percib\u00edan como radicales, al menos en el terreno de la historia cultural, como ser\u00eda el caso del \u00abcorte\u00bb entre la Hispania romana y la visig\u00f3tica), la concatenaci\u00f3n actualista de unas partes con otras partes, dadas en la misma realidad hist\u00f3rica, podr\u00e1 dar lugar a efectos de novedad, gradual casi siempre, pero tan notable como pueda ser la transformaci\u00f3n, por ejemplo, del lat\u00edn vulgar en romance, o bien la transformaci\u00f3n del cristianismo niceno imperial en el cristianismo arriano visig\u00f3tico, y de \u00e9ste, a su vez, en cristianismo romano.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la expresi\u00f3n \u00ablas Espa\u00f1as\u00bb pueden, por tanto, designarse muchas cosas; pero para atenernos, dentro del marco de nuestra argumentaci\u00f3n a la Naci\u00f3n pol\u00edtica espa\u00f1ola, tendremos en cuenta que en la Constituci\u00f3n de 1812 \u00ablas Espa\u00f1as\u00bb tiene como clara referencia los territorios de Am\u00e9rica, de Asia y de \u00c1frica. (El art\u00edculo 179 establec\u00eda que \u00abEl&nbsp;<em>Rey de las Espa\u00f1as<\/em> es el Se\u00f1or Don Femando VII de Borb\u00f3n, que actualmente reina\u00bb, y el cap\u00edtulo I, \u00abDel territorio de las Espa\u00f1as\u00bb, en su art\u00edculo 10 dec\u00eda: \u00abEl territorio espa\u00f1ol comprende en la Pen\u00ednsula con sus posesiones e islas adyacentes: Arag\u00f3n, Asturias, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Catalu\u00f1a, C\u00f3rdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Ja\u00e9n, Le\u00f3n, Molina, Murcia, Navarra, Provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia, las Islas Baleares y las Canarias con las dem\u00e1s posesiones de \u00c1frica. En la Am\u00e9rica septentrional: Nueva Espa\u00f1a con la Nueva-Galicia y pen\u00ednsula de Yucat\u00e1n, Guatemala, provincias internas de Oriente, provincias internas de Occidente, isla de Cuba con las dos Floridas, la parte espa\u00f1ola de la isla de Santo Domingo y la isla de Puerto Rico con las dem\u00e1s adyacentes a \u00e9stas y al continente en uno y otro mar. En la Am\u00e9rica meridional, la Nueva Granada, Venezuela, el Per\u00fa, Chile, provincias del R\u00edo de la Plata, y todas las islas adyacentes en el mar Pac\u00edfico y en el Atl\u00e1ntico. En el Asia, las islas Filipinas, y las que dependen de su gobierno\u00bb.)<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, interpretamos que Espa\u00f1a, por antonomasia, tiene como referencia la Pen\u00ednsula, islas y territorios adyacentes.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El \u00abpresente ficci\u00f3n\u00bb necesita una \u00abhistoria ficci\u00f3n\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al segundo supuesto de la pregunta \u00ab\u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?\u00bb, nos limitaremos a indicar c\u00f3mo este supuesto no es otro que el que conocemos, aunque sea de un modo muy oscuro y confuso, corno el contenido, el&nbsp;<em>quid<\/em>o la esencia, o consistencia de Espa\u00f1a, es decir, la unidad y la identidad de aquello cuya existencia estamos suponiendo. En rigor, la cuesti\u00f3n sobre si&nbsp;<em>algo existe<\/em> no puede plantearse al margen de toda cuesti\u00f3n sobre la unidad y la identidad de los contenidos de aquello que existe.<\/p>\n\n\n\n<p>No puede plantearse, en efecto, la existencia de \u00abalgo\u00bb cuya esencia o consistencia sea totalmente desconocida, una X absoluta. Y no se puede plantear, porque entonces esa X tanto podr\u00eda ser una realidad desconocida (o incognoscible) como la \u00abmisma nada\u00bb. S\u00f3lo cabe hablar de existencia de lo \u00ababsolutamente desconocido\u00bb en t\u00e9rminos del l\u00edmite de una serie de preguntas por un \u00abalgo\u00bb que cada vez fuera m\u00e1s desconocido o indeterminado. En este l\u00edmite, el sujeto (al menos el sujeto gramatical) del predicado gramatical \u00abexiste\u00bb quedar\u00eda, por hip\u00f3tesis, desvanecido, lo que har\u00e1 imposible referir esa existencia, predicada gramaticalmente, a ning\u00fan sujeto.<\/p>\n\n\n\n<p>De otro modo, si tiene sentido suponer que existe \u00abalgo\u00bb es porque sobreentendemos que este algo no es desconocido enteramente; por lo menos debe mantener alg\u00fan tipo de coexistencia con otras realidades, ya determinadas, y entre ellas, desde luego, los cuerpos de quienes preguntan, o el mundo en el que estos cuerpos viven. Este algo desconocido, cuya existencia presuponemos, debe ser, por lo menos, una realidad material, capaz de influir sobre nuestros cuerpos o sobre nuestro mundo. Y este conocimiento tan sumario ya nos permitir\u00eda una m\u00ednima determinaci\u00f3n de ese algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, en el caso de las realidades no procesuales o atemporales (por ejemplo, las matem\u00e1ticas), las cuestiones de g\u00e9nesis, por tanto, las cuestiones de evoluci\u00f3n o de historia, pueden ser completamente disociadas de las cuestiones de estructura. Puedo establecer la estructura del teorema de Pit\u00e1goras sin preguntarme por la trayectoria que sigui\u00f3 mi mano al dibujar las figuras del tri\u00e1ngulo: basta que \u00e9stas est\u00e9n dadas o existan en un plano presente. Puedo establecer el estado de energ\u00eda potencial de una masa que he elevado a cien metros sobre el suelo, siguiendo cualquier trayectoria, sin que las trayectorias seguidas intervengan en la ecuaci\u00f3n de estado correspondiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en el caso de las realidades hist\u00f3ricas u org\u00e1nicas, las cuestiones de g\u00e9nesis ya pueden formar parte de las cuestiones de estructura. Esto se constata ya con evidencia en Biolog\u00eda, como hemos dicho antes. La estructura anat\u00f3mica de un animal no puede ser segregada de sus fases embriol\u00f3gicas, ontogen\u00e9ticas o filogen\u00e9ticas. No cabe remitir estas cuestiones a un \u00abpret\u00e9rito c\u00e1mbrico\u00bb, dado&nbsp;<em>in illo tempore<\/em> y separado de los organismos del presente. Porque la estructura de los organismos en el presente es, en gran medida, la misma estructura viviente del pret\u00e9rito, que sigue en el presente, a la manera como los dinosaurios no permanecen s\u00f3lo en los esqueletos que se exhiben en los grandes museos: siguen existiendo hoy d\u00eda transformados en palomas o en urracas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de las realidades hist\u00f3ricas, las cosas se plantean de un modo similar. La existencia de Espa\u00f1a, en el presente, implica la realidad y la existencia ininterrumpida, como hemos dicho, de una Espa\u00f1a dada en el pret\u00e9rito. Por ello la Espa\u00f1a hist\u00f3rica no es, en su totalidad, una realidad pret\u00e9rita que pueda ponerse en un mundo fantasmag\u00f3rico que s\u00f3lo puede ser contenido de una \u00abmemoria hist\u00f3rica\u00bb colectiva (\u00abdej\u00e9monos de historias\u00bb). Al menos en la medida en la cual esa Espa\u00f1a pret\u00e9rita est\u00e1 sirviendo para definir el contenido, esencia o consistencia de la Espa\u00f1a actual (<em>mutatis mutandis<\/em> habr\u00e1 que decir lo mismo de otras \u00abComunidades hist\u00f3ricas\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Porque s\u00f3lo podemos y debemos \u00abdejarnos de historias\u00bb cuando las historias sean imaginadas o fingidas, y aun en este caso servir\u00e1n para demostrar la conexi\u00f3n general entre g\u00e9nesis y estructura; o bien, cuando, aunque siendo reales, sean irrelevantes, o incluso contradictorias con la estructura del presente. En este caso, es cierto, se intentar\u00e1 sustituir las historias irrelevantes por otras fant\u00e1sticas, que es lo que hac\u00eda Sabino Arana describiendo la supuesta \u00abbatalla de Arrigorriaga\u00bb, del a\u00f1o 870, cuyo h\u00e9roe, un tal Jaun Zur\u00eda, resultaba ser hijo de Culebro, un duende, y de una princesa escocesa a quien, mientras dorm\u00eda, Culebro habr\u00eda dejado pre\u00f1ada; o bien lo que hacen los catalanes que celebran la Diada, como si la Barcelona enfrentada a Felipe V no hubiera comenzado aclamando al archiduque Carlos como rey de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero las energ\u00edas que se utilizan para inventar historias, con el objetivo de definir al presente que importa, demuestran que el pasado hist\u00f3rico est\u00e1 viviendo en el presente, y que cuando el presente no tiene una justificaci\u00f3n clara por s\u00ed mismo, necesita tambi\u00e9n proporcionarse un contenido, una historia, aunque sea falsificada: tan falsificada como su presente.<\/p>\n\n\n\n<p>La necesidad de apelar a una historia, aunque sea una historia ficci\u00f3n, demuestra, en todo caso, que no es posible definir un presente hist\u00f3rico al margen de su pret\u00e9rito. Es decir, que no cabe dar por cierto que la Espa\u00f1a realmente existente de hoy sea una creaci\u00f3n&nbsp;<em>ex nihilo<\/em> de quienes \u00abse dieron a s\u00ed mismos la Constituci\u00f3n de 1978\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esta intrincaci\u00f3n de la historia del presente, intrincaci\u00f3n que estamos intentando explicar a partir del \u00abtr\u00e1mite de definici\u00f3n\u00bb del contenido o consistencia de la realidad hist\u00f3rica presente cuya existencia se postula, se advierte claramente en los debates hoy planteados sobre las \u00abcomunidades hist\u00f3ricas\u00bb y sobre la \u00abdeuda hist\u00f3rica\u00bb. El 30 de junio de 2005, el candidato a la presidencia de Galicia por el conducto del Bloque Galega, se\u00f1or Quintana, que hab\u00eda perdido las elecciones con un notable descalabro, pero que gracias a su coalici\u00f3n con el se\u00f1or Touri\u00f1o, del partido socialdem\u00f3crata gallego, logr\u00f3 alcanzar \u00abdemocr\u00e1ticamente\u00bb el gobierno de coalici\u00f3n, manifest\u00f3 su voluntad de \u00abpedir a Espa\u00f1a\u00bb la satisfacci\u00f3n de la \u00abdeuda hist\u00f3rica\u00bb que, seg\u00fan \u00e9l, Espa\u00f1a tiene contra\u00edda con Galicia, deuda fundada \u00aben el atraso econ\u00f3mico y marginalidad de Galicia\u00bb atribuida al Estado espa\u00f1ol.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 Estado espa\u00f1ol hist\u00f3rico habla el Bloque Galego? \u00bfDel Estado de los Reyes Cat\u00f3licos? \u00bfNo suelen decir los pol\u00edticos m\u00e1s radicales, que representan a las \u00abnacionalidades hist\u00f3ricas\u00bb, que Espa\u00f1a no exist\u00eda en aquel reinado, y que \u00fanicamente exist\u00eda all\u00ed una unidad de familias reales, unidas por matrimonios de conveniencia, antes que una unidad pol\u00edtica? Adem\u00e1s, \u00bfpor qu\u00e9 no computar al menos, en el c\u00e1lculo de esa deuda hist\u00f3rica, el Hostal que los Reyes Cat\u00f3licos edificaron en la plaza del Obradoiro? Si Asturias utilizase, de este modo tan rid\u00edculo, el concepto de \u00abdeuda hist\u00f3rica\u00bb podr\u00eda reclamar tambi\u00e9n al \u00abEstado espa\u00f1ol\u00bb las prestaciones debidas a las \u00abv\u00edctimas de terrorismo isl\u00e1mico\u00bb, pero ahora no ya a las v\u00edctimas asturianas del 11-M, sino a quienes sacrificaron su vida en la batalla de Covadonga.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia est\u00e1 intrincada en el presente hist\u00f3rico, pero cuando este presente es definido en t\u00e9rminos reales y no fant\u00e1sticos. El supuesto presente de la \u00abnaci\u00f3n catalana\u00bb, en nombre de la cual la clase pol\u00edtica est\u00e1 impulsando la reforma de su Estatuto, es un presente ficci\u00f3n: una encuesta del verano de 2005 denuncia que s\u00f3lo un cinco por ciento de quienes viven en Catalu\u00f1a est\u00e1n interesados en esta reforma; y \u00e9ste es el motivo por el cual la ficci\u00f3n del presente tiene que ser complementada con la ficci\u00f3n de la historia. Fant\u00e1sticas son, por ejemplo, la marginaci\u00f3n, la colonizaci\u00f3n o la explotaci\u00f3n de Galicia, o de Asturias por el \u00abEstado espa\u00f1ol\u00bb. Y s\u00f3lo cuando definimos el presente real, libre de fantas\u00edas repugnantes, la historia que necesitamos para apoyar esa realidad deja de necesitar ser historia ficci\u00f3n. Historias ficci\u00f3n que, imbuidas a trav\u00e9s de una tenaz labor pedag\u00f3gica ejercida sobre los ni\u00f1os y los j\u00f3venes gallegos, vascos o catalanes (labor pedag\u00f3gica sufragada por los fondos p\u00fablicos administrados por cada Comunidad), podr\u00e1 dar lugar a unas visiones tan irreales corno fan\u00e1ticas, pero no menos activas en su proceso de fabricaci\u00f3n de la realidad capaz de transformar la posible convivencia de los espa\u00f1oles en una convivencia de orates. Y cuando esos ilusos fan\u00e1ticos disponen adem\u00e1s de armas, la convivencia comienza a ser peligrosa. Dicen que dijo Indalecio Prieto durante la Guerra Civil: \u00abA nada temo m\u00e1s que a un batall\u00f3n de requet\u00e9s reci\u00e9n comulgados\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La pregunta \u00ab\u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?\u00bb no tiene una respuesta un\u00edvoca<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La pregunta por el origen se hace desde la plataforma del presente que nos interesa vivir<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta a la pregunta \u00ab\u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?\u00bb depende de los supuestos, premisas o principios que est\u00e9n inspirando a quien la formula, y tanto, desde luego, si nos referimos a los supuestos relativos a la existencia de Espa\u00f1a, como si nos referimos a los supuestos relativos a su esencia o consistencia, a su unidad y a su identidad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dos metodolog\u00edas posibles<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los supuestos que se refieren a la existencia de una Sociedad pol\u00edtica en el presente (por ejemplo, los supuestos que se refieren a proposiciones tales como \u00abEspa\u00f1a existe\u00bb) requieren dar las coordenadas hist\u00f3ricas de esa existencia de referencia. Por ejemplo, el supuesto de que \u00abEspa\u00f1a existe\u00bb puede tener como referencia el presente actual (por ejemplo, el intervalo 1978-2005); pero tambi\u00e9n podr\u00eda tener como referencia un presente hist\u00f3rico, pongamos por caso el siglo XIII o el siglo XVI.<\/p>\n\n\n\n<p>Si partirnos de la existencia de Espa\u00f1a en la actualidad del presente pol\u00edtico (1978-2005) y una vez definidos los grados de unidad y los criterios de identidad desde los cuales asumimos el supuesto de existencia actual de Espa\u00f1a, tendremos que ir regresando en el tiempo hist\u00f3rico hasta determinar otro presente hist\u00f3rico en el cual pueda decirse que Espa\u00f1a ya existe como tal, y no s\u00f3lo como una futura Espa\u00f1a. A partir del presente actual tendremos a su vez que ir regresando, y tras alcanzar el siglo XIII, pongamos por caso, continuar despu\u00e9s hasta el momento -\u00bflas cuevas de Altamira? \u00bfla Edad del Hierro? \u00bfAtapuerca?- en el que la existencia de Espa\u00f1a se nos desvanezca. Pero adem\u00e1s tendremos que progresar hacia el futuro perfecto (es decir, a la posterioridad del presente hist\u00f3rico de referencia), a fin de reconstruir las transformaciones que en ese intervalo hist\u00f3rico experiment\u00f3 esa existencia de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Por descontado, cualquiera de estos m\u00e9todos est\u00e1 abierto; pero aqu\u00ed preferimos el que parte del presente, como referencia, regresando hacia el pret\u00e9rito, para despu\u00e9s iniciar el progreso hacia el futuro perfecto (es decir, el futuro relativo al estado inicial presupuesto, un futuro que se supone ya dado en la historia positiva).<\/p>\n\n\n\n<p>Propiamente el c\u00edrculo descrito por estas fases de regreso (desde el presente actual hasta el \u00abtiempo del comienzo\u00bb) y las del progreso (desde los tiempos originarios hasta el tiempo presente) podr\u00edan comenzarse partiendo desde su final, o partiendo desde su principio o comienzo, siempre que no se olvide que este comienzo ha sido determinado desde su final.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El \u00abdi\u00e1logo\u00bb presupone el consenso, no se deriva de \u00e9ste<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los otros supuestos tienen que ver, como ya hemos dicho, con la unidad y la identidad de la Espa\u00f1a cuya existencia, en momentos determinados del tiempo hist\u00f3rico, sea tomada como referencia. No es lo mismo atenernos a una definici\u00f3n de la unidad de Espa\u00f1a en t\u00e9rminos sociales o pol\u00edticos que atenernos a la definici\u00f3n de su identidad establecida seg\u00fan criterios determinados (identidad global o particular, identidad gen\u00e9rica o espec\u00edfica con otras culturas, etc.). Las respuestas a la pregunta acerca del comienzo de Espa\u00f1a, seg\u00fan los contenidos considerados, no tienen por qu\u00e9 ser siempre las mismas; pero lo que nos importa es distinguir las respuestas que, aun distintas, por su enfoque, pueden ser compatibles, y las respuestas que son incompatibles entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata, sobre todo, de determinar el lugar en el que se origina aquella incompatibilidad que, obviamente, har\u00e1 imposible cualquier \u00abdi\u00e1logo de consenso\u00bb. La imposibilidad del di\u00e1logo deriva de la imposibilidad del consenso. Cuando quien debate advierte que sus respuestas son incompatibles con los supuestos del adversario, y las posiciones irreductibles, entonces la coexistencia pac\u00edfica entre los dialogantes s\u00f3lo puede tener lugar mediante actos de transigencia o tolerancia cuya v\u00eda m\u00e1s segura es la abstenci\u00f3n ante cualquier circunstancia que implique reproducir los debates. Es decir, la orientaci\u00f3n a hablar de otra cosa, por tanto, a interrumpir el di\u00e1logo, a cambiar de conversaci\u00f3n. Y cuando esto no sea posible, el di\u00e1logo tambi\u00e9n quedar\u00e1 interrumpido, acaso por una confrontaci\u00f3n m\u00e1s violenta. Que algunos considerar\u00e1n \u00abirracional\u00bb, como si la racionalidad s\u00f3lo existiera en el di\u00e1logo habermasiano, cuando, por hip\u00f3tesis, hemos supuesto que el di\u00e1logo es imposible. Otros dir\u00e1n que el conflicto deriva del enfrentamiento de la \u00abraz\u00f3n\u00bb con la \u00abvoluntad\u00bb (o el sentimiento) de quien no quiere aceptar mis respuestas. Pero en realidad el conflicto deriva de que los contendientes no parten de los mismos supuestos, premisas o principios. Y lo que es m\u00e1s grave, de que no pueden compartirlos, porque estos supuestos no se asumen en funci\u00f3n de una \u00abintr\u00ednseca racionalidad\u00bb, sino en funci\u00f3n de intereses y prejuicios contrapuestos, que acaso tienen su racionalidad propia. El conflicto en las respuestas deriva, en suma, no tanto del conflicto de voluntades irracionales, en principio, sino del conflicto entre \u00abracionalidades\u00bb (por tanto, voluntades) que acaso tienen la misma direcci\u00f3n, pero un sentido contrario.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien, partiendo metodol\u00f3gicamente de la existencia de Espa\u00f1a como unidad, en cuanto Naci\u00f3n pol\u00edtica, tal como esa unidad est\u00e1 representada en el art\u00edculo 2 de la Constituci\u00f3n de 1978, tenga la voluntad racional de mantenerla en el futuro, tender\u00e1 a retrotraer el comienzo de esa unidad lo m\u00e1s atr\u00e1s posible del tiempo hist\u00f3rico, puesto que cuanto mayor \u00abespesor hist\u00f3rico\u00bb se atribuya a la unidad nacional, mayores argumentos podr\u00e1 utilizar para mantenerla en el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien, partiendo tambi\u00e9n de la existencia de Espa\u00f1a como unidad nacional representada en la Constituci\u00f3n, no tenga sin embargo, y acaso tambi\u00e9n racionalmente, esa voluntad de mantenerla en el futuro, sino, por el contrario, de descomponerla en naciones pol\u00edticas soberanas (Catalu\u00f1a, \u00abEuskalherr\u00eda\u00bb, Galicia&#8230; ) tender\u00e1 a acogerse a respuestas orientadas a acortar el comienzo hist\u00f3rico de esa unidad de Espa\u00f1a a fechas muy recientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo \u00fanico que puede resultar de esta confrontaci\u00f3n de voluntades, que se canalizan en un di\u00e1logo supuestamente racional y neutro, es una reafirmaci\u00f3n de las posiciones irreductibles, y la apelaci\u00f3n a las consecuencias que en otros \u00f3rdenes (econ\u00f3micos, sociales, etc.) y en el futuro puedan derivarse de las respuestas asumidas. Pero como las consecuencias en el futuro s\u00f3lo pueden alcanzar alg\u00fan grado m\u00e1s o menos alto de probabilidad, tampoco podr\u00e1n ser tomadas como criterios de decisi\u00f3n para dirimir el conflicto sobre el origen. S\u00f3lo quedar\u00e1 acogerse a la \u00abdial\u00e9ctica de lo hecho\u00bb, sin que pueda decirse que, en lo que a la cuesti\u00f3n de Espa\u00f1a concierne, sea \u00abm\u00e1s racional\u00bb inhibirse de toda acci\u00f3n. \u00bfO es que hay que considerar \u00abm\u00e1s racional\u00bb (a veces m\u00e1s sabio) a la conducta del individuo que se inhibe cuando otro le arrebata lo que considera suyo que al individuo que resiste, o incluso ataca (con las letras -las leyes- o con las armas, si las letras son insuficientes) para mantener \u00absu propia identidad\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuestiones sobre el origen de la unidad de Espa\u00f1a y sobre el origen de su identidad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, lo que s\u00ed podr\u00edamos extraer de estos di\u00e1logos imposibles (en nuestro caso, sobre el origen de la existencia de Espa\u00f1a es la evidencia de que las argumentaciones que en ellas se enfrentan suelen arrastrar, en completa confusi\u00f3n, los componentes m\u00e1s diversos del proceso. Al exponer una determinada respuesta a la pregunta sobre el comienzo de Espa\u00f1a, ser\u00e1 dif\u00edcil distinguir las cuestiones de unidad y las de identidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, Am\u00e9rico Castro rechaza, con la \u00abraz\u00f3n antropol\u00f3gica\u00bb en su mano, la creencia que tantos espa\u00f1oles tienen de considerarse \u00abcasi como una emanaci\u00f3n del suelo de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica\u00bb; y mete en el mismo saco, rotulado con esta creencia en lo \u00abaut\u00f3ctono\u00bb, tanto a quienes ven a los artistas de las cuevas de Altamira como espa\u00f1oles precursores de Picasso, como al padre Mariana, cuando dec\u00eda, en el siglo XVI, que Cartago envi\u00f3 a Sicilia dos mil cartagineses y otros tantos soldados espa\u00f1oles; o a Pericot cuando dice, en 1952, que el reino de Tartesos constituye una de las ra\u00edces m\u00e1s profundas de la Espa\u00f1a de todos los tiempos. Sin embargo, las cr\u00edticas que Am\u00e9rico Castro termina utilizando son m\u00e1s bien de \u00edndole ling\u00fc\u00edstica que antropol\u00f3gico cultural, al defender la tesis de Aebischer que ya hemos citado, seg\u00fan la cual el adjetivo \u00abespa\u00f1ol\u00bb no puede aplicarse con rigor a quienes vivieron en la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica con anterioridad a la invasi\u00f3n musulmana.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto es, sin duda, cierto. Pero \u00bfpuede deducirse de ah\u00ed que Espa\u00f1a y los espa\u00f1oles s\u00f3lo comenzaron a existir en el siglo XII o, a lo sumo, en el siglo XI? Ser\u00eda puro idealismo subordinar el origen de la unidad existente de Espa\u00f1a al lenguaje. El lenguaje com\u00fan, el espa\u00f1ol no es una mera \u00abse\u00f1a de identidad\u00bb, ni es s\u00f3lo un rasgo distintivo de los espa\u00f1oles (frente a los franceses o a los ingleses); es un agente de la unidad actualista de Espa\u00f1a, y por ello, a la vez que agente, un efecto de esa unidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el t\u00e9rmino \u00abespa\u00f1ol\u00bb, que comienza a aparecer en el lenguaje escrito o hablado en el siglo XII, es un indicio claro de algo nuevo; esta novedad no podr\u00e1 considerarse como meramente ling\u00fc\u00edstica. Se apoyar\u00e1 en novedades reales previas, que percibimos desde plataformas distintas. Novedades, porque efectivamente no cabe retrotraernos a los or\u00edgenes del tiempo hist\u00f3rico de Espa\u00f1a como si estos or\u00edgenes fuesen una \u00abemanaci\u00f3n del suelo de la Pen\u00ednsula\u00bb. Pero s\u00ed que hay que retrotraerlas a la realidad de alguna unidad ya conformada (por el entorno romano -de donde procede el t\u00e9rmino \u00abhispanus\u00bb- y despu\u00e9s visig\u00f3tico) y, sobre todo, por la&nbsp;<em>confluencia<\/em> a la cual se vieron obligados las diferentes partes en las que fue re-partida la unidad del reino visigodo entre los invasores musulmanes, cuando aquellas partes se ve\u00edan solidariamente unidas en su lucha frente a un enemigo com\u00fan, en el momento de tratar de recuperar su identidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el origen de Espa\u00f1a est\u00e1 la voluntad expansionista (\u00abimperialista\u00bb) de alguna de las partes que resultaron de la invasi\u00f3n sarracena.<\/p>\n\n\n\n<p>Una recuperaci\u00f3n que no se bastaba con una reconquista de lo que ya antes hab\u00eda pose\u00eddo; la reconquista era el primer paso obligado, pero que ten\u00eda que ser rebasado por una voluntad imperialista, fundada no tanto en una m\u00edmesis del imperio isl\u00e1mico, cuanto en el propio componente cristiano (cat\u00f3lico) de la nueva monarqu\u00eda asturiana, componente que habr\u00eda tenido que subrayar esta monarqu\u00eda para poder enfrentarse a los mahometanos. Los cristianos llamaban \u00abgrandes\u00bb a sus m\u00e1s altos se\u00f1ores, no ya tanto porque los musulmanes llamasen as\u00ed (<em>akabora, ad-daulati<\/em>) a los grandes hombres de su reino, sino porque los hombres m\u00e1s notables de los cristianos, como pudiera serlo Alfonso II, eran&nbsp;<em>cat\u00f3licos<\/em>, y se cre\u00edan con m\u00e1s derecho que los mahometanos a llamarse \u00abgrandes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En su origen, Espa\u00f1a no comienza a partir del desarrollo de algunos \u00abn\u00facleos de resistencia\u00bb al invasor musulm\u00e1n, sino a partir de n\u00facleos expansionistas o imperialistas.<\/p>\n\n\n\n<p>La unidad conformadora de Espa\u00f1a fue, seg\u00fan esto, desde el principio, una unidad expansionista (imperialista). En modo alguno la unidad que se circunscribe a su \u00abmembrana\u00bb, para resistir a los ataques musulmanes. Los reyes de Oviedo fueron precisamente quienes conformaron este tipo de unidad expansionista (imperialista) sobre la cual se moldear\u00edan m\u00e1s tarde la unidad y la identidad de Espa\u00f1a: cuando el reino de Alfonso I el Cat\u00f3lico, el de Alfonso II el Casto y el de Alfonso III el Magno fue creciendo y cuando se expandi\u00f3 a trav\u00e9s de Alfonso VI y Alfonso VII el Emperador, hasta el punto de que pudo comenzar a ser percibido, desde fuera (<em>etic<\/em>), desde Provenza, como una realidad formada no por&nbsp;<em>hispani<\/em>, sino por&nbsp;<em>espa\u00f1oles<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esta unidad conformadora, as\u00ed moldeada por los nuevos hechos, s\u00f3lo pudo llevarse a t\u00e9rmino porque pisaba sobre una realidad conformada previa, a saber, la unidad lograda por los visigodos y, antes a\u00fan, por los romanos. Ninguna \u00abHistoria de Espa\u00f1a\u00bb puede comenzar sin ellas. La Hispania romana, o la visigoda, no son prehistoria de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan esto, s\u00f3lo podemos considerar como una verdad a medias la tesis de que \u00abEspa\u00f1a comienza a existir durante el intervalo que se extiende desde el siglo VIII al XII\u00bb. A lo sumo, en estos siglos, la unidad de Espa\u00f1a comienza a existir como unidad proyectada hacia nuevas identidades, como una \u00abmetodolog\u00eda imperialista\u00bb (imperial) que se mantendr\u00e1 a lo largo de los siglos XIII al XVI, y se continuar\u00e1 tras la toma de Granada, por \u00c1frica, Am\u00e9rica y Asia.<\/p>\n\n\n\n<p>No podr\u00eda decirse que Espa\u00f1a&nbsp;<em>comenz\u00f3 a existir<\/em>, en t\u00e9rminos absolutos, en esta \u00e9poca. Espa\u00f1a, a\u00fan con el nombre de Hispania, y, como unidad conformada, exist\u00eda ya hacia finales de la rep\u00fablica romana. Era una Espa\u00f1a que todav\u00eda no lo era \u00abformalmente\u00bb, desde el punto de vista pol\u00edtico, pero s\u00ed materialmente; en un sentido parecido a como decimos que un ni\u00f1o de seis a\u00f1os todav\u00eda no tiene formalmente (es decir, jur\u00eddicamente, socialmente, incluso psicol\u00f3gicamente) la&nbsp;<em>personalidad<\/em> que alcanzar\u00e1 en su juventud, y, mejor a\u00fan, en su madurez; pero, sin embargo, la personalidad juvenil o adulta s\u00f3lo podr\u00eda ser resultado de la individualidad del ni\u00f1o cuya impronta determina en gran medida las formas del adulto.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00abfutura Espa\u00f1a\u00bb comenz\u00f3 como&nbsp;<em>unidad conformada<\/em> por Roma y con una&nbsp;<em>identidad<\/em> romana en proceso que ir\u00e1 consolid\u00e1ndose (calzadas que unen las ciudades, desde Tarragona a Astorga, desde M\u00e9rida a Gij\u00f3n; instituciones similares, idioma de comunicaci\u00f3n cada vez m\u00e1s extendido) hasta alcanzar el punto en el que casi todos los ciudadanos de la Pen\u00ednsula, y no s\u00f3lo algunos distinguidos, en la \u00e9poca de Caracalla, llegaron a ser ciudadanos romanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los visigodos no destruyeron esta unidad, tan alabada por san Isidoro, por ejemplo; pero s\u00ed destruyeron su identidad romana, en cuyo \u00e1mbito Hispania (las Hispanias, la Citerior y la Ulterior, la B\u00e9tica, la Lusitania, la Tarraconense) ocupaba un puesto equiparable en rango al que ocupaba la Galia, Libia, Italia o Grecia&#8230; Con los visigodos, Hispania dejar\u00e1 de ser una di\u00f3cesis o distrito m\u00e1s del Imperio romano (junto a la Galia, Germania y otras). Se desvincular\u00e1 pol\u00edticamente de Roma, para vincularse, al menos te\u00f3ricamente, a Constantinopla. Y se distanciar\u00e1 de la Galia, una vez que se haya liberado del lugar que ocupaba como di\u00f3cesis de Diocleciano. Su identidad ser\u00e1 ahora la identidad cristiana, y a trav\u00e9s de esa identidad, el reino visigodo, una vez traspasada su \u00abfase\u00bb cesaropapista. arriana (fase en la que recaer\u00e1n los reinos europeos protestantes, siglos m\u00e1s tarde), volver\u00e1, desde Recaredo, a vincular a Espa\u00f1a con la Roma del papa cat\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en el \u00e1mbito de esta nueva identidad, la Hispania visig\u00f3tica mantendr\u00e1 su unidad, precisamente a trav\u00e9s de su identidad principalmente mediante la Iglesia hisp\u00e1nica con capital en Toledo. Los visigodos, desde Galia, llenar\u00e1n la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica a la manera como una corriente de agua va llenando una inmensa cuenca cerrada en la que desemboca, pero sin intenci\u00f3n de desbordarla (sino, a lo sumo, desalojando de su \u00e1mbito a otros \u00abcompa\u00f1eros de viaje\u00bb que tambi\u00e9n hab\u00edan entrado en esa cuenca: alanos, suevos, v\u00e1ndalos). Precisamente por esto, por esa circunscripci\u00f3n en la \u00abcuenca peninsular\u00bb, en la Hispania visig\u00f3tica no puede a\u00fan reconocerse la Espa\u00f1a posterior; porque la Espa\u00f1a posterior se reconocer\u00e1 como incapaz de permanecer circunscrita al per\u00edmetro de la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, solamente la unidad y la identidad de la Espa\u00f1a visig\u00f3tica podr\u00e1 constituir la materia imprescindible sobre la cual se conformar\u00e1 Espa\u00f1a cuando su unidad y su identidad reciban definici\u00f3n propia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El&nbsp;<em>n\u00facleo <\/em> originario de Espa\u00f1a se conforma en Asturias, con los reyes de Oviedo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El proceso mediante el cual la Espa\u00f1a visig\u00f3tica comenz\u00f3 a transformarse en una Espa\u00f1a embrionaria, pero ya realmente existente (y resultante precisamente de esa transformaci\u00f3n), no fue un proceso \u00abinterno\u00bb, es decir, una \u00abevoluci\u00f3n\u00bb de la propia Espa\u00f1a visig\u00f3tica (por ejemplo, resultado de una dial\u00e9ctica entre godos e hispanorromanos). Fue un proceso determinado, sin negar la importancia de tal dial\u00e9ctica, desde el exterior peninsular; a saber, por la invasi\u00f3n musulmana de comienzos del siglo VIII. Los invasores musulmanes destruyeron, en muy pocos meses, la unidad pol\u00edtica del reino visigodo. Y esa destrucci\u00f3n hubiera significado el final definitivo de la Espa\u00f1a visig\u00f3tica, que habr\u00eda sido transformada al recibir una identidad totalmente nueva e inesperada, que ya no tendr\u00eda nada que ver con Roma o con Constantinopla, sino con Damasco: la identidad isl\u00e1mica, impulsada por la expansi\u00f3n imperialista de los hijos de Mahoma.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sobre todo, habr\u00eda significado el t\u00e9rmino definitivo de la \u00abfutura Espa\u00f1a\u00bb (desde cuya plataforma hablamos ahora), si no hubiera sido porque en Asturias (y no en Navarra o en Catalu\u00f1a) lograron rerganizarse los restos visigodos (el duque de Cantabria, Pelayo, etc.) con las tribus m\u00e1s o menos romanizadas o visigotizadas de las monta\u00f1as y valles del Norte, constituyendo primero, despu\u00e9s de Covadonga (718), una suerte de \u00abJefatura\u00bb, y casi inmediatamente un reino, el reino de Alfonso I el Cat\u00f3lico. Un reino que dej\u00f3 inmediatamente de asumir la funci\u00f3n de mero \u00abpunto min\u00fasculo de resistencia\u00bb ante el invasor musulm\u00e1n, para constituirse como un proceso de \u00abcontraataque\u00bb continuado que a\u00f1os m\u00e1s tarde se llamar\u00e1 Reconquista (Alfonso I desbord\u00f3 en seguida la cordillera Cant\u00e1brica, inici\u00f3 las razias hacia Le\u00f3n y Palencia y extendi\u00f3 sus alas hacia Calicia y Bardulia).<\/p>\n\n\n\n<p>Ocurre como si la p\u00e9rdida de la unidad de Hispania hubiera determinado muy pronto su figura como un proyecto de unificaci\u00f3n que hab\u00eda que reconstruir, sin duda, pero sin necesidad de mantenerse limitado en la \u00abcuenca peninsular\u00bb, por la que se hab\u00eda extendido el reino visigodo que hab\u00eda sustituido el poder romano que manten\u00eda la unidad de Hispania. La unidad de Hispania, al haber sido destruida por el islam, s\u00f3lo pod\u00eda ser reconstruida desde otra identidad, aquella que fuera capaz de contrarrestar al Imperio isl\u00e1mico. Una identidad que, por cierto, tambi\u00e9n proced\u00eda de fuera de Hispania, es decir, no \u00abemanada\u00bb de su suelo. Y esta identidad s\u00f3lo pod\u00eda haberla encontrado en la cristiandad cat\u00f3lica, pero asumida como empresa propia de quienes acababan de perder la unidad de Hispania.<\/p>\n\n\n\n<p>En este proceso cobra un significado singular la fundaci\u00f3n de Oviedo por Alfonso II, un rey que formaba parte ya de una dinast\u00eda que hab\u00eda comenzado a extender sus territorios, y seg\u00fan un estilo arrasador (se han comparado algunas veces las talas e incendios que Alfonso I hizo en Le\u00f3n, para lograr un desierto estrat\u00e9gico que defendiera su reino de los invasores mulsulmanes, con procedimientos similares a los utilizados por Alejandro Magno). La fundaci\u00f3n de Oviedo como capital de un reino ya existente, pero con proyectos que desbordaban su fronteras iniciales puede considerarse como un caso t\u00edpico de fundaci\u00f3n de una \u00abciudad imperial\u00bb, situada en el centro estrat\u00e9gico de las grandes coordenadas de la \u00e9poca, la l\u00ednea de oeste a este y la l\u00ednea de norte a sur. Una ciudad imperial equivalente por tanto a Alejandr\u00eda, a Constantinopla, a Roma, y despu\u00e9s a Toledo, a trav\u00e9s de la cual segu\u00eda proyect\u00e1ndose la sombra de Constantinopla y de Roma.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en la \u00e9poca del rey Mauregato (783-789) se escribe el c\u00e9lebre&nbsp;<em>Himno a Santiago<\/em> (un Santiago cuyo sepulcro ser\u00eda \u00abinventado\u00bb desde Oviedo por. Alfonso II, juntamente con el Camino que conduc\u00eda a \u00e9l, y que tuvo en este rey a su primer peregrino). Un&nbsp;<em>Himno<\/em>, probablemente compuesto por Beato de Li\u00e9bana que ve a Santiago como&nbsp;<em>caput refulgens aureum Ispaniae<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea de la Re-conquista define con precisi\u00f3n el proceso mediante el cual&nbsp;<em>Espa\u00f1a comienza a existir como entidad pol\u00edtica, con identidad plena<\/em>, pero con unidad no fija sino en expansi\u00f3n constante e indefinida en virtud precisamente de su identidad cat\u00f3lica, universal. Una expansi\u00f3n que deber\u00eda recuperar, ante todo, la cuenca ib\u00e9rica ocupada en su mayor parte por los sarracenos, pero sin tener que detener e al llegar a sus l\u00edmites, porque su identidad le impulsar\u00e1 a desbordarlos, incluso cuando el islam, siglos despu\u00e9s haya sido arrojado del \u00faltimo reducto de la \u00abcuenca\u00bb, el Reino de Granada.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El impulso expansionista del origen, en el siglo VIII, se renueva en el siglo XVI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 preciso desbordar los l\u00edmites peninsulares, seguir acorralando a los mahometanos en \u00c1frica, y aun tratar de \u00abcogerlos por la espalda\u00bb en la ruta del Poniente hacia las Indias, que Col\u00f3n ven\u00eda proponiendo a los Reyes Cat\u00f3licos por aquellos a\u00f1os. No puede olvidarse, sin incurrir en anacronismo, que esta raz\u00f3n estrat\u00e9gica es la que movi\u00f3 a los Reyes Cat\u00f3licos para apoyar el proyecto de Col\u00f3n. De hecho, y tras el inesperado \u00abdescubrimiento de Am\u00e9rica\u00bb (que Col\u00f3n seguir\u00e1 confundiendo con las indias orientales, con la China o con el Jap\u00f3n), la vuelta al globo terr\u00e1queo pudo darse por primera vez, y Elcano pudo recibir de Carlos I una divisa, en la que figura la Tierra con la leyenda&nbsp;<em>Primus cirumdedisti me<\/em>. Fue desde Espa\u00f1a, por tanto, desde donde parti\u00f3 la primera globalizaci\u00f3n, y en su sentido m\u00e1s literal, si recordamos que \u00abglobo\u00bb es, seg\u00fan nos dice Cicer\u00f3n, la traducci\u00f3n latina del t\u00e9rmino griego&nbsp;<em>sphairos<\/em> (esfera).<\/p>\n\n\n\n<p>Espa\u00f1a comienza a existir formalmente (es decir, con una identidad y una unidad en expansi\u00f3n indefinida, con la que se reconocer\u00e1 durante los siglos posteriores) a partir del momento en el que los reyes de Oviedo asuman en serio el nuevo ortograma estrat\u00e9gico cuya expresi\u00f3n simb\u00f3lica m\u00e1s ce\u00f1ida es la del Imperio universal. Una expresi\u00f3n simb\u00f3lica -porque simb\u00f3lico era el imperio mismo, como simb\u00f3lica era la unidad futura que la Reconquista habr\u00eda de comenzar- pero presente a lo largo de los siglos corrientes: desde&nbsp;<em>Aldephonsus<\/em> [III]&nbsp;<em>Hispaniae Imperator<\/em>, hasta Alfonso VI,&nbsp;<em>Imperator totius Hispaniae<\/em>; desde Alfonso VII el Emperador y Alfonso VIII hasta Alfonso X el Sabio, empe\u00f1ado, durante toda su vida, en \u00abel fecho del Imperio\u00bb. Una unidad, como hemos dicho, que, desde el principio, no se circunscrib\u00eda a la Pen\u00ednsula (no podr\u00eda definirse la Reconquista como una empresa de restauraci\u00f3n del reino g\u00f3tico perdido), sino que implicaba ya, en su mismo ortograma, su desbordamiento. En el <em>Cantar del Cid<\/em> se mira ya en serio a \u00c1frica.<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que el proceso de \u00abrecomposici\u00f3n cat\u00f3lica\u00bb (expansionista, imperialista) va creciendo y consolid\u00e1ndose gracias a la convergencia de los diferentes reinos peninsulares (en principio organizados como meros \u00abbaluartes de resistencia\u00bb), en un objetivo com\u00fan, el proceso, en fase a\u00fan muy primeriza de ejecuci\u00f3n, comienza a ser percibido por los vecinos y, ante todo, desde la Galia, por los provenzales. De aqu\u00ed saldr\u00e1, como ya hemos dicho, la denominaci\u00f3n que esas gentes comenzar\u00e1n a dar a quienes ven\u00edan ejercit\u00e1ndose en la Pen\u00ednsula en tan singular prop\u00f3sito: \u00ablos espa\u00f1oles\u00bb (y los primeros que fueron vistos como espa\u00f1oles fueron obviamente los m\u00e1s pr\u00f3ximos a ellos, los catalanes). Los espa\u00f1oles, como tales, ya exist\u00edan formalmente como conjunto de pueblos y de reinos que conflu\u00edan en un prop\u00f3sito com\u00fan inmediato: recuperar las tierras que los musulmanes hab\u00edan ocupado a los reyes visigodos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a? Sin duda, al menos desde la perspectiva que hemos asumido, Espa\u00f1a existe ya formalmente desde los Alfonsos de Oviedo. Ciudad en consecuencia, que exige su reconocimiento como \u00abciudad hist\u00f3rica m\u00e1s antigua de Espa\u00f1a\u00bb y capital no propiamente de un territorio que pudiera ponerse en correspondencia con el de la actual Aturias (cuyos l\u00edmites no estaban ni siquiera dibujados) sino con un territorio de l\u00edmites indefinidos que se iban extendiendo constantemente con el transcurso de la d\u00e9cadas. Y esta existencia se consolida en los reyes de Le\u00f3n y de Castilla. La existencia de esta Espa\u00f1a no tiene por supuesto, la estructura o consistencia de una aci\u00f3n pol\u00edtica. Hasta muchos siglos despu\u00e9s no hubo aciones pol\u00edticas; las naciones que exist\u00edan en estos siglos no eran Naciones pol\u00edticas, sino naciones \u00e9tnicas, castas, estirpes integradas en general en sus correspondientes reinos o imperios.<\/p>\n\n\n\n<p>La Espa\u00f1a que va form\u00e1ndose en los siglos medievales no tiene la unidad de una Naci\u00f3n pol\u00edtica, ni tampoco la de un reino; tiene la unidad de un Imperio.<\/p>\n\n\n\n<p>Espa\u00f1a exist\u00eda, pues, desde el siglo VIII, pero no como Naci\u00f3n pol\u00edtica, ni tampoco como un reino. Era m\u00e1s bien una \u00abcomunidad de reinos\u00bb que durante siglos, actuaron guiados por un ortograma objetivo, preciso y convergente (que dar\u00eda lugar a incesantes conflictos): detener la invasi\u00f3n musulmana pero, sobre todo atacarla a la contra recuperando los territorios perdidos. Perdidos por cierto, no por los nuevos reinos (que nada podr\u00edan haber perdido porque a\u00fan no exist\u00edan), sino perdidos en un horizonte que se dibujaba por detr\u00e1s de ellos. Y se dibujaba con m\u00e1s nitidez ante unos reinos que ante otros. Ante Alfonso X, por ejemplo, mejor que ante Jaime I, cuando le \u00abcede\u00bb Murcia (lo que hubiera sido impensable en sentido rec\u00edproco); o cuando la Generalitat de Barcelona, a mediados del siglo XV, ofrece la corona catalana a Enrique IV de Castilla a fin de librarse de la tiran\u00eda de Juan II de Arag\u00f3n. Es decir, los que \u00abceden\u00bb lo hacen ante los reyes que utilizaban el t\u00edtulo de \u00abEmperador\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Como s\u00edmbolo insuperable de lo que estamos diciendo, quisi\u00e9ramos tomar una batalla que fue decisiva para la Reconquista, la batalla de las Navas de Tolosa. All\u00ed est\u00e1n, formando tri\u00e1ngulo o trinidad, los reyes hispanos cristianos: Alfonso VIII el Emperador, rey de Castilla, en el v\u00e9rtice del tri\u00e1ngulo; y los reyes de Arag\u00f3n y de Navarra en los flancos. Las tropas europeas que hab\u00edan acudido a la batalla se retiraron antes; el rey provisional de Le\u00f3n, Alfonso IX, en Babia. El \u00abtri\u00e1ngulo cristiano\u00bb avanza en las Navas de Tolosa hacia la \u00abmedia luna\u00bb formada por el ej\u00e9rcito musulm\u00e1n, y la desbarata.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPuede decirse que en 1212 existe ya Espa\u00f1a? Insistimos: no como Naci\u00f3n pol\u00edtica, no como reino, pero s\u00ed como una \u00abcomunidad de reinos\u00bb hisp\u00e1nicos cristianos, entretejidos en la c\u00fapula y muchas veces, \u00abpor encima de la voluntad\u00bb de algunos, por relaciones de parentesco, y con un v\u00ednculo pol\u00edtico muy d\u00e9bil, si se quiere, pero no por ello de menor poder simb\u00f3lico: el v\u00ednculo creado en torno al t\u00edtulo de Emperador. Y con un idioma que va haci\u00e9ndose en cada momento que pasa, un idioma entendido por todos, el idioma ligado a la dinast\u00eda de los Alfonsos emperadores, y que llegar\u00e1 a ser el espa\u00f1ol. Ya en la corte de Fernando III el Santo, el hijo de Alfonso VIII, se compone&nbsp;<em>El libro de los doce sabios<\/em> (y tanto da que los fil\u00f3logos digan que est\u00e1 escrito en alfons\u00ed, o que est\u00e1 escrito en castellano: es un libro que lo puede entender sin traducir cualquier espa\u00f1ol de nuestros d\u00edas que lo lea).<\/p>\n\n\n\n<p>Estos reinos ir\u00e1n integr\u00e1ndose, cada vez con m\u00e1s fuerza, primero en los \u00abReinos Unidos\u00bb de los Reyes Cat\u00f3licos; en seguida en la Monarqu\u00eda hisp\u00e1nica de Carlos I, de Felipe II&#8230;, es decir, cuando la unidad de Espa\u00f1a se consuma desde la identidad de una Monarqu\u00eda cat\u00f3lica, universal; cuando el espa\u00f1ol se convierte en la lengua del Imperio, en expresi\u00f3n de Nebrija.<\/p>\n\n\n\n<p>La convergencia, a escala peninsular, de los reinos medievales que se manten\u00eda por el \u00abatractor\u00bb de la&nbsp;<em>Reconquista<\/em> (al margen incluso, como hemos dicho, de la \u00abvoluntad\u00bb de alguno de estos reinos: nuestra perspectiva es materialista) se consuma cuando \u00e9sta termina, pero se reproducir\u00e1, a escala mundial, por el \u00abatractor\u00bb de la&nbsp;<em>Conquista<\/em> o&nbsp;<em>Entrada<\/em> en Am\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n podr\u00eda atreverse a decir con fundamento, salvo un canalla disfrazado de historiador, que Espa\u00f1a no existe plenamente -en la superposici\u00f3n de su unidad en expansi\u00f3n y de su identidad de monarqu\u00eda cat\u00f3lica universal- ya a comienzos del siglo XVI? Su unidad no es la de una Naci\u00f3n pol\u00edtica, pero s\u00ed la de una naci\u00f3n hist\u00f3rica, resultante de la fusi\u00f3n o confusi\u00f3n, m\u00e1s o menos intensa, de las diferentes naciones \u00e9tnicas, estirpes, gentes, o castas que se agrupaban en los reinos. Esta naci\u00f3n hist\u00f3rica ir\u00e1 progresivamente consolidando una lengua com\u00fan cuyo canon gramatical estableci\u00f3 Nebrija, precisamente el mismo a\u00f1o del Descubrimiento. Esta naci\u00f3n hist\u00f3rica no tiene, es cierto, un correlato jur\u00eddico pol\u00edtico; pero Espa\u00f1a es entonces tan real o m\u00e1s como pudiera serlo m\u00e1s tarde, en el nuevo r\u00e9gimen de 1812, la Naci\u00f3n pol\u00edtica espa\u00f1ola. Ricote, a quien ya hemos citado, uno de aquellos moriscos que tuvo que marcharse de su lugar, \u00abpor obedecer el bando de Su Majestad, que con tanto rigor a los desdichados de mi naci\u00f3n amenazaba\u00bb, le dice a Sancho: \u00abDoquiera que estamos lloramos por Espa\u00f1a, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural\u00bb (II, 54).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00abMemoria hist\u00f3rica\u00bb y olvido hist\u00f3rico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y esto es lo que quieren olvidar tenazmente los pol\u00edticos secesionistas y los historiadores a su servicio (incluso los que se creen, lo que todav\u00eda es peor, en \u00abla vanguardia de la ciencia\u00bb), cuando pretenden negar la existencia de Espa\u00f1a en la Edad Media, y aun en la Edad Moderna, fij\u00e1ndose \u00fanicamente y anacr\u00f3nicamente, en los componentes jur\u00eddicos pol\u00edticos y aun burocr\u00e1ticos que debiera tener como Naci\u00f3n pol\u00edtica o como Estado. Olvidando que aunque Felipe II o Felipe III&#8230; siguieran llam\u00e1ndose reyes de Le\u00f3n, o de Castilla, o de Arag\u00f3n&#8230;, Espa\u00f1a, como naci\u00f3n hist\u00f3rica (equivalente en extensi\u00f3n, aunque no en definici\u00f3n jur\u00eddica, a una Naci\u00f3n pol\u00edtica) ya exist\u00eda. Y no entendiendo que, si en 1624 el conde duque de Olivares, en su llamado&nbsp;<em>Gran Memorial<\/em>, se atreve a exhortar a Felipe IV a hacerse \u00abRey de Espa\u00f1a\u00bb es porque Espa\u00f1a ya exist\u00eda como Naci\u00f3n hist\u00f3rica. El mismo Conde Duque quiere transformar esa naci\u00f3n espa\u00f1ola -de la que ya hablan los de fuera y los de dentro- en una \u00abnaci\u00f3n comercial, en una naci\u00f3n industrial\u00bb (aunque ser\u00eda un anacronismo suponer que tambi\u00e9n deseaba transformarla en una Naci\u00f3n pol\u00edtica).<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00e1s duro golpe que sufri\u00f3 la unidad de Espa\u00f1a desde la identidad hisp\u00e1nica fue sin duda el golpe que le asest\u00f3 Napole\u00f3n. La invasi\u00f3n francesa abri\u00f3 el camino, desde luego, a la reconfirmaci\u00f3n de Espa\u00f1a como Naci\u00f3n pol\u00edtica; pero muy pronto fue despedazada como Imperio, y este despedazamiento culmin\u00f3 en 1898 con la secesi\u00f3n de Cuba y Filipinas.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de esta fecha comenzar\u00e1n a tomar forma pol\u00edtica, en serio, los movimientos secesionistas en la Pen\u00ednsula. A partir de 1931 se presentar\u00e1n en p\u00fablico, en el Parlamento espa\u00f1ol, los nuevos pueblos que aspiran a ser Naciones pol\u00edticas, Estados. D\u00e9cadas despu\u00e9s recibir\u00e1n la denominaci\u00f3n de \u00abnacionalidades aut\u00f3nomas\u00bb. En la Espa\u00f1a de Maragall-Rovira, o de Ibarreche-Otegui-Madrazo, en la Espa\u00f1a en la que muchos espa\u00f1oles comienzan a aborrecer hablar en espa\u00f1ol, e incluso comienzan a aborrecer ser espa\u00f1oles, la unidad y la identidad hisp\u00e1nica comienzan tambi\u00e9n a peligrar de nuevo, en beneficio de una identidad europea en la que muchos esperan tambi\u00e9n encontrar la posibilidad de que la unidad de Espa\u00f1a quede definitivamente disuelta.<\/p>\n\n\n\n<p>La voluntad de secesi\u00f3n de las \u00abnaciones \u00e9tnicas\u00bb espa\u00f1olas no hace sino continuar el proceso de descomposici\u00f3n de la Naci\u00f3n espa\u00f1ola constituida en 1812: las ratas abandonan el barco cuando creen percibir que comienza a zozobrar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dado el indudable inter\u00e9s de este libro del profesor&nbsp;Gustavo Bueno&nbsp;(Espa\u00f1a no es un mito. Madrid: Temas de Hoy, 2005) que se encuentra actualmente descatalogado, proseguimos la edici\u00f3n digital de esta obra, con la tercera pregunta: \u00bfDESDE CU\u00c1NDO EXISTE ESPA\u00d1A? Presupuestos impl\u00edcitos en la pregunta \u00ab\u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?\u00bb Dos presupuestos: la realidad de Espa\u00f1a y &hellip; <a href=\"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/espana-no-es-un-mito-pregunta-3-desde-cuando-existe-espana\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;Espa\u00f1a no es un mito \u2013 Pregunta 3:  \u00bfDesde cu\u00e1ndo existe Espa\u00f1a?&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[164,163],"tags":[],"class_list":["post-1233","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-gustavo-bueno","category-philosophy"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1233","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1233"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1233\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1311,"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1233\/revisions\/1311"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1233"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1233"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/publiconsulting.com\/spanishclassicbooks\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1233"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}